Aspectos de las exposiciones y visitantes del MAMM 2015-2016, además de los edificios de Talleres Robledo y la nueva sede. Crédito: MAMM, Hernán Bravo y Yohan López.

A un año de la transformación del MAMM

Una de las noticias culturales de 2015 fue la apertura del nuevo edificio del MAMM, que se integró al de Talleres Robledo. Pero más allá de los metros cuadrados de la espléndida construcción, la labor de programación y el trabajo con el público ha puesto al museo como un polo de desarrollo para las artes en la ciudad. ¿Qué ha pasado un año después de inaugurada la nueva sede? Un balance.

2016/08/23

Por Sandra López

En medio de la que en otra época fue una de las zonas más promisorias de la industria de Medellín, donde un horno eléctrico precipitaba la fundición de hierro, hoy se encuentra uno de los referentes culturales más importantes de la ciudad.

A través de las tres columnas que están en la fachada, testimonio de la actividad por la que a mediados del siglo pasado Medellín fue conocida como la Ciudad Industrial, como en otro tiempo se veía una de las siderúrgicas más importantes, hoy está el Museo de Arte Moderno de Medellín, MAMM.

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Hace un año el Museo inauguró, detrás de la sede de Talleres Robledo, un nuevo edificio que es modelo entre las salas y centros culturales del país. Para hacer algo de memoria, corría 2009 cuando el MAMM, que había funcionado durante más de dos décadas en el barrio Carlos E. Restrepo, gracias al entusiasmo de curadores, gestores y artistas, ocupó un gran taller en Ciudad del Río, un sector en pleno crecimiento urbanístico de Medellín. En 2006, la Alcaldía de Medellín había aprobado el Plan Parcial Gran Manzana de Simesa y el MAMM se le midió a crear, al lado del que hoy es un apetecido sector residencial, una infraestructura que se ha convertido en un polo de desarrollo cultural, importante centro de servicios y, por qué no decirlo, eje estructurante de la ciudad que ha logrado incluir más contenidos y convocar a nuevos públicos.

Después de surtir todo un proceso de convocatoria internacional para arquitectos y de valorar once propuestas, el concurso fue otorgado al estudio peruano 51-1 en alianza con la compañía antioqueña de arquitectos CtrlG, cuyo proyecto se inspiró en la forma de construcción típica de las laderas populares de la ciudad, superponiendo volúmenes conectados con escaleras.

Cuando se contempló la idea de expansión del MAMM se tuvo en cuenta un cálculo bastante estratégico, según afirma María Mercedes González, su directora: “Se esperaba un incremento inmediato de públicos, lo cual después comprobamos que ocurrió, y a partir de ese análisis se hizo el listado de necesidades”.

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La construcción contempló un edificio de un área de 7.220 metros cuadrados, se inició en octubre de 2013 y concluyó en agosto de 2015; y tuvo una inversión de 24.398 millones de pesos provenientes el 50% de la administración municipal, el 50% de la empresa privada como grandes aportantes y 400 millones del Ministerio de Cultura. Resultado de una importante alianza público-privada.

El 2 de septiembre del año pasado, los cinco pisos en forma de cajas, conectadas por terrazas y escaleras, abrieron sus puertas: salas de exhibición, un teatro escenario de cine y conciertos, aulas múltiples, una sala de experimentación sonora, además de espacios comerciales, oficinas y parqueaderos conforman el ambicioso proyecto. Entre septiembre y diciembre de 2015, 32.215 personas habían visitado el Museo, una cantidad nada despreciable comparada con las 45.000 visitas que recibía al año cuando ocupaba únicamente las instalaciones de Talleres Robledo, y ya muy lejana de las 6.500 personas que visitaban el MAMM cada año en su sede de Carlos E. Restrepo.

La conexión de la nueva estructura con el espacio público ha sido fundamental, pues no es necesario ingresar vía la taquilla del Museo para acceder a las instalaciones. “Creemos que de alguna manera el Museo también está invitando a vivir el espacio público de otra manera –dice la directora del mamm–, y que la posibilidad de entrar a las terrazas sin necesidad de pasar a ver las exposiciones es también una idea muy novedosa porque plantea el espacio como escenario de encuentro; para nosotros el parque y la plaza son también parte del Museo”.

