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El último adiós

Una reseña de 'Canción de dos mujeres' de Gonzalo Mallarino.

2016/10/26

Por Jaime Arracó Montoliu

Adriana es joven y se está muriendo. Está tumbada en la cama, a merced de intensos dolores en los huesos, en la cabeza, en el alma. Está a merced de sus recuerdos también, que, incesantes, invaden su mente. Está en Bogotá, una ciudad vista con ojos afectuosos por el conocimiento que le ha dado. Alrededor de su cabeza orbitan entonces los planetas que la obsesionaron y obsesionan cada vez más, ahora que se va. Con la poca energía que le queda, da luz a un mensaje definitivo, final. Con las trovadoras del siglo XII, la idea de una Europa romántica, la música, la familia, el miedo, el amor, uniendo dos vidas llenas de dolor. La vida de Adriana y la vida de Anne. Ella es más joven, se conocieron en Estados Unidos. Con obsesión, con miedo, con esperanza. Y se amaron, ese amor es el que la mantiene ligada a la vida. Lo único que le importa es su vida a su lado. Pero Ana, como la llama Adriana, ya no está con ella.

La protagonista nos narra al oído esta historia, ¿o se la escribe a Ana?, ¿es el padre de Adriana el que copia el dictado de su hija? Esto no nos lo dicen ni Adriana ni Gonzalo Mallarino, que con una sensibilidad fuera de lo común inspira una historia sobrecogedora.

Mallarino se viste de mujer y encuentra una voz apasionada, inteligente, en Adriana. Con esa piel, revisa la historia de la mujer a través de los siglos, su fragilidad, su genio, su arte, su belleza, sus deseos. Una voz movida por la curiosidad, por el amor. El amor creador pero también ese amor que es lo más doloroso del mundo. Canción de dos mujeres es una novela que piensa el amor como antídoto de todo, de lo que existe y de lo que no. Como esos recuerdos en los que Ana es casi obligada por Adriana a amarla sin censuras. Si yo te amo así, hazlo tú también, por favor. Adriana le concede a los recuerdos una forma de vida real. Extraña también, muy delicada. Y es que cuando sientes el amor más hondo, estás expuesto a sentir esa tristeza que se lleva vidas.

La narradora, dueña de todo menos de certezas tranquilizadoras, va descubriendo que todos en su vida están marcados por la confusión y los desaciertos que esta trae.

Adriana nos cuenta los secretos de Ana, los que ella no querría contar y menos recordar, siendo tan hermética e insensible como es. El drama familiar la hizo así.

En un tono poético e inconsolable, imperioso y desesperanzado, Adriana delira ansiosa de amor y propensa a pensar en exceso. Los recuerdos la cansan y la alteran, pero le dan vida, esa que se le está yendo. Tiene una gran habilidad para advertir grandes dosis de felicidad insinuándose en la más profunda tristeza que carga desde que nació.

Hay una ternura ajena a lo grotesco que muestra un mundo limpio y fresco.

Está la ingenuidad de dos mujeres desorientadas. Conmovidas por su torpeza, por el alcance de sus sentimientos. Cada recuerdo hace que las anécdotas sean vitales a golpe de descripciones simples, cercanas, humanas. Al testimonio no le falta nada y la sencillez hace que esta declaración de amor sea arte, el arte de vivir. Adriana parece temer que con ella se irán más vidas, porque siempre ha cargado con ese peso. Desde siempre a disgusto con su propia existencia.

En medio de las alucinaciones de la enfermedad, la historia se ve atravesada por la tragedia, por desventuras familiares que han moldeado a Ana y a Adriana. Dos sufridoras innatas, dependientes, obsesivas, fusionadas por un miedo que, en vez de desvanecerse, se convierte en un monstruo incorregible.

Y ahí detrás de estas dos mujeres está Gonzalo Mallarino, un escritor valiente, entregado, necesario. En este libro, que es poesía, son tan importantes los árboles como los huesos, las palabras como el viento, los párpados como el universo mismo.

Canción de dos mujeres | Gonzalo Mallarino | Alfaguara |  $42.000

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