Carolina Sanín.

Sobre el insulto “parido por el ano”

"Soy vulgar como lo era Dante y como lo fueron los poetas del Siglo de Oro español. Uso la lengua del vulgo, es decir, la de todos".

2017/01/24

Por Carolina Sanín

Ya que, para mi sorpresa, ha causado tanta fascinación y espanto entre el público la altisonante expresión “parido por el ano”, acuñada por mí hace unos años y usada por mí desde entonces en un puñado de ocasiones, consideré que podría tener buena acogida entre ese mismo público el que yo me detuviera a mirarla durante un rato en este espacio. Debo comenzar por decir que, según me informa una amiga nortesantandereana, parece que la expresión ni siquiera es original mía, como pretendo; que se oye en Cúcuta desde hace mucho tiempo, pero en la forma “parido por el culo”, que quizás sea más fluida y sonora que la mía, pero que tiene la desventaja de ser menos gráfica y exacta. Sea, pues. Debo aclarar, no obstante, que nunca había oído el calificativo antes de proferirlo, o que al menos no lo recordaba conscientemente.

Desde hace tiempo me di cuenta de que la labor de todos los humanos que asumen su humanidad es la de observarlo todo: el espectáculo de cuanto existe y es perceptible. Por tanto, la frase “parido por el ano” no debe ser discriminada negativamente por mí como objeto de observación, así como no debe serlo ninguna otra cosa existente.

Como bien se sabe, todos los mamíferos, el hombre incluido, nacen de la vagina de una hembra —su madre— por parto natural, o bien son extraídos del vientre de una hembra —su madre— por medio de una operación cesárea. Ser parido por el ano es, entonces, un absurdo y un imposible. Ninguna persona puede ser parida por el ano, lo cual hace que el insulto que nos ocupa sea, en primer lugar, vacuo. Ahora bien; del ano sale la materia fecal (que no fetal), a veces fácilmente y a veces —en el caso de los estreñidos— con dolor y dificultad, lo que hace que se asimile su expulsión a un parto. En virtud de una operación metafórica, llamar a alguien “parido por el ano” es llamarlo “mierda”, o “bollo de mierda”, o “cagada”.

Con suficiente confianza puedo suponer que quienes se han escandalizado por la composición y el empleo de la frase “parido por el ano” han oído y usado el término “malparido”, que equivaldría, en un nivel de menor concreción, a la frase susodicha, y que también han dicho u oído decir que alguien es “una mierda” o “la cagada”, sin por ello condenar la obra y la vida de quien ha pronunciado tan desalentadora sentencia. ¿Qué es, entonces, lo que parece imperdonable de mi insulto, que, como ha quedado claro, es más un chiste que una injuria debido a su inutilidad para describir efectivamente el nacimiento de un ser humano? ¿Lo imperdonable es que yo no me haya acogido al convencional, pabloescobaresco e inconsciente “malparido” —que nadie sabe qué significa pero que todos repiten—, y en cambio haya compuesto una nueva fórmula, más explicativa, que hace consciente a quien insulta de estar insultando y advierte al insultado de estar siendo insultado? ¿O lo imperdonable es que una mujer use una pizca de ingenio —ni siquiera mucho— para armar un insulto?

Ahora que me detengo a mirarlo, encuentro que hay algo especialmente interesante en mi insulto predilecto: si uno le dice a alguien “parido por el ano”, excluye la participación de una mujer en el nacimiento de ese alguien. Un parido por el ano puede haber sido —en el espacio fantástico que el insulto abre— parido por un hombre, ya que los hombres tienen ano tanto como las mujeres. Mientras que el ubicuo “hijo de puta” —que por cierto no deja de ser un buen insulto, usado a menudo por mí, lindo y hasta usado por don Quijote (flor y nata de la caballería y espejo de toda bondad)— sugiere que la persona que es blanco del insulto no tiene padre, el “parido por el ano” sugiere que no tiene madre. Mientras que la condición de “malparido” puede imputársele a una madre que parió mal, el “parido por el ano” no. Mi insulto, pues, hace que cambien las cargas de género de los ya consabidos, desgastados y un poco aburridores insultos genéricos —en el sentido de “comunes”, y también de “referentes al género” (hago la aclaración habiéndome resignado a que en este país hay que explicar toda ironía)—.

Establecido lo anterior, es forzoso concluir que la exagerada condena a la expresión “parido por el ano” conlleva una evidente hipocresía y procede del mal empleo del tiempo libre, de la falta de observación, de la carencia de mejores argumentos para descalificar el carácter de su usuaria y también —o sobre todo— del deseo de ciertos señores y señoras de repetir el insulto una y otra vez, así sea con el pretexto de eliminarlo del vocabulario ajeno.

Soy vulgar como lo era Dante y como lo fueron los poetas del Siglo de Oro español. Uso la lengua del vulgo, es decir, la de todos. Cuando no me critican por usar “procacidades” y “hablar como un camionero” (aquellos que seguramente no han oído a ningún camionero hablar, ya que creen que todos los camioneros hablan del mismo modo, y que no reprimen su clasismo al criticar el uso del lenguaje según los oficios de sus usuarios), me critican por elaborar textos demasiado “complejos” y “rebuscados”, en los que “se hila demasiado fino” y se usan palabras que, según ellos, “hay que buscar en el diccionario”. Eso me alienta, ya que fui parida por una vagina —y a veces reparida por el culo del diablo, como Dante, cuando sale del Infierno— con el principal propósito de conocer, amar, inventar y usar mi lengua: toda mi lengua y todas sus palabras, pues todas son bellas y cada una tiene su nobleza.

Vean a una mujer que quiere adueñarse de su idioma. Y si esto los hace sentirse castrados, señores, y si esto las hace resentir los límites que les han impuesto y que ustedes han aceptado, señoras, eso es problema de ustedes. Solucionen su problema. Conozcan y usen su lengua; aprovéchenla, retuérzanla, aféenla, hermoséenla, incluidas las “malas palabras”, si acaso sienten la inclinación. No permitan que el estreñimiento —que acaso los hace cagar como si parieran— se les encarame a la garganta. Diviértanse con nuestro idioma común como me divierto yo, y mediten sobre las implicaciones de esta preciosa coincidencia: que en español el término “escatología”, que designa el conjunto de creencias en el porvenir del hombre después de la muerte, se dice igual que el término “escatología”, que da nombre al conjunto de los chistes y las anécdotas relacionados con los excrementos.

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