Ciudad árabe (1905) de Vasili Kandinski.

Mil y una revoluciones

Reseña de 'Brújula', del escritor francés Mathias Enard. Le valió el Premio Goncourt, uno de los más antiguos y célebres reconocimientos de la literatura europea, que ha premiado a autores como Marcel Proust, Simone de Beauvoir y André Malraux.

2017/02/24

Por Matilde de los Milagros Londoño

En 2015, y gracias a su novena obra publicada, Brújula, el escritor francés Mathias Enard entró a formar parte de la prestigiosa lista de ganadores del Premio Goncourt, uno de los más antiguos y célebres reconocimientos de la literatura europea, que ha premiado a autores como Marcel Proust, Simone de Beauvoir y André Malraux.

La novela comienza con una descripción efímera y metafórica que hace el musicólogo austriaco Franz Ritter, narrador y protagonista de la historia, del paisaje vienés que observa a través de su ventana mientras cae la noche. Según cuenta, acaba de ser diagnosticado con una enfermedad mortal y el lenguaje erudito y melancólico de sus anotaciones anuncia una nostalgia que no logrará esconder ni detrás de sus más vastos recuerdos. Ritter no consigue quedarse dormido y las casi quinientas páginas del libro corresponden a los recuerdos que lo desvelan y que suceden, en su mayoría, en el húmedo Oriente Medio. La única característica de la narración que pareciera coincidir con su fiebre es la presencia recurrente y casi obsesiva de Sarah, una brillante y elusiva académica francesa fascinada “por la muerte y la perversión, el crimen, el suplicio, la antropofagia, los tabúes y el suicidio”. El resto de la narración es en cambio demasiado lúcida para ser un testimonio afiebrado, y pareciera que el esfuerzo descriptivo respondiera más a una urgencia del protagonista por esconderse, que de encontrarse en el otro y en lo otro.

El contenido de esta novela publicada por la casa editorial Random House y descrito como “un fabuloso texto, digno de Las mil y una noches, sobre las mil y un maneras en que Oriente revolucionó el arte, la literatura y la música” podría resumirse en una larga lista de recomendaciones literarias, musicales y turísticas para que Occidente conozca “de veras” al lejano Oriente y su cultura. Ese propósito de reivindicar y sacar del anonimato a las innumerables contribuciones que ha tenido el mundo cultural de Oriente en la cultura europea se sigue sintiendo tan arrogante como el colonialismo con el que las “contribuciones” se lograron en primera instancia.

Las voces que nos describen al mundo árabe con sus monumentos y desiertos siguen siendo unas voces blancas incapaces de ceder, realmente, el protagonismo y son pocos los momentos en el libro en los que la palabra la tienen los mismos árabes. El testimonio de Ritter, aunque curioso y riguroso en términos académicos, no es más justo con la historia del conocimiento, aunque sí, tal vez, más engreído y pretencioso. Brújula es un mapa lento y detallado con una población de personalidades que son solo reconocibles por los más eruditos. Si no fuera por la hermosa sensibilidad de los momentos de introspección del protagonista, y por la vital inteligencia de Sarah, habría sido difícil acompañar al musicólogo en su noche de insomnio. Eso sí, queda uno con ganas de probar el opio, conocer Damasco, leer La lechuza ciega del iraní Sadeq Hedayat, volver a leer a Kafka, y oír, una y otra vez, a Gustav Mahler.

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