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El orden y el desorden

Una reseña de 'Corazón de león' de Antonio Ungar y Santiago Guevara.

2016/11/22

Por Daniela Maldonado Castañeda

En Corazón de león, libro escrito por Antonio Ungar e ilustrado por Santiago Guevara bajo el sello de Babel Libros, un niño le pregunta insistentemente a su madre por qué en el colegio le dicen “Ordenadito”. Es un libro, entre otras cosas, sobre qué es el orden. Para este niño, en un principio, el orden es clasificar y agrupar lo que es semejante. El niño no se puede tomar la sopa con todos los alimentos revueltos y, por eso, tiene que separar todos los ingredientes. El orden no es la mezcla, sino la separación: la sopa es lo contrario del orden. Así mismo, el niño no ve el mundo como un todo, sino como las partes que lo conforman, pues su observación no es panorámica, sino detallada (en vez de ver la sopa, ve las papas, las letras de pasta y las verduras; en vez de ver el agua de la piscina, ve las baldosas; etc.).

Este niño cree que todas las personas ordenan el mundo como él lo hace. Sin embargo, cuando está en “la casa más ordenada del mundo”, se asusta al ver tanta perfección. El orden, entonces, da miedo. Todo lo que está ordenado en la casa parece que hubiera sido regañado. El mundo del orden es un mundo en blanco y negro.

El desorden aparece en el libro con un león enjaulado de un circo y una niña. La jaula del león está desordenada. Es decir, el orden solo existe para los seres humanos: un león no puede ser ordenado (y menos un león enjaulado). Además, el desorden aparece cuando se obliga a algo a estar en contra de su naturaleza: al león a estar en una jaula de un circo en vez de estar en la selva. No obstante, al niño le produce risa el desorden del león –y hasta le parece que los rugidos de este animal son carcajadas–. Es así como con el desorden llega la risa. La risa que conoce el niño con el león se vuelve una carcajada en la compañía de una niña. Con esta niña llegan los colores, los gritos y los sueños a la vida del niño (y llega, también, la posibilidad de tomarse la sopa revuelta).

Así, en este libro se muestra cómo se pasa del orden al desorden: de la insistencia de la pregunta a su olvido. El niño, al final, hace una lista de cosas desordenadas que le parece que se ven bonitas juntas. Con esto, se podría pensar, se establece no un desorden, sino un nuevo orden, pues es posible nombrarlo. Ya no se trata del orden en el que todo está clasificado de acuerdo con su semejanza, sino que se trata de un orden en el que todo puede estar mezclado y sin clasificar (papeles, frascos de crema, una toalla mojada y unos plátanos). El niño encuentra belleza en este nuevo orden. Además, el nuevo orden hace que se junte lo que no es igual; que pueda convivir lo diferente: el niño, en un sueño, va por entre las nubes detrás del león.

Este nuevo orden permite, también, el comienzo de una nueva propuesta (Frontera ilustrada) de la editorial Babel Libros. En este libro álbum, las imágenes están al principio y al final del texto, que está en el centro (como el corazón del león). Es interesante observar cómo, con este libro sobre el orden, la editorial decide empezar esta colección en la que las imágenes están divididas del texto. Sin embargo, las imágenes no solo dividen, sino que contienen, bordean y envuelven el texto. El texto está en el centro, como el fruto de una nuez, y las imágenes son las cáscaras. Sea frontera o sea nuez, con Corazón de león, Babel Libros decide ordenar de otra manera los libros álbumes: no como la sopa que el niño clasifica por ingredientes ni como la sopa que tiene todo revuelto, sino como una nueva sopa –como el nuevo orden con el que termina el libro– que está en el medio de las otras dos. En esta nueva sopa los lectores, como el niño, pueden encontrar la belleza.

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