Portada Arcadia no. 93

Expúlselo

Ante las escandalosas declaraciones del concejal Jorge Durán Silva, Arcadia le pide a Simón Gaviria que lo expulse del Partido Liberal.

2013/06/13

Por Revista Arcadia

Cuando uno digita “Nigeria Rentería” en el buscador de los más importantes medios de comunicación nacionales, salen decenas de artículos sobre el país africano y varios sobre béisbol. Y es que, a excepción de La Silla Vacía, ningún medio nacional registró el nombramiento de la abogada chocoana, el pasado 21 de mayo, como Alta Consejera Presidencial para la Equidad de la Mujer, un cargo que llevaba dos meses y medio a la espera de alguien que lo ocupara.

La excelente hoja de vida de Rentería es un muy buen augurio. De ella se deduce que es una mujer con una seria vocación de servicio público, y una cuyo trabajo en favor de los derechos de las minorías en este país –un trabajo arduo y descorazonador– es sin duda encomiable.

Pero una consejería es un cargo político, y por eso los gestos simbólicos, las declaraciones o su ausencia, deben discutirse. Y ni Nigeria Rentería ni nadie del Alto Gobierno ha dicho una sola palabra de reproche o de distanciamiento de las declaraciones misóginas del concejal bogotano Jorge Durán Silva.

       

No es extrañar entonces que cada tanto, seis meses como mucho, salten a los medios registros de temas similares. Un día un técnico de fútbol le pega a una mujer. Meses después, el político de turno dice algún insólito exabrupto. Pero todo es flor de un día. Twitter se enciende durante unas horas, el video de la grotesca intervención del concejal es visto por cientos de miles de personas en YouTube durante si acaso una semana, y al final... todo se queda diluido en la anécdota.

Pareciera que ni el esfuerzo de los medios basta. Porque su reacción ante las palabras de Durán Silva contra las mujeres (sí, contra todas las mujeres) fue buena. El Tiempo reaccionó con rapidez: su editorial del 29 de mayo, un día después de las declaraciones, trataba el tema y llamaba a Silva Durán inculto e irrespetuoso, y eso tiene un peso simbólico importante. Hubo dos columnas en El Espectador, ambas escritas por mujeres. Una fuerte y beligerante de Catalina Ruiz-Navarro y otra indignada de Ana María Cano. La revista Semana hizo una referencia crítica, los medios de la radio y la televisión lo destacaron en su agenda y algunos blogueros atacaron con fiereza al rancio concejal. Pero todos restringieron el debate al término “mujerzuelas”, utilizado por el concejal para referirse a las lesbianas. Es más, los mismos representantes que han alzado su voz de protesta –lo que está muy bien–, Guillermo Rivera y Alba Luz Pinilla, lo hicieron con el mismo argumento: la discriminación a las mujeres lesbianas que encierra el vocablo.

Pero resulta que las palabras del concejal conciernen a todas las mujeres, con independencia de su orientación sexual. Las insultan a todas. Las ensucian. Su ridícula insistencia en que a la mujer con la que aceptaría compartir un carro deben gustarle los hombres (repetida tantas veces que merece análisis psiquiátrico) produce un asco profundo. Y lo que está implícito en el discurso de Silva es su absoluta incapacidad de concebir que una mujer exista para cosa distinta del sexo. ¿Un debate? ¿Una conversación? No. Se la juzga exclusivamente desde la más ramplona y vulgar lujuria.

¿Cómo es posible que ese personaje lleve treinta años en el Concejo de Bogotá? ¿Que sea un miembro del Partido Liberal? Eso es lo que nos deberíamos estar preguntando todos. Hombres y mujeres. Para un personaje cuya vida entera ha estado dedicada a los más ordinarios tejemanejes de la política electorera y del alegre oficio de los contratos, una llamada de atención de algún comité ético es una tontería más con la que lidiar. Un asunto que, si acaso, le quitará un par de días en vueltas y reuniones. A menos que Simón Gaviria tenga la valentía de expulsarlo del partido, que es lo que debe hacer.

Pero es poco probable que las cosas lleguen a eso. El de la misoginia no es un tema importante en la agenda política, como lo demuestra el silencio del Gobierno y de la Alta Consejera. El grave problema del discurso del concejal Jorge Durán Silva se ha diluido en la anécdota porque los reclamos de las redes sociales no bastan. Twitter es un medio breve: en caracteres, y en el tiempo de duración de sus protestas y temas de discusión. Expone y liquida a la vez. No puede hacer más, porque es un medio reactivo y emocional. El verdadero poder en estos asuntos todavía está en las acciones de los gobernantes.

El odio a las mujeres es un tema difícil porque está recubierto del repugnante barniz del piropo. Si le quitamos esa cáscara artificiosa al asunto, una cáscara hecha de miamores y preciosuras y mamacitas, lo que queda es el menosprecio de esos hombres hacia las mujeres. A Simón Gaviria hay decirle que el concejal Silva traiciona los fundamentos intelectuales de su partido y que debe ser expulsado. Para que el siguiente político que diga una frase misógina no se ría de puertas para adentro una vez pasada la breve tormenta.

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