La nueva primera ministra británica, Theresa May.

El Brexit: lecciones para un plebiscito

"Fue la pelea entre una verdad compleja y una mentira simple. Muchos de los errores que cometió la campaña por el 'remain' (mantenerse en la UE) deberían observarse con cuidado y tratar de evitarlos en la campaña por el Sí del plebiscito por la paz en Colombia."

2016/07/28

Por Sandra Borda

A pesar de que las encuestas apuntaban en esa dirección, a todo el mundo (literalmente) le cayó como un baldado de agua fría la decisión de los británicos de salir de la Unión Europea (UE). La campaña la definió Andrew Cooper con gran elocuencia: fue la pelea entre una verdad compleja y una mentira simple. Muchos de los errores que cometió la campaña por el remain (mantenerse en la UE) deberían observarse con cuidado y tratar de evitarlos en la campaña por el Sí del plebiscito por la paz en Colombia.

El primer error que cometió la campaña por el remain fue haber dudado en designar una cabeza visible desde el comienzo. David Cameron le tuvo miedo a profundizar una ruptura irreparable al interior de su partido por cuenta del referendo; varias figuras importantes de su colectividad defendían la salida de la UE mientras el abogaba por el remain.

Lección 1: No es buena idea hacer campaña desde una organización acéfala o, peor aún, pensar que se puede tener éxito sin organización, o con una organización descentralizada. Alguien tiene que apersonarse y apropiarse del Sí y meterle la ficha como si se tratase de su propia elección. Alguien tiene que contribuir a controlar el mensaje y disuadir a aquellos que creen que ayudan al Sí al tildar a sus oponentes de paracos, por poner un ejemplo. Las aguas tibias en estos escenarios son demasiado costosas. El dilema en Colombia es que el presidente Santos no puede ser esta figura o arrastraría toda su impopularidad haciéndole muy fácil la vida a aquellos que planean defender el No.

A pesar de que la campaña por el remain se inició tratando de construir un argumento racional alrededor de las consecuencias económicas que tendría el salir de la UE, en la medida en que la contienda electoral avanzó, la desesperación por lo que las encuestas dictaban hizo que se transitara hacia una campaña dedicada a promover el miedo y a prometer la debacle absoluta si no ganaba el remain. Como era de esperarse, la gente no creyó las amenazas y el ejercicio solo terminó por desprestigiar la campaña por el remain y fortaleció al Brexit.

Lección 2: La política del miedo no es una buena idea. Uno esperaría que a estas alturas el gobierno colombiano ya hubiese aprendido esta lección.

Confiarse y construir una campaña al vaivén de las encuestas es un error garrafal. El bando del remain le dio demasiado crédito a la racionalidad de la gente y subestimó el riesgo político identitario del Brexit. Se durmió en los laureles. Para cuando empezaron a sonar las alertas de las encuestas ya no había nada que hacer: ni Obama pudo salvar al remain de semejante golpe electoral. Ya para ese momento la opinión estaba tan inclinada hacia el otro bando, que la participación de Obama –el político más carismático del mundo– fue leída como una intervención en asuntos domésticos totalmente inaceptable.

Lección 3: Camarón que se duerme, y que solo despierta a punta de encuestas, se lo lleva la corriente.

Finalmente y para retomar a Cooper, una mentira fácil es más comunicable que una verdad compleja. El mensaje de los brexiters era simple: queremos volver a ser el Reino Unido de antaño, de los años cincuenta, sin mezclas, sin regulación, sin diversidad, sin cosmopolitismos. El mensaje del remain era mucho más complicado y no contaba con un argumento identitario tan sólido. Nadie se atrevió a sugerir “queremos ser europeos” como eslogan y les dejaron a los expertos la tarea de explicarle al ciudadano común y corriente el impacto económico que traería el dejar Europa. Como era de esperarse, la gran mayoría no entendió mucho. Los expertos simbolizan un tipo de autoridad, pero usualmente no son grandes comunicadores.

Lección 4: A pesar de que la campaña por el Sí tiene el poder de ser más esperanzadora y alentadora, su mensaje es complejo y se basa en una invitación a un futuro incierto en el que el resultado de las negociaciones de paz puede adoptar cualquier forma: desde la entrega del país al castrochavismo hasta una Colombia ridículamente armoniosa tipo comuna hippie (dependiendo de quién hable o quién escriba). La campaña por el No (o por el abstencionismo), al contrario, invita a mantener un statu quo conocido por todos con el mensaje bien fácil y básico, pero también potencialmente mentiroso, de que es mejor situación mala conocida que buena por conocer.

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