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Yo acuso

María Teresa Ronderos reseña Yo acuso de Ayaan Hirsi Ali Galaxia Gutenberg, 2005 200 páginas

2010/03/15

Por María Teresa Ronderos

Este libro de la holandesa Ayaan Hirsi Ali, criada mulsulmana en su natal Somalia, es un poco de todo. Es una autobiografía; es una reflexión sobre las consecuencias que ha tenido la falta de reflexión autocrítica del islam y es, sobre todo, una denuncia sentida sobre el sometimiento de la mujer musulmana. Ayaan cuenta a lo largo de los diferentes discursos, relatos, ensayos que comprenden esta obra, que nació en un hogar tradicional musulmán somalí. Su padre, un líder opositor del régimen, fiel a la tradición religiosa, sin embargo insistió en que sus hijas fueran a la escuela. Ayaan y su hermana crecieron con algo más de mundo que muchas de sus coterráneas. Por eso huyeron cuando su padre las quiso casar. Ayaan buscó refugio en Holanda, se hizo traductora de otros inmigrantes, estudió Ciencia Política y se convirtió en una voz polémica y audaz, que siendo mujer, negra y musulmana se ha atrevido a cuestionar muchos de los preceptos sagrados.

Según Ayaan al islam le ha faltado capacidad autocrítica. No ha tenido, como tuvo Occidente, su Iluminismo que rescate al individuo y sus derechos. No ha permitido que surjan los reformistas adentro que vuelvan a pensar el mundo desde lo contemporáneo. Eso no ha sido posible, dice, porque quien se atreva a plantear una reflexión es considerado infiel. “Los musulmanes hemos perdido de vista el equilibrio entre religión y razón”, dice. Su crítica también es contra aquellos occidentales que, a nombre del multiculturalismo, practican un racismo encubierto; algo así como “respeten que vejen a sus mujeres, ésa es su cultura”.

Quizás Ayaan exagera cuando intenta explicar todo el atraso socioeconómico de la mayoría de los mil doscientos millones de musulmanes que habitan el planeta, sólo en términos de los comportamientos y valores que se derivan de una religión que se quedó pegada a otros tiempos. Señala problemas del mundo islámico como exclusivos de éste, cuando bien pueden describir buena parte del resto del mundo.

Lo más valioso del libro de Ayaan es su denuncia frente al tratamiento casi de esclavitud al que son sometidas las mujeres. Lo interesante es que no sólo explica con ejemplos de vida dramáticos las prácticas a las que son sometidas (les cercenan el clítoris o les suturan los labios vaginales para asegurar la virginidad a la fuerza), sino que muestra cómo al imponer estos estándares imposibles de cumplir, estimulan la mentira y siembran la desconfianza. Mantener a la mujer en la ignorancia y el encierro obstaculiza el progreso social y perpetúa la negación de los derechos del individuo. Invita Ayaan a los musulmanes a liberarse de este yugo, empezando por los que viven en Europa y Estados Unidos, donde las sociedades les permiten conocer y gozar de unos derechos que en los países regidos por la religión son imposibles de ejercer. “El individuo libre frente a la tiranía colectiva” es, en últimas, su mensaje.

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