Jugadores del Chapecoense de izquierda a derecha (de pié), el portero Danilo, Mateus Caramelo, Cleber Santana, Willian Thiego, Neto, y Josimar y (abajo), Kemps, Gil, Tiaguinho, Ananias y Dener. Foto: Chapecoense / EFE / Marcio Cunha

El periodismo y las tragedias

En medio de las tragedias recientes que han sacudido al país, es preciso recordar la responsabilidad que tienen los medios de comunicación y los periodistas a la hora de reportarlas. Aquí, algunas reglas que no se pueden ni se deben olvidar.

2016/12/09

Por Sandra Borda

Al momento de escribir esta columna todavía está vivo y latente el dolor que produjo en Brasil y Colombia el accidente que sufrió el avión que transportaba a todo el equipo Chapecoense que se dirigía a la ciudad de Medellín. Y otra vez, es un momento en el que es preciso recordar la responsabilidad que tienen los medios de comunicación y los periodistas a la hora de reportar estas tragedias. A veces, en medio de la inmediatez se tiende a olvidar el tacto que todos los que trabajamos en este gremio debemos tener cuando se trata de lidiar con el inmenso dolor que pueden estar experimentando otros. Momento entonces, para recordar algunas reglas que no se pueden ni deben olvidar:

La Society of Professional Journalism destaca que la primera regla de oro en estos escenarios consiste en mostrar compasión por aquellos que puedan verse afectados en forma adversa por el cubrimiento noticioso. La tendencia inicial de los análisis y el reportaje en las tragedias, y la tendencia de los seres humanos, en general, es a buscar responsables para castigar y enjuiciar públicamente. Así sucedió con la controladora aérea en el caso de la tragedia del Chapecoense: a solo dos días y sin que mediara investigación de ningún tipo ya estaba recibiendo amenazas de muerte por cuenta de la exposición de la que fue objeto por parte de los medios de comunicación. Estos tienen la responsabilidad de controlar el instinto inquisitorial humano. De ninguna forma es aceptable que periodistas y analistas se dediquen a azuzarlo.

Un medio brasileño dio una lección de la segunda regla que es digna de imitar. Esto informaron en su cuenta de Twitter: “Con el objetivo de demostrar respeto y debido a una decisión de carácter editorial, no se publicará (en el día de la tragedia) ninguna entrevista con miembros de las familias de las víctimas”. Es una muestra de cómo aproximarse a la noticia con respeto por el dolor de aquellos que sufren, de reconocer y aceptar la necesidad de tiempo e intimidad de los familiares para sanar y procesar su pérdida.

Las “chivas”, en estos escenarios de tragedia, conllevan varios riesgos: en primer lugar, la gente percibe una incapacidad del medio de comunicación o del periodista de solidarizarse con los que sufren. El ruido que produce un medio cuando anuncia una primicia atenta contra la sobriedad y el respeto que requiere una situación de estas. Adicionalmente, el daño que puede producir una “chiva”, si resulta equivocada, es más grande que el que produce en una situación normal. La forma en que los periodistas y los medios decidan cubrir las tragedias afecta directamente el tipo de reacción que las personas tienen frente a las mismas. Si la información no es veraz o acertada, se juega de una forma inadmisible con el duelo de una comunidad que intenta lidiar con un dolor profundo.

En el mismo sentido, la especulación sobre las causas de estas tragedias es irrespetuosa, particularmente con las víctimas. En un momento de pérdida, cuando nadie entiende cómo ni por qué sus seres queridos han fallecido, dedicarse a jugar con hipótesis sin ningún asidero en la realidad es irresponsable e insensible. El mejor camino para un periodista y para un medio es investigar mucho, a profundidad y con rigurosidad; recurrir a expertos y tratar de reconstruir lo sucedido con gran tacto, teniendo siempre en mente que aquellos que han perdido a sus seres queridos buscan con frecuencia respuestas en los mismos medios de comunicación. No jugar con las expectativas de las familias de las víctimas y de la audiencia general es un deber ineludible.

Lo dijo con claridad Samuel Castro en su cuenta de Twitter: “El periodista responsable debe prepararse para las transmisiones en vivo, repasando adjetivos posibles para las situaciones que describirá”. Las tragedias nos dejan a muchos sin palabras. A mí, particularmente, me sucede que siento banales y superficiales las discusiones cuando hay tanto sufrimiento de por medio. La única forma de sobreponerse a esto es estudiando, leyendo, investigando. En estas situaciones el uso del lenguaje es de gran sensibilidad y cada expresión debe ser escogida con enorme cuidado para que no cause daño o revele insensibilidad.

Y, finalmente, un medio jamás debe presentarse como un obstáculo, sino más bien como un facilitador cuando se trata de brindar alivio. Antes que camarógrafos y reporteros, somos seres humanos y es importante jamás transmitir algo que devele que ese orden de prioridades se ha invertido. Atravesar una cámara cuando se intenta transportar un herido a una ambulancia es algo que jamás deberíamos ver. El mundo necesita más gente como David Blandón, dispuestos a abandonar su cámara (a pesar de tener la primicia) para ayudar a los heridos.

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