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Una historia común y corriente

Catalina Holguín Jaramillo reseña la novela del historiador y abogado inglés C.J. Sansom, Invierno en Madrid

2010/03/15

Por Catalina Holguín Jaramillo

El abogado e historiador de Birmingham, Inglaterra, C.J. Sansom inició su carrera como escritor hace tan solo cinco años. Sansom —quien confesó en una entrevista su deseo de haber sido el autor de Jurassic Park— ha escrito un igual número de novelas, las primeras cuatro, protagonizadas por un abogado jorobado del siglo XVI y la última, ambientada en la España franquista. Invierno en Madrid se enfoca específicamente en la labor secreta realizada por la embajada inglesa en España durante los últimos meses de 1940 y los primeros de 1941 para evitar que Franco se una a Hitler y entre a la Segunda Guerra.

La contraportada de la novela promete un thriller histórico en el que Harry Brett, un joven poco experimentado y no muy sagaz, se ve obligado a espiar a Sandy Forsyth, su antiguo compañero de escuela, cuyos tratos secretos con Franco amenazan con desestabilizar la balanza de poder en Europa. “Harry —nos dicen— se verá envuelto en un juego muy peligroso”. Suena bien. Pero si tanta emoción fuera poca, también se encuentra en España Bernie Piper, otro antiguo compañero de escuela, quien decide luchar con los republicanos durante la Guerra Civil y termina preso en un campo de concentración al norte de España para luego ser rescatado por su valerosa novia, Barbara Clare, una joven enfermera de la Cruz Roja. Suena mejor, ¿o no?

Pues… sí y no.

La novela no solo es lenta sino también larga. Las primeras 250 páginas de la novela se prestan, afortunadamente, para muchas horas de siesta, pues en la extensión de novelas de espías fantásticas como El americano impasible de Graham Greene, Sansom a duras penas logra que Brett inicie sus labores de espionaje.

Las siguientes 300 páginas, lo confieso, avanzan más ágilmente porque ya los ojos se escurren en volandas por entre los diálogos acartonados que revelan tan poco de los personajes que el narrador se ve obligado a hacer numerosas acotaciones bastante impertinentes para aclararnos qué piensan exactamente los personajes. Cierto es también que la acción avanza con más presteza: los personajes que inicialmente se nos presentaron como malos (Sandy, Franco, los curas) resultan ser peores; el tímido Brett seduce a una buena chica socialista española y avanza en sus labores de espionaje; Barbara logra fraguar el plan de escape de Bernie; Inglaterra logra evitar que Franco entre a la guerra.

Invierno en Madrid puede llegar a ser entretenida para los amantes de la historia de la Segunda Guerra Mundial pues presenta un retrato, si no veraz al menos colorido, de Madrid durante sus años más siniestros. Además, pone bajo la lupa las transacciones diplomáticas entre Inglaterra y España, al tiempo que cuestiona el papel jugado por los británicos al finalizar la guerra y dejar a Franco en su sitio por cerca de treinta años. Pero la novela es lo que es, ni más ni menos. El autor no se viene con pretensiones de reformar el género de la novela histórica ni de sentarse en el panteón de los laureados, sino de contar una historia común y corriente y de vender, como lo ha hecho anteriormente, muchos libros.

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