Un fotograma del documental 'Life Animated'.

El poder de las historias

Cuánto importan las buenas historias. Cuánto nos sirve creer, como espectadores, que hacemos parte del mundo.

2016/07/28

Por Revista Arcadia

Uno de los momentos más emotivos del documental Life Animated ocurre cuando Owen, el muchacho autista que protagoniza esta increíble historia, habla con su hermano Walt, quien intenta introducirlo en el mundo de la sexualidad. Owen tiene 23 años y se ha ido a vivir solo en un condominio para personas con discapacidad. Su novia, del instituto de bachillerato del que acaba de graduarse, se ha trasteado unos días antes al apartamento vecino y Owen está en un momento definitivo de su vida pues ha dejado la casa de sus padres para emprender la vida adulta. Walt le pregunta a Owen si sabe qué más comparten las personas cuando están enamoradas para hablar de las relaciones sexuales. “¿Además de besos, qué más, Owen?”. Owen lo piensa y dice sin titubear: “Sentimientos”.

Owen Suskind es el hijo del periodista Ron Suskind, editor de The Washington Post, autor del libro Vida animada (Semana Libros) que ganó el Premio Pulitzer en 2014. Su historia comenzó a escribirse cuando su hijo Owen, de tres años, se desconectó del mundo como si algo lo hubiera secuestrado. Hasta esa edad, el pequeño era un niño comunicativo y feliz que no había dado muestras de tener algún síntoma de enfermedad. Pero un buen día, sin ningún aviso, Owen dejó de hablar coherentemente y se sumergió en el mundo de los galimatías para expresarse. Cornelia, su madre; Walt, su hermano mayor, y Ron, su padre, quedaron devastados. Sin saber qué le ocurría a su hijo, los dos padres buscaron a especialistas para encontrarse con la desesperanza: Owen padecía un trastorno de autismo severo y nunca volvería a ser el mismo.

Durante un año largo Owen se convirtió en un ser encerrado en sí mismo, que se comunicaba a través de onomatopeyas y sonidos ininteligibles. Sin embargo, un día, viendo La sirenita, la película animada de Disney, el niño comenzó a repetir una y otra vez una especie de frase mientras devolvía, con el control remoto, la escena en la que Úrsula, la bruja, le pide a Ariel que se decida a convertirse de una vez por todas en una humana. Cornelia y Ron, los padres, creen entender que ese esfuerzo es una manera de querer entrar en contacto con el mundo. Y entonces aparece la magia. La magia entendida como lo que en verdad es: la posibilidad de retar las leyes naturales a través de actos o palabras. Owen, mediante la visión de decenas de películas de Disney, creó un sistema para poder vincularse con el mundo. A través de los personajes –los escuderos son sus preferidos–, de ahí en adelante, aprendió a comunicarse con el mundo. El poder de las historias, más allá de su aparente maniqueísmo y llaneza en algunos casos, convirtió la oscuridad total en alumbramiento. Owen fue capaz de hacer relaciones con las situaciones de las películas para poder expresar sus pensamientos y sentimientos.

Esta breve y atropellada síntesis del maravilloso libro de Suskind y de la película de Roger Ross Williams, presentada en la segunda versión de IndieBo, el Festival de Cine Independiente de Bogotá, sirve para reivindicar y celebrar la existencia del cine y de las historias como un motor emocional, tan necesario entre nosotros.

Durante diez días, IndieBo nos demostró cuán importante es hacer las cosas bien, presentar películas distintas, crear una atmósfera para los espectadores y nos persuadió de su importancia; de que es, hoy por hoy, el festival que todos los colombianos que habitan en la ciudad echábamos de menos.

En diez días se presentaron 100 películas y las salas siempre estuvieron llenas. Lo decimos porque fuimos testigos de cómo el público respondió retando aquella creencia general de que los grandes públicos siempre quieren lo mismo. La asistencia no fue discreta, sino masiva. La gente se animó a ver películas de todos los géneros: desde la estupenda distopía animada creada por Franck Ekinci, Christian Desmares en Abril, y el mundo trucado; pasando por ficciones notables como Masaan, de Neeraj Ghaywan, una sutil película que tiene como epicentro las orillas del Ganges en Benarés, y los cremadores de cadáveres; la sencilla Other people, de Chris Kelly, sobre el padecimiento familiar cuando una madre enferma de cáncer; hasta documentales como I am the Blues, o Playing Lecuona, por solo mencionar unas cuantas.

IndieBo nos recordó cuánto importan las buenas historias. Cuánto nos sirve creer, como espectadores, que hacemos parte del mundo.

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