La lista Arcadia 2014

¿Cuál televisión?

Durante seis meses, la Agencia Nacional de Televisión y Señal Colombia realizaron una serie de foros en la sede de los ocho canales regionales colombianos con la idea de discutir públicamente cuál era el destino de la televisión regional, ante la evidente reducción de las audiencias y las difíciles condiciones económicas frente a los privados y a la televisión por cable.

2014/12/10

Por Revista Arcadia



Durante esas sesiones quedó claro que dichos canales, que son mirados muchas veces con desdén por la audiencia, pueden representar una oportunidad única en la construcción de una sociedad más incluyente y justa, de acuerdo con lo que ahora llaman casi onomatopéyicamente el “posconflicto”. En el posconflicto serán determinantes las historias de los millones de colombianos ausentes de la televisión nacional, que, por demás, cumplió este 2014 sesenta años de creada. En el posconflicto serán definitivos los documentales, la opinión, la inclusión de un país menos maquillado que el que vemos a diario en los dos canales privados. En el posconflicto la televisión tiene la oportunidad de crear –si los canales deciden unirse para hacer la fuerza– una red que de alguna manera rompa el centralismo imperante y que nos haga reflexionar, desde TeleCaribe hasta TelePacífico, quiénes somos, cómo hablamos, por qué nos conocemos tan poco y por qué este país ha crecido de espaldas a la realidad de las regiones.

Para empezar, habría que decir que nuestro país cuenta con nueve canales regionales que pocos ven: Canal Capital, Canal Tr3ce, Teleantioquia, Telecaribe, Telepacífico, Teleislas, Canal Tro, Telecafé y Señal Colombia, que aunque es de alcance nacional se inscribe dentro de la lógica de los canales públicos. Aunque nada sabemos de la televisión que se produce en San Andrés o de los buenos documentales que promueve TeleAntioquia, durante la ronda de discusiones se plantearon asuntos que valdría la pena tener en cuenta:

La televisión es un bien público y eso quiere decir que debe ser incluyente y democrática: en ese sentido, se reconocieron avances como los de Canal Capital, que cuenta con una planta diversa de presentadores, periodistas, actores y personal técnico que están insertos en la programación y no son “enajenados” para que produzcan sus propios programas como minorías. Canal Capital, valga decirlo, a pesar de las críticas de periodistas que creen que los canales públicos deberían seguir siendo para servicios sociales o transmisiones de inauguraciones de obras públicas es un buen ejemplo para los demás canales del país. Además de ambición, el canal ha logrado construir franjas serias dedicadas al periodismo de opinión, series como Las víctimas de Pablo Escobar o transmisiones en vivo como el concierto de Paul McCartney que a muchos les dolió por considerarlo populista y exagerado en su inversión, pero que no valoraron como una muestra de que todos los habitantes de una ciudad tienen igual derecho a ver a los grandes artistas que nos visitan.

La televisión regional y nacional pública debe fortalecer sus contenidos. Hay que dejar atrás los discursos y las tesis de ocasión para enfocarse en hacer una televisión que, al decir de Mauricio Navas, sea capaz de competirles a los contenidos –casi procaces– de los canales privados. Navas puso como ejemplo La mirada de Sara, una serie realizada para el Canal Tr3ce, de Cundinamarca, que contó con el apoyo presupuestal y técnico de cualquier producción de su estilo en otros canales. Y no es la única que se puede mencionar. Los Puros criollos, creada por Néstor Oliveros y presentada por Santiago Rivas, ha ganado ya tres premios India Catalina y ha sido, además, respaldada por una audiencia que, cuando puede –el desperdicio en la transmisión es evidente, no hay una campaña de mercadeo ni cuidado con un producto notable— ve una serie inteligente y bien realizada. En ese sentido, Señal Colombia parece tratar de ordenar la casa aun cuando se sigan presentando desafortunados cambios de parrilla por cuenta de la absurda contratación pública colombiana.

La televisión pública debe dejar atrás conceptos anquilosados como que está hecha para educar. Es probable, pero no como sinónimo de aburrimiento y programas de relleno con contenidos políticamente correctos. En el mundo de hoy, cuando ver productos audiovisuales es tan fácil y aleatorio, es fundamental que se creen equipos en los canales dedicados a pensar cuál es la región que quieren mostrar, apostando por asuntos menos técnicos –que aunque son cruciales no son los únicos– y que vayan al fondo. Un buen ejemplo ha sido la experiencia de colaboración de la escuela de la Universidad del Valle con TelePacífico, de la cual han salido realizadores de cine que comenzaron allí su carrera.

Colombia está en mora de prestarles atención a los canales regionales y estos, a su vez, de pensar que para alcanzar estándares competitivos es necesario crear escuelas de escritores, promover la producción de documentales bien hechos, con buena factura, ir más allá de los embutidos con los cuales se intenta copar parrillas que nadie ve. Ejemplos en el mundo de hoy hay por millones: de la BBC a la TvPública de Argentina, los gobiernos entienden que aún en la era de internet la televisión es uno de los más poderosos formadores de opinión pública que existen. Ojalá no llegue el día en que, gracias a la incompetencia y a la incapacidad que tenemos para unirnos en torno a proyectos –y los canales son de todos– tengamos que decir que en Colombia no existen alternativas públicas.

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