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El Nobel para Roth

Arcadia 86

Editorial Nº. 86

Roth ha enseñado a sus lectoras cómo son los hombres mejor que muchos hombres de carne y hueso.

Por: Revista Arcadia

Publicado el: 2012-11-27

Tal vez la noticia cultural que más impacto ha causado este mes sea el anuncio que hizo el novelista estadounidense Philip Roth sobre su retiro de las letras. “No escribiré más ficción”, dijo en una entrevista publicada en la revista francesa Les Inrockuptibles, y la noticia se reprodujo y comentó en todos los medios importantes de Occidente. Hasta en la página web de esta publicación, su retiro de las letras es la noticia más vista de la semana. Roth tiene setenta y nueve años, y ha dedicado su vida a la literatura. Ha publicado veintiocho novelas, dos libros de memorias y tres antologías de ensayos. Ha recibido diecisiete premios importantes y varios reconocimientos y honoris causa. Es considerado por muchos el más importante novelista vivo de los Estados Unidos, y su última novela publicada, Némesis (2010), ya está traducida al español y, de hecho, es reseñada en este número de Arcadia por la crítica literaria y gran conocedora de su obra Consuelo Gaitán.

Roth asegura que no solo no quiere escribir más novelas sino que no quiere leer más novelas. Dice que ya no siente la compulsión fanática por escribir, después de una vida entera dedicada a ello. Uno podría preguntarse por qué el retiro de las letras de un hombre que está a punto de llegar a los ochenta años ha causado tanta conmoción entre los lectores. Y la respuesta está, en parte, en que nadie como Roth ha sabido hacer una disección del imperio americano en su momento de mayor auge e influencia mundial: la segunda mitad del siglo XX. Roth ha escrito brillantes novelas sobre la América de Bush y la América de Clinton. Ha sido tremendamente crítico con las aspiraciones liberales y con la ideología bienpensante del progresismo norteamericano. Ha meditado largamente sobre el antisemitismo y sobre el hecho de ser judío. Pero como bien recordó en un artículo reciente el premio Alfaguara de novela, el peruano Santiago Roncagliolo, Roth también ha sabido como pocos entender a los hombres. Dice Roncagliolo: “En un mercado lleno de best-sellers para mujeres, Philip Roth escribe sobre hombres, y sobre la relación de esos hombres con sus cuerpos. Uno de sus personajes, infiel compulsivo que ha llegado a la vejez, se lamenta: ‘Tu cuerpo te hace traicionar a quienes te aman. Y luego tu cuerpo te traiciona a ti’”.

Sin duda estamos de acuerdo con Roncagliolo. Muchas feministas torpes han acusado a Roth de misoginia, simplemente porque se ha atrevido a escribir con una hondura perturbadora sobre el deseo sexual masculino. Pero menos mal, no todas las lectoras piensan que Roth es misógino. Por el contrario, en la nómina de mujeres que trabajan y colaboran con esta publicación hay muchas rendidas admiradoras (de todas las edades) de su escritura, precisamente por las mismas razones que aduce Roncagliolo. Roth ha enseñado a sus lectoras cómo son los hombres mucho mejor que muchos hombres de carne y hueso. Y de hecho, lo ha logrado con una conciencia de género que a veces no ha tenido ni el mismo Coetzee, quien comete el error de generalizar, de pretender hablar de los seres humanos en general en casos en los que sus reflexiones atañen solo al género masculino (basta ver sus hermosas reflexiones sobre la amistad en sus cartas con Paul Auster para comprobarlo: cree hablar sobre la amistad en general, pero está hablando solo de amistad entre hombres).

Son muchos los lectores que reclaman cada año el Premio Nobel para Roth. Y que protestan defraudados cada año, cuando se revela el nombre del ganador. De hecho, hace cuatro años, en el 2008, hubo un escandalillo literario cuando Horace Engdahl, entonces secretario general de la Academia Sueca, explicó por qué no le daban el premio Nobel a un escritor norteamericano. “Los Estados Unidos son demasiado aislados, demasiado insulares –dijo Engdahl–. No traducen lo suficiente y no participan en el gran diálogo de la literatura”. La afirmación es insólita. Roth tiene lectores en el mundo entero (como lo confirmó el reciente Premio Príncipe de Asturias), y su exploración del deseo es un asunto literario tan poderoso como universal. Y si bien es cierto que en los Estados Unidos se traduce mucho menos que en casi todo el resto del mundo, esto es culpa de los editores y no de los escritores de este país.

Por eso parece pertinente, ante el anuncio del retiro de Roth de las letras, hacer la petición a la Academia Sueca para que se le conceda el año que viene el Nobel de Literatura a una obra literaria tan formidable como seductora. Y nos atrevemos a proponer desde esta revista que escritores como el mismo Roncagliolo y el colombiano Juan Gabriel Vásquez, abiertos admiradores de su obra, encabecen esa petición. Porque si bien uno de los encantos de la Academia Sueca es su absurdo anacronismo (los papeles de la CIA permanecen secretos veinticinco años, ¡y los de la Academia cincuenta!), estos son tiempos en que Internet propicia el protagonismo de la voz de los lectores. Quizás no sea descabellado pensar que la Academia pueda, por una vez, escuchar la voz de esos lectores. Y que la petición provenga de quienes escriben en una lengua distinta a la de Roth, le confiere al hecho un autoritas aún más poderoso. Falta un año. El tiempo suficiente para reunir la voz de muchos. Quién quita.