Orquesta Filarmónica de Bogotá. Crédito: Kike Barona.

50 años de la Orquesta Filarmónica de Bogotá

Hoy el sostenimiento de una orquesta de música académica es una tarea difícil. La Filarmónica es, sin embargo, uno de los ejemplos más exitosos de Suramérica. Celebrará su aniversario con una exposición y tres conciertos.

2017/08/25

Por Andrea Maussa* Bogotá

Toda la razón tenía Nietzsche cuando escribió que “sin música la vida sería un error”. La música provoca reacciones. Uno puede amarla, odiarla, desconocerla, pero no serle indiferente. A ningún colombiano le es indiferente, por ejemplo, Colombia, tierra querida, cuya versión sinfónica suele interpretar la Orquesta Filarmónica de Bogotá. Esa es una de las razones por las que es posible afirmar que es falsa la idea de que la música académica hace distinciones de estrato o está hecha solo para gente culta.

El sello y el gran éxito de la Filarmónica desde su creación oficial, en 1967, ha sido precisamente convertir cualquier lugar en un escenario posible y lograr que sus interpretaciones congenien con las particularidades de cada público. Lo que siempre quisieron sus fundadores –músicos prestigiosos como Raúl García– fue disolver los aires elitistas que suelen envolver los repertorios clásicos.

Hoy, cinco décadas después, Colombia tiene la fortuna de contar una parte de su historia a través de la Filarmónica, un símbolo cultural importante para la región que llegó a recibir incluso, en 2008, un Grammy latino, premio relacionado más con la música comercial que con la académica. Ese reconocimiento logró posicionar la orquesta en Latinoamérica y llevarla de gira a Estados Unidos, Rusia, Italia y China, con obras de repertorio clásico y música colombiana.

La Orquesta Filarmónica de Bogotá ha dejado huella gracias a que ha cumplido con los retos que se ha propuesto. Su primer concierto fue en 1968, cuando fue invitada para recibir al papa Pablo VI en la Catedral Primada de la capital. Luego se convirtió en una de las primeras orquestas filarmónicas de Latinoamérica en tocar los ciclos completos de compositores como Mahler, Bruckner y Bartok, un logro alcanzado por el acompañamiento constante y el aporte de distintos directores titulares invitados, como el maestro chileno Francisco Rettig, quien estuvo al frente de la Filarmónica durante más de una década.

Las buenas amistades también han sido un elemento esencial para el fortalecimiento de la orquesta, compuesta actualmente por 98 músicos de base. Prueba de ello es la relación que ha mantenido con el auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional. Por 43 años la Universidad le ha abierto las puertas a la orquesta para sus ensayos diarios y los conciertos semanales, gratuitos los viernes y con un costo de 16.000 pesos por boleta los sábados.

Para María Belén Sáez de Ibarra, directora nacional de divulgación cultural de la universidad, este es un ejemplo de una buena cooperación institucional: “Es una relación de mucho tiempo, incluso en un principio el conservatorio de la universidad les prestó instrumentos a los músicos. La Orquesta Filarmónica de Bogotá es sin duda el más grande patrimonio que tiene la universidad en términos de cultura. Es el alma del León de Greiff”.

Como la Universidad Nacional, son muchas las instituciones que han acogido a la Filarmónica de Bogotá. La Universidad Jorge Tadeo Lozano y el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, donde ya realizan 20 conciertos al año, son como su segunda casa. Pero no hay que olvidar que la orquesta es de la ciudad, y lo ha demostrado con los conciertos que realiza en 20 localidades de la capital, y en escenarios no convencionales. De acuerdo con su actual directora general, Sandra Meluk, “el prejuicio del repertorio sinfónico se acaba el día en que la gente va a un concierto. Esta orquesta está dispuesta a salir a los ciudadanos y no a esperar a que el público llegue. Siempre hemos buscado un punto de contacto con el público donde se sienta identificado y diga ‘Yo quiero volver oír a la Filarmónica’”.

Hace ya varios años la orquesta se propuso diversificar la música sinfónica. Pero desde 2013, con el Proyecto de Formación, también se ha consolidado como una institución con una función aún más transformadora. En convenio con la secretaría de Educación, la Filarmónica desarrolla una línea de formación pedagógica en distintos niveles de enseñanza que incluye a más de 20.000 niños de 31 colegios distritales, ahora en contacto con el mundo sinfónico. Además se realizan actividades pedagógicas en los siete Centros Orquestales, ubicados en distintas localidades de la ciudad. Y por último, la Filarmónica también llega a los niños que están en hospitales con centros orquestales. Estos, por ahora, se encuentran en el Simón Bolívar, San Rafael, Suba, Tunal y la Fundación Cardioinfantil.

Sobran razones para explicar por qué la Filarmónica es patrimonio del país. Solo en 2016 se presentó en más de 94 escenarios distintos. Hoy esos escenarios se han diversificado, dándoles oportunidades a los más jóvenes. Así nacieron las orquestas juveniles y el Coro Filarmónico Juvenil.

Para celebrar el aniversario, los colombianos podrán asistir a la exposición 50 años tocando para ti en el Museo de Bogotá, y prepararse para tres grandes conciertos. El primero será el 7 de septiembre, junto a la misa campal del papa Francisco en el parque Simón Bolívar. Dos días después, tocará la Novena sinfonía de Beethoven en el auditorio León de Greiff y el 10 de septiembre interpretará la misma obra en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo.

En 2017, la orquesta celebra sus primeros 50 años con éxito y un merecido reconocimiento porque, como dice Ramiro Osorio, primer ministro de Cultura y actual director del Teatro Mayor, “la Orquesta Filarmónica de Bogotá es una institución que por la calidad de su quehacer, el diseño de su programación y la continuidad de sus esfuerzos enriquece la vida de la ciudad de manera notable y es sin duda una marca fundamental de Bogotá”.

*Periodista.

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