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Una vida libertaria

Mauricio Sáenz reseña El cristianismo hedonista de Michel Onfray

2010/03/15

Por Mauricio Sáenz

Michel Onfray no pierde el tiempo. Desde el primer párrafo de la introducción de El cristianismo hedonista, sostiene que la invención de Jesús y la construcción violenta y autoritaria del cristianismo como religión del imperio tras el golpe de Estado de Constantino son algunas de las causas de la pérdida de gran parte del inmenso acervo de la filosofía del mundo antiguo. Sobre todo en cuanto esta planteaba una actitud ante la vida diametralmente opuesta a la triunfante neurosis de Paulo de Tarso, a la que define como “el odio a las mujeres, al cuerpo, a la carne, a los deseos, a los placeres, a las pasiones, a la ciencia, a la inteligencia, a la filosofía”.

Con ese tono directo, Onfray plantea cómo el cristianismo silenció desde el poder las corrientes gnósticas de pensamiento que, contemporáneas con el nacimiento de la Iglesia, formulaban sus propias alternativas existenciales frente al derrumbe de la civilización antigua. Y cómo esa ideas, transformadas de todas las maneras posibles, y superando toda clase de dramas, sobrevivieron la Edad Media para llegar al cristianismo epicúreo de Lorenzo Valla y, por fin, a la obra de Michel de Montaigne.

A lo largo de este libro de extraordinaria erudición, una prosa directa y fluida obliga literalmente al lector a seguir adelante. Son más las palabras de un comunicador especialista en provocar que las de un filósofo. Pero es que Onfray no es un pensador más. Se trata de un auténtico rebelde intelectual. En un mundo que presencia el florecimiento de los fundamentalismos religiosos más agresivos, defiende el ateísmo y se define como hedonista, libertario y anarquista. Onfray además rechaza la tendencia de sus colegas tradicionales, de envolver sus escritos en un estilo impenetrable, diseñado para excluir a los no especializados, y propone en cambio un estilo penetrante y agudo, capaz de cautivar al lector.

Hijo de un agricultor y una empleada del servicio, Onfray nunca ha olvidado su origen humilde. A sus 48 años ha publicado treinta y dos libros que lo han convertido en el filósofo más popular –y leído– de Francia y varios países más. Y su vida está llena de incidencias, como el infarto cardíaco que sufrió a los 28 años y lo motivó a escribir su primer libro, El estómago de los filósofos, en el que se pregunta hasta dónde la salud y los gustos gastronómicos de los grandes pensadores motivaron su pensamiento. O como su renuncia a la cátedra oficial universitaria tras el advenimiento político de Jean Marie Le Pen, cuando decidió fundar la Universidad Popular de Caen, su ciudad, donde brinda enseñanza gratis a los marginados del sistema público de educación, un experimento que ya se ha replicado en varias ciudades dentro y fuera de Francia. Precisamente de la preparación de sus clases en la UP surgió el proyecto Contrahistoria de la filosofía, del cual este es el segundo tomo.

Onfray concibe un hedonismo ético, utilitario y feliz sobre la base de utilizar las posibilidades del cerebro y el cuerpo y restaurar la filosofía como una herramienta útil en el arte, la política y la vida diaria. Todo lo cual presupone, en su punto de vista, un ateísmo militante que le ha causado ya amenazas de muerte, sobre todo tras la publicación de su libro más conocido fuera de Francia, su Tratado de ateología.

Pero él sigue imperturbable, es un hombre muy público que debate sus ideas frecuentemente en la televisión francesa y que vive en consecuencia con sus ideas y consciente del riesgo implícito en las mismas. Uno puede o no estar de acuerdo con Onfray, pero no puede negar que se trata de uno de los pensadores más inquietantes del momento, lo cual queda confirmado por encima de toda duda en este libro apasionante.

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