Una fruta siniestra

Mauricio Sáenz reseña el libro "Bananas. De cómo la United Fruit Company moldeó el mundo".

2010/06/22

Por Mauricio Sáenz

United Fruit Company. El solo nombre de esa empresa evoca la faz más siniestra del imperialismo. El libro Bananas. De cómo la United Fruit Company moldeó al mundo, del periodista británico Peter Chapman, aunque no revela nada nuevo, es un excelente recordatorio de las andanzas de esa empresa, convenientemente olvidadas hoy, cuando las multinacionales, concepto del cual la UFC fue pionera, vuelven a ejercer sus malas artes en el ambiente permisivo de la “apertura” y la “globalización”.

A lo largo de su historia, que comienza formalmente en 1899, la United Fruit Company alcanzó éxitos increíbles. Como dice Chapman, creó la idea del banano como un alimento esencial, pues “de no haber sido por la United Fruit, el banano jamás habría emergido de la oscuridad”. Por eso puede decirse que ella efectivamente inventó ese mercado y luego lo inundó hasta dominarlo en un 90 por ciento durante siete décadas, con utilidades astronómicas. Pero también la UFC creó el concepto de “república bananera”, y demostró hasta qué punto los intereses de una compañía privada podían influir en la política de Estados Unidos.

Uno de sus fundadores, Minor Keith, descubrió las posibilidades del comercio de banano cuando construía ferrocarriles en Centroamérica. Ello lo llevó a hacer su trabajo a cambio de grandes extensiones concedidas por gobiernos susceptibles al soborno. Y cuando se consolidó la compañía, aportó enormes extensiones que crecieron con los años, a medida que se ampliaba a Guatemala, Honduras, Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Cuba, Jamaica y República Dominicana.

La UFC dejaba a su paso evidencias de sus desastres. Tumbaba grandes extensiones de selva pero solo cultivaba parte. Ante las plagas, como la sigatoka negra, fumigaba masivamente, y cuando la tierra quedaba inservible, sencillamente se iba para otro lado. Su éxito dependía de sus bajos costos, lo que redundaba en esclavitud para los obreros, que trabajan 10 horas diarias, siete días a la semana, y recibían vales para comprar en los comisariatos de la Compañía. Las protestas no eran problema, como atestigua, entre otros casos, la masacre de 1928 en la Zona Bananera de Santa Marta. Pero en Estados Unidos los funcionarios de la empresa, liderados por el “padre de las relaciones públicas”, Edward Bernays, mantenían a la opinión y al gobierno convencidos de que sus actividades eran una bendición para los trabajadores .

Su poder llegó al clímax en 1954, cuando con sus estratégicas conexiones la empresa consiguió que Dwight Eisenhower patrocinara el levantamiento contra el presidente guatemalteco Jacobo Árbenz, quien se había atrevido a anunciar una reforma agraria para repartir, entre otras, las tierras no usadas de la UFC.

Pero cuando quiso repetir su éxito en Cuba, al patrocinar la fallida intentona anticastrista de playa Girón, comenzó su declive. Los gobiernos sucesivos de Washington empezaron a cuestionar sus prácticas, lo cual llevó al final supuesto de la historia, cuando Eli Black, su último presidente, se suicidó en 1974, agobiado por problemas financieros y por una investigación de soborno en Honduras. Sin embargo, el daño a la imagen de Estados Unidos estaba hecho, y su estela de desconfianza aún se siente en las capitales latinoamericanas.

Chapman llega al final a una conclusión inquietante. El mundo actual de desregulación y flexibilización se parece mucho al que acogió los primeros años de la United Fruit Company. Tal vez ya no es tan fácil cambiar gobiernos, pero las multinacionales siguen ejerciendo influencias no tan santas en los países que les interesan. Y la historia de la frutera, que hoy sobrevive con un perfil más bajo con el nombre Chiquita Brands, sigue siendo su libro de texto.

 

Bananas. De cómo la United Fruit Company moldeó el mundo.

Peter Chapman

Editorial Taurus, 2010

232 páginas $37.000

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