Arcadia 107

Mutatis mutandi

Esta Arcadia busca apropiar las expresiones culturales y sociales que ocurren en el campo tecnológico para sacarlas del gueto de “lo digital” e integrarlas a la vida real, que es híbrida, multiforme, online y desconectada. Creemos que a la cultura le corresponde analizar las prácticas sociales que pretendan transformar nuestra educación y nuestra manera de expresarnos.

2014/08/21

Por Revista Arcadia

En el nuevo videoclip que acompaña el himno de Colombia, presentado antes de la inauguración del presidente Juan Manuel Santos, aparece una imagen fugaz. Se trata de un niño, de unos seis años, que toca la superficie de su tableta. En la sucesión de imágenes icónicas que anteceden a nuestro moderno niño vemos a un ejecutivo que camina por Medellín, unos indígenas que saludan un helicóptero y una cascada de agua límpida. En breve, un poema visual del país que tenemos y tendremos en cuatro años: próspero, seguro, pluriétnico, tecnológicamente vanguardista y limpio.

Pero vale la pena detenerse en ese niño que mira con fijación su tableta, la toca (por eso sabemos que es una tableta) y creemos que explora algo, que su curiosidad está andando a plena máquina (sus gestos indican acción), así veamos únicamente un reflejo. La imagen recuerda más inmediatamente la gestión del recién ratificado ministro de Telecomunicaciones Diego Molano, que repartió más de un millón de tabletas para su uso en entidades educativas con la pretendida intención de revolucionar la educación. Que esta estrategia sumada a muchas otras del plan Vive Digital tenga efecto es otro problema. Lo que nos concierne en este momento, únicamente, es el símbolo de la tableta. La tableta como espejo, un aparato que hasta hace cuatro años ni existía y que ahora parece concentrar y resumir, como un icono, el deseo de modernidad del pueblo colombiano. O la inseguridad de un pueblo colombiano que se quiere proyectar próspero, moderno y vanguardista.

Pero la modernidad se construye con un poco más que con efímeros objetos de consumo, y la “innovación” que se nos vende de la mano de estos aparatos no llegará si no comprendemos cómo las nuevas tecnologías de comunicación e información (las ya muy conocidas tic) están mutando las prácticas sociales y culturales. Quizá sirva remitirnos brevemente a Lev Manovich, teórico y artista norteamericano quien, en busca de una unidad teórica que le permitiera analizar las transformaciones culturales de una sociedad basada en la computación, la información y el software, acuñó el término “informacionismo”. Así como el modernismo sirvió para resumir las expresiones estéticas, el vocabulario y la iconografía de la sociedad después de la Primera Guerra Mundial, “informacionismo” podría servir para describir las estéticas y formas culturales propias de la sociedad global de la información.

En ese caso, este número de la revista es “informacionista”, y la hemos llamado “Mutantes digitales” en rechazo a las palabras que usualmente se asocian a las nuevas tecnologías: tech, digital, 2.0, TIC, 3.0… En fin, palabras que sin duda tienen más appeal comercial pero que tienden a reforzar la máquina y no a lo que ocurre a través de ellas. Esta Arcadia busca apropiar las expresiones culturales y sociales que ocurren en el campo tecnológico para sacarlas del gueto de “lo digital” e integrarlas a la vida real, que es híbrida, fluida, multiforme, online y también desconectada. Creemos que a la cultura le corresponde analizar las prácticas sociales que pretendan transformar nuestra educación y nuestra manera de expresarnos; de darle sentido a la vida y de buscar una identidad local, nacional o regional.

Curiosamente, a pesar de que “lo digital” atraviesa todos los artículos de esta revista, la palabra menos usada es “innovación”. En cambio, el lector notará que una de las palabras recurrentes es “colaboración”. Que si bien no es un invento moderno, la “colaboración” a la que invita internet ha generado a nivel global una verdadera innovación al lograr que se sacudan las relaciones de poder tradicionales, tan centralistas y verticales; ha permitido que se abran nuevos espacios para la experimentación y la participación. Esta horizontalidad cambia la manera de concebirnos como región hispanohablante, de abrir el panorama de las expresiones musicales, visuales y escritas posibles, y de sentirnos ciudadanos. Entonces, si todo está cambiando, ¿cuándo será que este espíritu de verdadera colaboración y diálogo permeará las labores de los ministerios de las TIC, Cultura y Educación? A lo mejor, solo entonces, la aspiración modernizadora que se manifiesta en el niño con la tableta será más que un símbolo vacío.

*

Hasta el pasado viernes 15 de agosto, la antropóloga paisa Catalina Ceballos estuvo como subgerente de la Radio Nacional de Colombia. La noticia de su salida no deja indemne a nadie en el medio cultural pues durante los cinco años y seis meses que estuvo allí Radiónica y Señal Radio Colombia experimentaron cambios tan positivos que la han convertido en uno de los proyectos más ambiciosos a nivel cultural de los que se haya tenido noticia en el país. La reestructuración de contenidos que incluyó a periodistas de la valía de Jaime Andrés Monsalve, Álvaro el Profe González, Dahiana Rodríguez y Jenny González, sumada a la calidad de sus programas es indiscutible. De despedida, Ceballos lanzó Señal Clásica, una radio por internet que recuperará cientos de archivos y programas que son leyenda en nuestro país. Un aplauso para ella.

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