Camilo Hoyos.

Vernon Subutex o la crisis moral

...“no nos recogen y nos meten en campos, y no es porque les costaría muy caro, no… es porque nosotros somos los revulsivos. La gente tiene que vernos para que no olviden obedecer”

2016/07/28

Por Camilo Hoyos

Vernon Subutex, antiguo dueño de la tienda de vinilos Revólver que reunió a toda una generación de rockeros franceses y de jóvenes rebeldes que luchaban a través de la música, el sexo y las drogas contra cualquier tipo de autoridad, se ve súbitamente desahuciado de su casa por impago: es el hombre de clase media francesa que a los 50 años se ve echado a la calle sin tener un euro para poder remediarlo, ni tampoco una asistencia social para ayudarlo, pero con el espíritu adolescente del rock para soportarlo estoicamente.

Ante la muerte de la estrella de la chanson française Alex Bleach, quien durante los últimos años se había encargado de pagarle el arriendo, Vernon se ve en la calle. Entre las pocas pertenencias que logra sacar de su casa se encuentran unas grabaciones que Bleach le dejó antes de suicidarse en la bañera de un hotel. La novela cuenta cómo Vernon comienza un peregrinaje por sofás y camas de amigas de juventud hasta terminar definitivamente en la calle. Pero al contrario de lo que podría imaginar un temperamento anclado en los ochenta como el de Vernon, los amigos a los que visita, viejos amigos de conciertos, fiestas de drogas y sexo, y absoluta libertad rebelde, ahora lejos están de lo que una vez juraron ser. Pequeños retratos urbanos que configuran una actual sociedad en crisis: Xavier, el libretista de cine que no ha logrado triunfar y que además tiene que soportar a sus antiguos compañeros de trabajo dirigir sus primeras y segundas películas, imagina desfogando su rabia con una bazooka entre los pasillos de un Monoprix, comenzando por los árabes. Si no fuera por los terribles incidentes que han ocurrido en Francia en los últimos dos años, incluido el reciente y cruel de Niza hace apenas unos días, todo esto parecería simplemente literatura. Porque lo que la novela también pone en observación es la ya rota convivencia entre las culturas occidentales y árabes, y para esto retrata a una joven recién convertida al islam, quien descubre que su madre fue una actriz porno y además pareja de Alex Bleach. No culpa a su madre: culpa al sistema que la obligó a prestarse a eso. Y del lado francés está también el retrato de los jóvenes nacionalistas que pretenden instaurar a Francia como “un país, una lengua, un futuro”, dejando claro a partir de la violencia los alcances de su discurso. Son los que le dicen a Vernon, ya cuando está en la calle, que si él fuera rumano o árabe sí tendría cupo en un albergue. Porque, en la novela, tanto las ilusiones perdidas como las que nacen de forma xenófoba en la actualidad se encuentran ahora con otra población, que es la de los inmigrantes. Todo en clave de música, en clave punk.

En medio de este retrato social, se encumbra un personaje que es definitivo no solamente en la ciudad sino también como rechazo al sistema: la condición de sin techo, o de clochard, o de SDF (Sans domicile fixe). Despentes, siempre atenta a las culturas underground y a los marginales de la sociedad, hace que la calle, con todas sus precariedades y eventualidades, reciba bien a Vernon: parece abrirle los brazos. Cuando conoce a Olga, otra sin techo que vive en las calles, parece comprender la dignidad de su situación. A pesar de que toda la ciudad se arregla para que ellos no tengan bancos donde dormir, o escaparates donde acomodarse, “no nos recogen y nos meten en campos, y no es porque les costaría muy caro, no… es porque nosotros somos los revulsivos. La gente tiene que vernos para que no olviden obedecer”. Siempre está la posibilidad de no formar parte del sistema, y vivir sin trabajar, a merced de los demás. A pesar de que se trate de una primera entrega, ya parece ser uno de los rasgos definitivos de la sociedad que retrata Despentes: la esperanza última es la calle que ofrece la condición de excluido. Vernon es el eclipse de la sociedad de consumo, el auge de la rabia como liberadora de frustraciones raciales y personales, el punk como último mecanismo para contarlo. Se trata de una novela anclada en el presente, que sin lugar a dudas ayudará a comprender (como lo debe hacer a veces la literatura) los devenires de las sociedades en crisis.

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