Portada del libro Caravaggio de Taschen

Una revolución entre sombras

Felipe Restrepo Pombo comenta el libro de gran formato que la editorial Taschen ha dedicado a Caravaggio.

2010/03/16

Por Felipe Restrepo Pombo

No es fácil encontrar en la historia del arte un personaje tan subversivo como Caravaggio. En primer lugar porque este romano –nacido en 1571– pasó la mayor parte de su corta vida como un mendigo, entre peleas y escándalos sexuales. De hecho, se conocen pocos datos biográficos certeros: se dice que mató a un hombre; que fue expulsado de casi todas de las ciudades en las que vivió; que se acostaba con los jovencitos que posaban para él; y que fue asesinado a los 39 años por sus enemigos de la Iglesia católica. Su cadáver nunca apareció, pero sus últimos trabajos conocidos son de 1610.

Estas, desde luego, son solo anécdotas. Lo realmente subversivo de Caravaggio fue su obra: una serie de cuadros –dramáticos y conmovedores– que se adelantaron a su tiempo. En su juventud fue contratado por la Iglesia para hacer algunos trabajos –en 1599, por ejemplo, pintó dos frescos en la Capilla Contarelli, en Roma: El martirio de San Mateo y La vocación de San Mateo– y llegó a ser uno de los pintores más prestigiosos de principios del siglo xvii en su país. Pero su obra era mal recibida y, a medida que se hizo más escandalosa, sus detractores empezaron a marginarlo. Después de su misteriosa desaparición, en efecto, se encargaron de que su nombre se perdiera en el olvido.

A principios del siglo xx, algunos críticos –en particular Roberto Longhi– rescataron las pocas obras que se conocían y se dieron cuenta de que Caravaggio había cambiado el rumbo de la pintura: que no solo fue uno de los fundadores del barroco, sino que su particular modo de tratar la luz –el famosísimo claroscuro, que él no inventó pero sí llevó a su máxima expresión– y de tratar temas profanos, fundaron la pintura moderna. Cuando Caravaggio empezó a pintar, por encargo de la Iglesia, el arte era, en su mayoría, propaganda: un instrumento para propagar la fe. Caravaggio fue uno de los primeros en revelarse contra esta impostura: ya en algunas obras de su juventud –como Muchacho cogiendo fruta o Los jugadores de cartas– rompió con los lineamientos del arte religioso. Empezó a tratar temas seculares y a utilizar modelos de la calle para representar santos y escenas religiosas. Caravaggio quiso hacer una pintura profunda, que se sumergiera en la psicología de sus personajes y no en una falsa perfección: por eso puso lo religioso al mismo nivel de lo humano. Esa sensibilidad, tan excéntrica, le trajo problemas. Como ocurrió con su famosa obra La muerte de la Virgen, por la que fue acusado de utilizar como modelo a una prostituta muerta.

Taschen acaba de publicar un libro monumental –en formato y en ambición– que no deja dudas sobre la genialidad de Caravaggio. Para conmemorar los cuatrocientos años de su desaparición, la editorial alemana preparó este catálogo que reúne, por primera vez, todas las obras del pintor italiano. La titánica tarea estuvo a cargo del investigador Sebastian Schütze, quien, como un detective, rastreó la historia detrás de cada uno de los cuadros y llegó a encontrar obras desconocidas. El resultado, por supuesto, es uno de esos libros –tan comunes en la casa Taschen– que dejan sin aliento: un minucioso recorrido por el universo de este artista revolucionario.

Caravaggio encontró la belleza del mundo entre las luces y las sombras de la realidad: en el cuerpo de un adolescente o en las manos arrugadas de un mendigo. La sensualidad de su obra parece intacta hoy, cuatro siglos después. Y este libro de Taschen es un testimonio, invaluable, de su mirada profana y salvaje.

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