¿Y si no podemos irnos?

Diana Ospina reseña Partir de Catherine Corsini.

2010/10/13

Por Diana Ospina

A veces no somos felices y ni siquiera lo notamos. A veces la rutina, la estabilidad o una cómoda tranquilidad familiar se asemejan un poco a la felicidad y todo parece estar bien hasta que ese frágil equilibrio se rompe y ya no es posible dar marcha atrás.

 

La primera escena de Partir, última película de la directora y guionista francesa Catherine Corsini, es precisamente un momento de ruptura. Suzanne, la protagonista, enfundada en un camisón rojo que se destaca en las sábanas blancas, mira sin mirar el techo de la que ha sido su habitación durante varios años. Está harta, triste, desesperada, quién sabe qué otras cosas siente mientras su marido duerme dándole la espalda, es difícil definirlo, apenas la estamos conociendo, y no alcanzamos a saber mucho más porque se levanta rápidamente, inquieta, decidida a cambiar el destino que le ha sido impuesto. Nosotros, los espectadores de su historia, no entendemos aún cuál es ese destino y, por eso, a partir de ahí, la acción de la película retrocederá varios meses a ese momento en que Suzanne, tras quince años de dedicarse exclusivamente a su familia, ha decidido que quiere retomar su profesión de quiropráctica y volver a trabajar. A Samuel, su marido, le parece bien y ha aceptado financiarle la remodelación de una bodega del jardín de la casa, para que ella pueda tener su consultorio. Lo que no pueden prever ni Samuel ni Suzanne es que la llegada de Yván, el obrero catalán que estará encargado del trabajo, lo cambiará todo. Es cuestión de unos pocos días para que surja una pasión incontrolable entre la esposa burguesa y el obrero indocumentado.

 

¿Qué impulsa a estos personajes, en apariencia distantes, a enamorarse perdidamente? Difícil saberlo o entenderlo. La película, precisamente, parece señalar esa imposibilidad de racionalizar el enamoramiento y, sobre todo, la imposibilidad de sustraerse de él. Sin embargo, Partir no es exclusivamente una historia de amor aunque presente en ella una idea bastante conocida, la de la mujer rica casada enamorada de un hombre pobre. Corsini, con escenas silenciosas (la pasión no tiene palabras), pocos diálogos y utilizando como principal protagonista la mirada desesperada de Suzanne —interpretada por Kristin Scott Thomas, que sabe perfectamente cómo hacer creíble a esta mujer madura que no está dispuesta a dejarse arrebatar el amor— escoge explorar el impacto que la relación de los nuevos amantes tendrá sobre los demás.

 

Suzanne e Yván, estos dos extranjeros (detalle que no tiene nada de casual) ella inglesa y él catalán, subvierten el orden establecido al entregarse a un sentimiento prohibido que destroza el “perfecto equilibrio” de una pareja que no tenía, en apariencia, ninguna razón para separarse. Y si algo queda claro es que cometer tal atrevimiento debe tener un precio.

 

No siempre homogénea, con unos momentos mejores que otros, Partir es una película que nos hace reflexionar sobre las posibilidades que se abrirían al tener la fuerza de “partir” y dejar una vida que ya no nos satisface. Pero, ¿es posible hacerlo realmente?. Aunque, por momentos, la idea no parece trasmitirse con la firmeza necesaria, lo que desea insinuar la directora es que, a pesar de que nosotros logremos liberarnos de nuestras ataduras y rutinas, otros no están dispuestos a dejarnos ir tan fácilmente.

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