Una vez construidas las nuevas instalaciones –reflexiona Manuela Alarcón, directora de Educación y Programas para Públicos del mamm–, el reto más grande era hacer que el edificio no fuera el tema principal, que el atractivo del Museo no fuera el edificio: “El mayor interrogante a partir de la expansión era cómo hacer para que la gente tuviera el Museo como una opción, porque si este espacio empezaba a ser un referente en el que sucedían cosas, un lugar habitado, la gente seguiría llegando”.

A un año de la inauguración de la expansión, con una programación más nutrida, espacios destinados a un público creciente, 15 exposiciones temporales y cuatro permanentes, proyección de cine y conciertos musicales, 82.484 personas han visitado el Museo y se espera que a finales de año las visitas alcancen las 100.000. Recientemente, el MAMM lideró la que es, tal vez, la convocatoria más grande de cine al aire libre que ha tenido Medellín: 6.000 personas, por mencionar un dato.

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Si hay un rasgo definitivo del ADN del MAMM es su relación con la ciudad y el interés permanente en volverse un referente cultural para los visitantes. A un año de su expansión, no solo tiene balances y cifras que respaldan sus logros, su gestión, sino grandes retos que alientan su trabajo. El Museo sigue estando tan vivo, urbano y actual como en el momento de su fundación hace 38 años.

La encuesta de consumo cultural del Dane del 2014, el indicador más reciente que caracteriza las prácticas culturales asociadas al consumo cultural de la población, reveló que durante ese año tan solo el 13,4% de la población mayor de 12 años en el país asistió a un evento como exposiciones, ferias, muestras artísticas, revelando un incremento poco representativo si se compara con la cifra de 2012: 13,2%. Con datos como esos el panorama parece desalentador.

“Medellín es una ciudad de dos millones y medio de habitantes, así que 100.000 personas no representan ni siquiera el 10%, entonces ahí vemos un reto enorme que nos estamos tomando con mucha seriedad. Hay algunas cosas que se pueden hacer desde el Museo para generar más apropiación e interés en la gente”, dice la directora del MAMM. Prueba de ello es que desde la campaña de expectativa en Instagram, realizada en 2015 para la inauguración de los nuevos escenarios, además de visitas, el Museo ha ganado más seguidores en redes sociales. El crecimiento también en redes sociales continua. Frente a esa situación el objetivo está puesto en hacer de las redes herramientas no solo de convocatoria y difusión, sino de generación de contenidos.

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La agenda expositiva del Museo obedece a una política curatorial cuyo objetivo es, en definitiva, difundir el universo de arte contemporáneo al que la ciudad merece conocer y tener acceso directo. Emiliano Valdés, curador jefe del MAMM lo expresa así: “La política curatorial tiene mucha relación con la visión del Museo como un sitio al que uno va, no solo a pasar el tiempo, sino que en ese pasar el tiempo está teniendo acceso a una serie de experiencias, de relaciones que pueden intensificar, aportar, hacer más cercana y consciente la relación con el mundo y con la realidad”.

Manuela Alarcón explica que la dependencia que está a su cargo “tiene la responsabilidad de investigar alrededor de los temas de las exposiciones y programar actividades que les sirvan a los públicos para sentirse parte de lo que está sucediendo dentro del Museo. La programación para públicos es todo el engranaje de actividades que son transversales a las exposiciones y no son per se material expositivo”.

En este sentido, la labor curatorial, de educación y programación para públicos son indivisibles. “A los dos departamentos nos gusta trabajar muy de cerca –precisa Valdés–, creemos que ambos forman parte de la experiencia de venir al Museo, que tiene que ver con el aprendizaje y la educación pero también con la sorpresa, con la emoción, con el gusto, la diversión”.

