RevistaArcadia.com

Contra los periodistas

2015/04/17

El título que encabeza esta nota fue usado por una editorial para reunir varios aforismos del escritor satírico austriaco Karl Kraus (1874-1936). Allí, en unas cuantas páginas, Kraus, quien también ejerció como periodista y creó periódicos de su época, se despacha con ironía sobre medios y periodistas para decir muchas de las cosas que hoy se leen –no siempre con la misma lucidez– en las redes sociales sobre los medios y sus hacedores, los periodistas. Hoy en día, como nunca antes en la historia, los medios son sometidos a una crítica en directo por millones de usuarios que expresan sus opiniones en redes sociales como Facebook. Ante el error, cientos de ciudadanos exigen y señalan los dislates, las faltas de ortografía, las imprecisiones, las exageraciones y, por supuesto, las noticias fraudulentas. Esa veeduría constante es celebrable pues les ha quitado esa aura sagrada que ostentaban hace no muchos años los periódicos, las revistas, la radio o la televisión.

No hace mucho, cuando más un par de décadas, en las universidades se intentaba enseñar periodismo promulgando la objetividad como un valor determinante a la hora de escribir –o informar– sobre el mundo. Hoy sabemos que dicha pretensión es imposible: no hay una sola verdad, y los medios son mecanismos ideológicos que transmiten ideas –o lo intentan– desde un lugar subjetivo. No siempre esas ideas concuerdan con los lectores y ahí se producen saludables diálogos en los que muchos medios deberían entrar. Prestar oído a la audiencia hoy es determinante: quien se toma el trabajo de criticar lo leído –para el caso de los medios escritos– y expresar una opinión contraria está participando, también, en la construcción de ese medio.

Este 17 de abril se lanzará en español Número cero, la nueva novela del filólogo y escritor italiano Umberto Eco. Eco, según se lee en una entrevista en el diario El País de España, había querido siempre escribir una novela sobre cierto tipo de periodismo que se alía con el poder para producir efectos sobre la realidad. Se trata, en síntesis, de un periodista que produce noticias que jamás llegan a los quioscos, sino que se quedan en la mesa de ministros o políticos, como armas en contra de sus adversarios de turno. Pero más allá de la trama, que ocurre en una “Milán secreta”, Eco propone varias ideas que valdría la pena pensar en estos tiempos en los que la palabra crisis es el pan de cada día.

Una de ellas tiene que ver, precisamente, con internet. Dice Eco: “El periodismo podría tener otra función. Estoy pensando en uno que haga una crítica cotidiana de internet, y es algo que ocurre poquísimo. Un periodismo que me diga: “Mira qué hay en internet, mira qué cosas falsas se están diciendo, reacciona ante ello, yo te lo muestro”. Y eso se puede hacer tranquilamente. Sin embargo, se piensa aún que el diario está hecho para que lo lean unos señores viejos –ya que los jóvenes no leen– que además no usan internet. Habría que hacer, pues, un periódico que se convierta no solo en la crítica de la realidad cotidiana, sino también en la crítica de la realidad virtual. Este es un posible futuro para un buen periodismo”. ¿Hay algo parecido entre nosotros? Parece que no. Que ese saludable diálogo que se produce con la crítica constructiva solo se está ejerciendo desde los lectores, y no desde los mismos medios. Habría que pensar cómo se examina hoy el mundo virtual; qué estamos consumiendo como usuarios de las redes y de miles de páginas que arrojan noticias falsas o que buscan malintencionadamente propagar rumores con fines particulares.

Dicha veeduría, claro, tendría que estar acompañada de un doble sentido. Así como se les pide a los periodistas rigor, claridad e información fiable, valdría la pena pensar que muchos de los lectores que escriben sus arengas enfurecidas –cuando menos irónicas– en contra de los medios pudieran ser, a su vez, objeto de un comentario que escape a la esfera privada. Pareciera ser que, aunque con sorna, aquellos que escriben en las redes también fungen como comentaristas de la realidad y su opinión, al volverse pública, es discutible.

El periodismo, aunque para muchos sea una palabreja en desuso, o una especie de mal necesario, ha sido fundamental en la construcción de nuestras sociedades. Han sido valientes periodistas los que han destapado miles de maniobras del poder haciendo un control social necesario. Es verdad, como dice Eco, que hay muchos tipos de periodismo y quizá nadie quiera hacer –al interior de los medios—un examen juicioso de cuáles son los contenidos que el mundo hoy reclama en los distintos formatos; pero también lo es que sigue habiendo medios sin los cuales sería imposible entender el mundo.

¿Qué haremos los medios impresos para entender que el contenido de la mañana ya lo vimos ayer? Quizás valga la recomendación de Eco: propender por recuperar la investigación, la buena escritura, el análisis; apostar por historias de largo aliento que nadie más está contando; ir más allá de la urgencia de una época que nos promete saber de todo, pero no entender nada.

Este contenido hace parte de la edición impresa. Para leerlo, debe iniciar sesión:

Revista Arcadia anuncia a sus lectores que nuestra versión impresa comenzará a pedirles que se registren en nuestra página web.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com