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Una historia: dos relatos

Fernando Quiroz reseña Una historia: dos relatos de Imre Kertész y Péter Esterházy Círculo de Lectores, 2005 77 páginas

2010/03/15

Por Fernando Quiroz

Un juego inteligente sobre el miedo. Así podría definirse este pequeño libro que reúne dos relatos en los que se mezcla la realidad y la ficción, y que involucra las firmas de dos grandes escritores húngaros: el premio Nobel 2002 Imre Kertész y Péter Esterházy.

¿Por qué un juego? Porque el relato de Esterházy, titulado “Vida y literatura”, parte de una situación real –un viaje del autor a Viena– en la que empieza a descubrir grandes similitudes con un relato de ficción de Kertész. Decide, entonces, mezclar las vivencias propias con memorias e incluso con fragmentos de la narración del Nobel, para lograr un texto sobrecogedor que demuestra cómo la historia se repite caprichosamente.

¿Por qué el miedo? Porque el relato de Kertész –y, por tanto, también el de su compatriota– recrea los abusos de autoridad y la intimidación que durante tantos años, durante tantas dictaduras, fueron una constante en los países de Europa del Este. Y, en este caso, concretamente en Hungría.?Cuando le otorgó el premio Nobel, la Academia Sueca destacó la belleza de la obra de Kertész y señaló que en ella “expone la experiencia frágil del individuo contra la arbitrariedad bárbara de la historia”. El relato publicado en este tomo, “Expediente”, y que da pie para el juego posterior de Esterházy, así lo confirma.

No está acá la brutalidad de Auschwitz –a donde fue deportado en su juventud–, no retrata los asesinatos ni las masacres que debió vivir tan de cerca y que marcaron su vida y su obra, no está el drama de las familias separadas a la fuerza y para siempre. Pero están el miedo, el abuso del poder (en este caso encarnado en un agente de aduanas), las esperanzas truncadas de cruzar la frontera, la desilusión como una marca de vida, como una certeza que aplasta, como un sino trágico.

En “Vida y literatura”, por cierto dedicado a Imre Kertész, después de esa suma de lo vivido más lo leído, Esterházy define el miedo en un párrafo brutal: “Fue el momento en que descubrí, de forma irrevocable, el miedo dentro de mí. Que, a pesar de todo, había miedo en mí. Así como hay pulmones, hígado, masa encefálica. No se puede tener miedo según la ocasión, se tiene miedo eternamente. Así será”.

Un tren que avanza hacia Viena sirve de escenario para las dos historias. Un tren –dos trenes– que jamás llegarán al verdadero destino que pretenden los personajes. Y durante el viaje, en medio de escenas adornadas con armas y pasaportes, Kertész y Esterházy permiten que su genio se ocupe de la introspección, de la crítica a un mundo y a una época, e, incluso, a pesar de lo dramático de las narraciones, son capaces de dotar de belleza a sus textos.

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