Una retroexcavadora incautada a mineros ilegales. / Antonio Caballero.

La pasión de destruir

¿Destruir las maquinarias que los criminales usan para el crimen puede ser considerado un triunfo sobre la criminalidad?

2017/01/24

Por Antonio Caballero

Vean esta retroexcavadora nuevecita recién incautada a mineros ilegales en la selva y recién quemada y machacada para que no vuelva a servir. Todavía humea un poquito, me parece. La foto es del Ejército Nacional, responsable de la incautación, la quema y el machacamiento, y el titular de la noticia en el Nuevo Siglo del martes 6 de diciembre (página 32) es triunfalista: “Neutralizan 80 máquinas usadas para minería ilegal”. Como si fuera un triunfo.

Porque ¿qué quiere decir esa palabra en apariencia neutra, “neutralizar”? Se nota que es un término de la jerga castrense. A los militares los hemos oído hablar de “neutralizar” enemigos, lo que no significa volverlos neutrales, es decir, no participantes en el conflicto ni de un lado ni del otro, sino darlos de baja: matarlos. En el caso de las máquinas significa lo que vemos en la foto: incinerarlas para dejarlas inservibles. ¿Destruir las maquinarias que los criminales usan para el crimen puede ser considerado un triunfo sobre la criminalidad? Creo que no. Con todo respeto, como se dice ahora a troche y moche, con todo respeto por la estupidez humana, no necesariamente militar, me parece una solemne estupidez.

Un despilfarro. Un desperdicio. La incautación está muy bien. ¿Pero a qué viene la destrucción?, ¿la neutralización, como la llaman eufemísticamente? Cuenta el periódico, o le cuentan los militares al periódico, que “se pudieron inutilizar 53 excavadoras, nueve retroexcavadoras, 17 volquetas, 13 motobombas, 5 dragas, 8 canoas y 9 trituradoras”. Equipos que en vez de ser destruidos hubieran podido, hubieran debido servir: en vez de inutilizados, reutilizados, reciclados en la legalidad, puestos a realizar tareas benéficas. Porque una draga no es intrínsecamente criminal. ¿O es que acaso sobran en Colombia las retroexcavadoras y las trituradoras –para no hablar de los explosivos “de diferentes tipos”, que también fueron incautados y a continuación hechos estallar en un gran fuego pirotécnico, de los 8.020 metros de mecha lenta, de los 600 metros de cordón detonantes, de la maquinaria tipo dragón de procedencia brasileña. Aquí hablé alguna vez de un dragón de esos: una máquina tan impresionante como su nombre mitológico. De los 30 estopines ineléctricos, sean ellos lo que sean. La palabra “ineléctrico” no figura en el diccionario, pero conduce a “dieléctrico”, que debe ser algo que ni siquiera Thomas Alva Edison soñó. Y ya que ahí estamos ¿no sería aconsejable reutilizar también los conocimientos y destrezas en dielectricidad, inelectricidad y explosividad de las 175 personas capturadas en el operativo, en vez de enviarlas a engrosar el hacinamiento carcelario? ¿No hacen falta electricistas en los cientos de municipios olvidados por el estado y entregados a las mafias del crimen organizado? ¿No hacen falta excavadoras y retroexcavadoras, ocho canoas de pesca, no sé cuántas motobombas para sacar agua de un pozo?

Pero ahí vemos la retroexcavadora tirada como un juguete roto. Latas color naranja, chamuscadas y retorcidas por el fuego, un motor destapado, una oruga todavía casi intacta. ¿Y cómo diablos van a sacar ese cadáver de chatarra del rastrojo incendiado? Se necesitaría una retroexcavadora, o una grúa…

Tal vez traigan un tanque Cascavel de procedencia brasileña.

Así pasa también con las toneladas de juguetes de contrabando destruidas, cuando anda por ahí tanto niño sin juguetes. Con los miles de hectolitros de trago fino confiscados y tirados al caño, cuando tanta gente se queda ciega con consumir trago chiviado. Así confiscan, para después ejecutarlos, a los peces ornamentales de los acuarios, porque son ilegales.

Todo es aquí ilegal, empezando por las infinitas leyes y las cambiantes Constituciones. Este país, tan plagado de leyes insensatas, debería pasar en el Congreso una ley sensata, una, que le permitiera al Estado negociar con lo que incauta: vender esos miles de propiedades sometidas a extinción de dominio que les dan en administración a unos recomendados políticos mientras se van pudriendo o se las van robando

Como la maquinaria ilegal, como el licor de contrabando, como los animales exóticos, las autoridades también queman la droga que incautan. El año pasado incautaron 370 toneladas de cocaína, informan los periódicos, y las volvieron humo. Otra estupidez. Deberían vendérsela a sus habituales compradores norteamericanos: a la DEA misma, para que la distribuya. Sería la única manera eficaz de acabar con el tráfico ilegal, que no podría resistir la competencia.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.