En términos generales, los factores que intervienen en la definición de los contenidos y la programación están relacionados con la escena artística colombiana, los nuevos públicos y la configuración de una ciudad que se ha transformado en los últimos años, dejando en evidencia la importancia de un espacio de esta naturaleza.

De la dependencia de Educación y Programas para Públicos hacen parte las visitas, que pretenden vincular principalmente, aunque no exclusivamente, a la población escolar de las instituciones oficiales; el programa de creación y experimentación, cuyo objetivo es fomentar la práctica del arte dentro de la vida cotidiana de las personas y posibilitar el acercamiento de los artistas con la escena local; la programación académica, que pretende vincular otros discursos, incluso de disciplinas distintas al arte, al quehacer del Museo; y los programas de música y de cine que, como consecuencia de la expansión del Museo, y de la construcción de una sala especializada para tales fines, empezaron a consolidarse.

En opinión de María Mercedes González, “la programación impone el reto de preguntarse cómo ser relevante, cómo hacer para que el Museo se convierta en un espacio imprescindible para la vida de los ciudadanos, y que ofrezca herramientas para entender críticamente la realidad a cualquier nivel; en suma, cómo ser relevante y pertinente para el país y para las distintas coyunturas”.

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Desde la década del ochenta la música y el cine han tenido lugar en el MAMM. Muchos recordarán los conciertos y los ciclos de cine en Carlos E. Restrepo. Hoy ya no se trata solo de conciertos y cine esporádico, sino que estos son parte definitiva de la programación. El criterio para definir los grupos musicales y las películas que se presentan obedece a las temáticas del ciclo expositivo.

De las cintas en 35 mm, el MAMM pasó a proyectar cine digital con un proyector de alta resolución y un sonido especializado. De jueves a domingo el teatro se vuelve otra sala de cine para la ciudad, que pretende, en palabras de la directora de Educación y Programas para Públicos, difundir en la mayoría de casos producciones no industriales: “Hemos tratado de conservar un equilibrio que le permita a la gente ver las grandes realizaciones en términos de producción y de presupuesto como también el cine arte que se está haciendo, el cine de las periferias, de otros países del mundo”.

“El gran reto de instituciones como la nuestra –reflexiona Valdés– es el de recordarle al público, que cada uno tiene todas las herramientas que necesita para tener una experiencia en el Museo; o sea que la persona que entre a ver una exposición puede saber que su experiencia es la correcta. No hay una experiencia que sea mejor, sino que lo que cada uno entiende de esa exposición está bien”.

Luego del proyecto de expansión, el MAMM ha empezado a vivir el momento de la consolidación de la transformación y del crecimiento. “Este momento tiene que ver con la sostenibilidad de la institución –dice la directora del MAMM–, lo cual pasa por consolidar una base de recursos provenientes de ingresos propios que contribuyan en su funcionamiento y su operación; con la programación, que es una preocupación constante porque nos interesa que todas nuestras actividades sean impecables desde todo punto de vista: la comodidad, la experiencia, la calidad y el nivel de los participantes”.

A pesar de que los indicadores de consumo cultural se mueven lento, el panorama para el MAMM es promisorio con todo y los retos que se vislumbran: conservar y atraer nuevos públicos, gestionar alianzas, generar contenidos, difundir, convocar, garantizar su sostenibilidad. “El reto de seguir siendo interlocutores de los artistas se suma a todos los demás –explica Valdés– porque el Museo debe ser una institución que esté en diálogo y en conversación y en comunicación con los artistas, consciente de lo que se está haciendo y sabiendo cuáles son las preocupaciones, los formatos de producción de los artistas, y eso requiere estar con los ojos muy abiertos a lo que se está haciendo”.

María Mercedes González explica que una de las señales más evidentes de que las cosas están funcionando bien es la asistencia a las actividades, el público creciente: “Pero creo que uno nunca puede estar conforme; administrar el éxito es una de las cosas más difíciles. Ahora tenemos muchas miradas, mucha atención y ese es un compromiso muy grande. Este momento que empieza a vivir el MAMM es igual o más importante que el hecho de haber construido 7.220 metros cuadrados”.

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