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El lenguaje de los pájaros

Conocemos a través del lenguaje que es el medio de conocimiento y de experiencia más hermoso y colorido. Ejercemos un poder potencialmente transformativo.

2017/07/27

Por Andrea Mejía

Nuestras galletas de la fortuna son las láminas de colores que vienen en las chocolatinas Jet. Las he leído como un oráculo temible y revelador, a veces como espejo del carácter o solo como un reflejo de tribulaciones pasajeras o de fugaces movimientos del ánimo. Son láminas adhesivas que pueden ir formando un archipiélago ordenado en un álbum que en principio les corresponde; pero como casi nadie tiene el álbum, lo que suele verse es que las pegatinas van quedando por ahí, como islas flotantes, como pedacitos de una naturaleza tierna y noble, pero también terrible y ciega, que existe como realmente existe la Naturaleza, es decir, principalmente en la imaginación y en el lenguaje. Las láminas jet son en todo caso una forma de arte adivinatoria que reemplaza, de modo más colorido, no solo las galletas de la fortuna, sino técnicas de adivinación muy antiguas, como la interpretación de señales en el cielo, la lectura de las vísceras o del vuelo de los pájaros. La lámina que venía con mi última chocolatina era la de un ave, un quetzal, que en lengua náhuatl significa “cola larga de plumas brillantes”. Por el reverso, la imagen está bellamente descrita: “Prefiere pasar su tiempo en ramas elevadas, donde permanece casi inmóvil. No es fácil verla, ya que es muy silenciosa y sus plumas se confunden con la vegetación húmeda”. Qué puede ser tan bello como este pájaro asustadizo y raro, raro en el sentido de precioso y difícil de encontrar; y supe, aunque no en seguida, que era muy importante encontrar la semejanza de este pájaro con algo, algo que también, de otra forma, de otra forma quizá no sensible, tuviera plumas brillantes, algo esquivo, que se espanta con el ruido, que anida en lo alto, que solo se deja ver en la quietud y tiene un poder mimético tal, que sus plumas coloridas se confunden con plantas húmedas. ¿Qué puede ser como esta ave dulce y suave y con genio mimético? ¿Qué es como ella?

¿Qué es lo que espanta a un pájaro como este? Se espanta con el más leve susurro de las palabras sin alma y sin belleza, con el crujido de páginas cargadas de opinión e información, de disputas, de claridad sin fuerza, de precisión seca y virtuosidad mecánica. Escritos glaciales, pretenciosos o ceremoniosos. Ocurrencias. El ave colorida se espanta con una sabiduría para los discursos que es árida y solo técnica y en últimas mortal. El pájaro de colores se espanta con pájaros que están muertos o que tienen el plumaje gris y arrugado.

Con esta ave huye lejos la experiencia de las cosas bellas, la experiencia intensa y verdadera. Se ahuyenta la plenitud del pensamiento y la intensidad del lenguaje. Cuando ella se muestra, en cambio, algo suena y canta por encima de nuestras cabezas. Sería muy triste que aves como esta dejaran de hacer sus nidos en nuestras ciudades.

En su diálogo más precioso, Platón compara las plumas del alma con plantas durmientes. El alma es un aparato alado que despierta y crece bajo el alimento adecuado. El alma es un pájaro con plumas que son como plantas durmientes. Por eso a lo mejor las plumas de mi pequeña aparición colorida, el quetzal, pueden envolverse hasta casi desaparecer entre la vegetación húmeda y alta.

El poder de adivinación no es otra cosa que el don de ver semejanzas, entre una figura en las estrellas y nuestro carácter, o entre las líneas de la palma de la mano o el trazado del vuelo de un pájaro y las formas intocadas de lo que no ha ocurrido aún pero está mágicamente prefigurado en formas sensibles. Cultivar el arte de la adivinación es cultivar el poder para encontrar semejanzas. Y encontrar semejanzas es una forma de conocimiento. Decimos que algo es como otra cosa, avanzamos con pasos pequeños o a vuelo de pájaro entre similitudes y afinidades. Leemos, por ejemplo, en un salmo que es una plegaria espléndida para tiempos de tristeza, “me parezco al pelícano del desierto, soy como el búho de las ruinas, vuelo y gimo como un gorrión solitario sobre un tejado”, y estamos conociendo. Conocemos a través del lenguaje que es el medio de conocimiento y de experiencia más hermoso y colorido. Ejercemos un poder potencialmente transformativo. El alma se eleva y es llevada de una semejanza a otra. Y algunas figuras, como mi pájaro de plumas brillantes, despiertan este poder adivinatorio, una de las potencias durmientes del alma.

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