¿Y dónde está el editor?

Diana Ospina reseña "La intriga del lapislázuli" de Gonzalo Mallarino.

2011/05/24

Por Diana Ospina

Escribir un thriller con todas las de la ley no es tarea fácil. Se requiere una premisa interesante, un misterio por resolver, un héroe enfrentado a diversos peligros y la soltura suficiente en la escritura para llevar al lector a hacer este recorrido sin distracciones innecesarias ni desvíos en la trama para que la atención no decaiga. Aunque Gonzalo Mallarino sabe todo esto, como lo demostró hasta cierto punto en su primera novela, Según la costumbre, en su última obra parece haber olvidado algunas de estas premisas claves.

 

Lejos de la Bogotá que le inspiró su trilogía, en La intriga del lapislázuli el autor se interesa por otro tipo de ficción histórica y ubica al lector en la Italia del siglo XVI, en pleno Renacimiento. El cronista Gonzzaga Fallarinni-Fiori (versión italianizada, no muy lograda, del nombre del autor) será el encargado de contarnos, años después de los acontecimientos, las historias que sucedieron cuando el fiel artesano Giacoppo Biancassa debió recorrer el país buscando convencer a los más grandes artistas de participar en un concurso convocado por el papa Julio II.

 

Esta original idea parecía tenerlo todo para atrapar al lector: un héroe envejecido y generoso dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias para dejar asegurado el futuro de su singular hija antes de morir, enviado por un papa decadente e intrigante a recorrer los talleres de las grandes mentes del momento: Boticelli, Rafael, Piero di Cosimo, entre otros, mientras las ciudades se consumían en medio de la peste y el horror.

 

El problema es que a los ya mencionados se suma, de manera poco afortunada, otra serie de conflictos e historias paralelas. Los complejos procesos para la elaboración de los colores, sus significados y la dificultad para conseguir el precioso azul, obtenido gracias a la escasa y muy valorada piedra del lapislázuli; el pérfido Virfunccino y sus comercios ilegales con la codiciada piedra y los herejes del nestorianismo, decididos a utilizar el concurso para mancillar la imagen pura de la Virgen María, se mezclan en la trama quitándole fuerza y contundencia al libro.

 

El estilo ágil y ameno de Mallarino no es suficiente para evitar que la fórmula ganadora se desvanezca: las vicisitudes del héroe parecen resolverse con la misma facilidad que un conejo emerge, sin explicación alguna, de la chistera de un mago. Entre los oscuros comerciantes del lapislázuli y los nestorianos poco o ningún lazo se teje con solidez: sus historias llenan de detalles y anécdotas innecesarios la mejor parte del libro: las visitas que Biancassa hace a los talleres de los diferentes artistas, la recreación de esos caracteres tan particulares (Miguel Ángel en plena elaboración de la capilla Sixtina, el ingenioso Leonardo) y sus disquisiciones creativas.

 

Sin embargo, yo no culparía solo al autor, que se esmeró por recrear, de manera verosímil, una Italia en plena ebullición del Renacimiento, un momento histórico en el que lo más sublime del arte, las intrigas palaciegas y la muerte convivían. Culparía más al editor, que debió haber tenido mano firme para recordar que en literatura, como en otros campos artísticos, menos suele dar más; así, tal vez, se hubiera conseguido que esta novela aspirara a un destino más alto.

 

La intriga del lapislázuli

Gonzalo Mallarino Flórez

Editorial Norma, 2011

326 páginas

$42.000

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