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Viajes con Heródoto

Javier Ordóñez reseña Viajes con Heródoto de Ryszard Kapuscinski Anagrama, 2006 312 páginas

2010/03/15

Por Javier Ordóñez

Unos años después del final de la Segunda Guerra Mundial, Ryszard Kapuscinski trabaja en un diario en Polonia, y arde en deseos de “cruzar la frontera”. Entonces lo envían a la India, y en el atado de libros con el que viaja se lleva Historia, de Heródoto. Llega a Nueva Delhi dispuesto –como se dice– a devorarse el mundo y, como su inglés es aún rudimentario, se estrella primero con la barrera del idioma y más tarde, y para su sorpresa, con la evidencia de que no sabe ninguna de las lenguas ni de los dioses que allí se adoran. Kapuscinski nos cuenta minuciosamente su desconcierto y el lento adiestramiento que impone a sus sentidos, que se esfuerzan por captar ese mundo que, en la imposibilidad de nombrarlo, se le escapa. En sus ratos libres lee libros sobre la India y las descripciones y luchas de los pueblos que refiere Heródoto y que en ocasiones se le presentan más reales.

Regresa a Varsovia, a la vez desconsolado y extasiado por la amplitud del mundo que desconoce. A partir de este momento nunca se detiene: China, Congo, Etiopía, Turquía, Argel; y siempre tiene a la mano los relatos de Heródoto (sus imperios en constante expansión, sus reyes depuestos), de cuya lectura extrae su arte poética, es decir, la manera de narrar con la mayor veracidad posible aquello que ve y aquello que se esconde detrás de lo que ve.

?A diferencia de sus otros libros, en éste, Kapuscinski nos abre su taller y nos revela las claves de su maestría narrativa. Y lo hace recreando intensamente su lectura de Heródoto, y todas las preguntas que al leerlo lo asaltan (en esencia, ¿cómo actuaba aquel que deseaba “impedir que el tiempo borre la memoria de la historia de la humanidad”?). De este modo, como si el tiempo no existiera, y sí la memoria, el libro discurre (igual de vívido y exuberante) a veces en Jartum o Dakar y otras veces, a través de Heródoto, en Creso, Persépolis o el golfo de Salamina.

Entre cientos de observaciones, Kapuscinski advierte que Heródoto fue el “primero en tomar conciencia de la multiplicidad del mundo como esencia del mismo (…) ‘No estamos solos’, dice a los griegos en su obra. ‘Tenemos vecinos y éstos a su vez tienen los suyos y así sucesivamente, y todos juntos poblamos un mismo planeta.’”. En esta espléndida mezcla entre biografía, crónica, diario de viaje y ensayo, Kapuscinski nos demuestra así que aprendió sobradamente las lecciones de su maestro, a la vez que nos enseña, como ningún otro escritor, que la curiosidad y el asombro son, en contra de lo que se tiende a creer, susceptibles de crecimiento y perfección.

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