Arcadia 98

La vida privada de los cuadros

Aunque gran parte de los artistas presentados por Buchholz en su galería habían sido prohibidos por los nazis, siguió exponiendo sus obras en la clandestinidad. Entre 1938 y 1941, Buchholz fue uno de cuatro comerciantes de objetos de arte que encargados por el régimen nazi vendían objetos de arte ‘degenerado’ al extranjero obteniendo así divisas para el gobierno nazi.

2013/11/14

Por Revista Arcadia

La semana pasada el semanario alemán Focus reveló una noticia que le dio la vuelta al mundo: hace dos años, un equipo de investigadores de aduanas encontró, en un modesto apartamento de Berlín, unas 1.500 obras de arte valoradas en más de 1.300 millones de dólares. La investigación había comenzado cuando los inspectores, en un control fronterizo, le encontraron a un hombre de 80 años que volvía desde Suiza, una enorme suma de dinero en efectivo. El viejo no pudo justificar su procedencia. Tras el allanamiento a su casa en Berlín, vino la sorpresa: la mayoría de las obras era de artistas considerados “degenerados” por el régimen nazi: Otto Dix, Max Beckmann, Emil Nolde... Las obras fueron confiscadas y desde hace dos años, en total secretismo, una historiadora del arte trabaja para establecer la autenticidad y el valor de los cuadros.

La noticia trae a la memoria ecos de otra publicada por el diario español El País, hace ya quince años, el 16 de noviembre de 1998. Por aquel entonces, el Congreso Mundial Judío reveló la lista de más de 2.000 personas que habían traficado con arte robado o confiscado a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial, según un informe recién desclasificado de la CIA. En aquella lista aparecía el nombre de Karl Buchholz, quizás el librero más destacado de la Colombia del siglo XX, y uno de los nombres clave de su historia cultural. Dice la noticia del archivo de El País:

“El librero alemán Karl Buchholz, con intereses en Portugal y España, fue uno de los intermediarios del régimen nazi en el tráfico de obras de arte robadas a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial, según un informe desclasificado por la CIA y divulgado por el Congreso Mundial Judío (CMJ). En él se explica que Buchholz vendió ‘obras de arte confiscadas’ y abrió cuentas en ‘países seguros’ que fueron utilizadas por colaboradores directos de Hitler, como Joseph Goebbels y Joachim von Ribbentrop, ministros de Propaganda y Exteriores, respectivamente. Propietario de una cadena de librerías, Buchholz, supuesto agente del régimen nazi, trasladó a Lisboa ‘medio millón de marcos en libros, cuadros y esculturas procedentes de Alemania, que vendió posteriormente a elevados precios’. Según los informes de los servicios secretos norteamericanos, el librero alemán, que también dirigía una galería de arte en Berlín en la década de los treinta, parece que compró a muy bajo precio numerosos cuadros a artistas judíos, aprovechándose de su necesidad de huir de la persecución nazi”.

En aquel entonces, el hijo de Karl Buchholz,  Alberto, –quien murió poco después en un trágico accidente–, fue consultado por el periodista que elaboró la noticia y reconoció, según El País, que su padre “‘manejó muchas obras de arte procedentes de diversos artistas judíos perseguidos por el régimen nazi’, pero afirmó desconocer que ‘hubieran sido compradas directamente’ por él. Alberto Buchholz, de 62 años, admitió que algunas de esas obras de arte fueron vendidas por su padre en Nueva York y Suiza”.

De hecho, existen fotografías que muestran cuadros de Max Beckmann en la casa de Buchholz en Bogotá. Pero es necesario poner las noticias en contexto: antes de inaugurar la Librería y Galería Buchholz en Bogotá, a finales de 1958 (con una exposición de arte alemán contemporáneo), Buchholz había sido un prestigioso galerista en la Alemania de preguerra. Por esa misma pasión por el arte, Buchholz fue crucial en el apoyo que recibieron artistas colombianos tan reconocidos hoy como Alejandro Obregón, Fernando Botero y Enrique Grau.

En los años sesenta, Buchholz llevó a cabo un intenso intercambio cultural entre Alemania y América Latina, exponiendo aquí arte alemán contemporáneo, y en Alemania arte latinoamericano.  Citamos la página web del Instituto Iberoamericano en Berlín:  “Karl Buchholz había iniciado su carrera como comerciante de libros y objetos de arte en 1925 en Berlín. Apenas diez años más tarde, inauguró una sucursal en la que también vendía libros y obras de arte de renombrados artistas como Käthe

Kollwitz, Max Liebermann, Alfred Kubin, Ernst Barlach, Gerhard Marcks, Karl Schmidt-Rottluff y Max Beckmann. Aunque una gran parte de los artistas presentados por Buchholz en su galería habían sido prohibidos por los nazis por ser considerados por ellos ‘degenerados’, siguió exponiendo sus obras en la clandestinidad. Entre 1938 y 1941, Buchholz fue uno de cuatro comerciantes de objetos de arte que encargados por el régimen nazi vendían objetos de arte ‘degenerado’ al extranjero obteniendo así divisas para el gobierno nazi. En el otoño de 1941 la Galería Buchholz fue cerrada y Buchholz encarcelado por algún tiempo. No obstante, ya en 1943 obtuvo el permiso de inaugurar una librería y galería en Lisboa, y también le permitieron reabrir su galería en Berlín, aunque con algunas restricciones”. Estamos en mora de una investigación que permita poner las cosas en su lugar. No para crear escándalos moralistas, sino porque la historia así lo requiere.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.