Foto: Guillermo Torres.

Disparos certeros: 'Contenido explícito' de Juan Sebastián Gaviria

Un repaso por la trilogía compuesta por 'Shotgun zen', 'Mojave flowers' y 'El futuro' del escritor colombiano.

2017/03/24

Por Ángel Castaño Guzmán

Al concluir la lectura de Contenido explícito –trilogía compuesta por Shotgun zen, Mojave flowers y El futuro–, la reciente empresa ficcional de Juan Sebastián Gaviria, recordé el argumento central de Mis tres comparsas, un polémico y juguetón ensayo de Tom Wolfe. En algún pasaje del texto el reportero y novelista gringo afirma sin titubeos que el “artista debe aprender a combinar lo sublime con lo intensamente real”. Alejado de las modas editoriales –la metaficción y sus derivados-, Gaviria se sumerge en la ambigüedad de las relaciones afectivas para lograr un registro estético cargado de adrenalina y violencia. En efecto, los personajes principales de las narraciones –Carter Atwood, Lester Ramsay y Caleb Roarke– pisan a fondo el acelerador en una actitud desafiante y provocadora. Las convenciones sociales les importan un higo ante la urgencia de salvar el pellejo propio y el de sus seres amados. No hay vuelta de hoja: o se elevan al estatus de depredadores o terminan en las fauces de otro más listo y salvaje.

En Shotgun zen, los hermanos Atwood recorren las agrestes planicies del sur de Estados Unidos huyendo de un sheriff demente y de un veterano de Vietnam convertido en asesino a sueldo. Los rituales de cacería de codornices y las descripciones del par de escopetas Browning Midas son los puntos altos de un relato no desprovisto de incesto y parricidio. En Mojave flowers, por su parte, Gaviria apela al tono de la pulp fiction para seguirle los pasos a Lester Ramsay en el hurto de un guion de cine que pone en jaque los nervios de una cofradía religiosa preocupada por tijeretear imágenes sexuales de las películas. En el camino, Ramsay cambia para siempre al desvelar una faceta de su hija. El libro culmina con El futuro, la historia de Caleb Roarke y los pioneros de un deporte suicida: el de hacer saltar por los aires los récords de velocidad de las motocicletas. La trama y la prosa de las dos primeras novelas rozan por momentos los universos de Cormac McCarthy y de Jim Thompson. La pericia narrativa de Gaviria se evidencia en el manejo de los diálogos y en la creación de escenas que erizan los pelos y cortan el aliento. Contenido explícito es una apuesta formidable: el escritor se juega la piel en un desafío de todo o nada.

La novela es el género literario adecuado para hacer las veces de sismógrafo de la cultura. Amén de hipnotizar, los ficcionistas de largo aliento pueden –¿deben?– soslayar las demandas del mercado y dejar registros de las subterráneas corrientes de ideas, sueños, pesadillas y ambiciones del grupo social al cual pertenecen. En Contenido explícito, Gaviria fija la lupa en la pasmosa fragilidad del destino humano y en los umbrales que la desesperación puede hacer trasponer a los sujetos cuando las contingencias del mundo los llevan contra las cuerdas del ring. Reconforta encontrar en los estantes de las librerías novelas de este calibre, compitiendo de tú a tú con los best-sellers.

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