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Un canto poético

Una reseña de 'Deslumbramiento' de Carlos Framb.

2016/11/22

Por Mateo Navia Hoyos

Deslumbramiento no es la autobiografía de un poeta. Es el canto poético de un hombre, Carlos Henao Alzate, que se nombró Carlos Framb porque fusionaba su cariño a la palabra frambuesa, y el acrónimo que resulta de fraternidad, misterio y belleza. En 2007, Framb protagonizó una barahúnda mediática en Colombia, luego de sobrevivir a su suicidio, después de haber asistido la muerte de su madre, Luzmila Alzate.

En Deslumbramiento, Framb repite el gesto de sus anteriores libros –Antínoo, Un día en el paraíso y Del otro lado del jardín–: atestigua y hace poesía el Universo. Universo con U mayúscula, ese “cuenco de la mano” en el que desearía albergarlo todo. Poesía el Universo, porque si en Un día en el paraíso conmemora el big bang, le canta al cosmos, a la Vía Láctea, a la supernova, a los astros, a Fomalhaut, a las estrellas, a la Tierra y a las moléculas, en Deslumbramiento confiesa que desde los 6 años comenzó a buscar con asombro las estrellas, cuando descubrió durante “una noche de navidad, al observar los bombillos que adornaban la aguja de la iglesia carmelita… la inmensidad del Universo”.

Deslumbramiento comienza con la descripción de la formación de un ser vivo en el vientre de la madre, y le sigue el canto de la vida propia entre familiares y amigos.“Ya se desprende la partícula del ser y la célula germinal es fecundada, ya la simiente –fina hebra que custodia la memoria de la vida– se escinde y multiplica, se arrastra, se adhiere y como un diminuto pez adormecido crece y cambia, ya arborece el cerebro donde el tiempo ha de pensarse, despunta el sexo y desciende en busca de su nicho el corazón…”.

Hacia el final del libro, Framb relata que pensaba suicidarse el 24 de octubre de 1998 cuando cumpliría 35 años, imitando el intento fallido de suicidio de Jorge Luis Borges del 24 de agosto de 1934 en su cumpleaños número 35. Framb viajó a Buenos Aires, se trasladó a Adrogué, el mismo lugar elegido por Borges, pero al llamar a su casa, y escuchar la voz de su madre y los ladridos de su perro Bambino, comprendió que todavía no había agotado su destino.

La lectura de Deslumbramiento, hay que confesarlo, es un viaje guiado por el canto de un poeta; aquel de quien Alberto Aguirre describió su escritura de manera diáfana y certera: “El verbo de Framb es alquitarado: qué pureza la de su palabra, libre de todo musgo. Límpida como canto rodado. El lenguaje sobrio, pero a la vez jugoso. El verbo acendrado encuentra muy al fondo sus aguas manantiales y de ahí su frescura. La poesía como especie de alquimia”.

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