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Un cubrimiento imaginado: 'Alto rendimiento' de Carolina Sanín

El libro narra las aventuras imaginadas de la autora en la Villa Olímpica de Río de Janeiro. Recomendado a todo aquel que quiera mirar desde otro lado, mucho más íntimo, a ese personaje mediático que Sanín ha construido, como construye los de sus libros.

2017/02/24

Por Sara Malagón Llano

Alto Rendimiento se compone de pasajes cortos que narran las aventuras imaginadas de Carolina Sanín en la Villa Olímpica. Los pasajes fueron publicados originalmente en Facebook durante los Juegos de Río, dibujando en su momento, y también después en su conjunto, una especie de realidad paralela de los Juegos. Como pequeñas ensoñaciones, o como imágenes fragmentarias, se asemejan a la manera como pensamos: una idea viene, luego es reemplazada por otra que se va, a veces alguna vuelve y se repite varias veces. La puntuación ayuda: los pocos puntos que usa Sanín, aun cuando cambia de idea, hacen pensar en el fluir ilógico de los sueños y las fantasías. En un mismo pasaje, una imagen se precipita sobre la siguiente sin cortes, pero con naturalidad.

Cada texto conserva la fecha y la hora de la publicación virtual, y con ello se marca el paso del tiempo y el momento real de la escritura, cosa que hace que este libro sea particular, en tanto que no es solo un producto terminado que llega limpio a manos del lector. Su construcción es accesible. A diferencia de otros, este –que también es raro porque es a la vez diario, crónica inventada y fragmentaria, entrevista y confesión– revela su proceso de escritura, el hecho de que su soporte o borrador reposa de manera dispersa en una plataforma digital, en tiempos en que están casi perdidas las ideas de archivo y manuscrito: las huellas que dejaba el autor más allá de los libros terminados. Si uno quisiera descubrir ese soporte podría ir hacia abajo en la página de Facebook y explorar cada publicación. Allí encontraría a los otros, es decir, al juego que ella dice que fue la escritura de este libro y la razón por la que lo llama un ejercicio “de escritura colectiva”. Algunos le pidieron que fuera a ciertos lugares e hiciera ciertas cosas a la voz que narra, que es Sanín y no es Sanín al mismo tiempo, como en un sueño. “La multiplicidad del ser humano, que es la dignidad del ser humano”, dice ella, “implica que uno nunca sea uno. Es angustiante cuando uno empieza a sentirse un impostor en todo lo que hace”. La impostura es, de hecho, uno de los temas de este libro.

Aunque la creación en este caso se dio gracias a la tecnología, a la comunicación y transmisión inmediatas que permite, como lo dijo Manuel Kalmanovitz –ilustrador y editor de Alto rendimiento– en la noche del lanzamiento, este es también un libro anacrónico porque revela una forma de “cubrir” los juegos que se contrapone al cubrimiento total de las cámaras. Además de invención, hay vacíos y episodios abiertos. Y así son los dibujos: algunos literales, otros sugerentes.

También es un libro para conocer a otra o a muchas Carolinas Sanín. El tono varía, y con ello va cambiando la imagen que el lector tiene de ella. El personaje chistoso, inocente y a veces patético se convierte al final en otro más vulnerable, que se cuestiona, confiesa sus propias frustraciones y revela cosas sobre sí. Recomiendo este libro a todo aquel que quiera mirar desde otro lado, mucho más íntimo, a ese personaje mediático que Sanín ha construido, como construye los de sus libros.

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