The Beatles en el lanzamiento del álbum 'Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band'. Foto: John Downing.

Cuando el rock alucinó el futuro

Hace medio siglo, en 1967, se terminó de cocinar en ambas orillas del Atlántico el movimiento que cambiaría para siempre la historia del rock. Pink Floyd, The Beatles y Beach Boys, entre muchos otros, se adentraron por la senda de las drogas sintéticas como el LSD para llevar al paroxismo aquella eclosión psicodélica que reverberó por todo el mundo. ¿En qué consiste su legado?

2017/03/24

Por Jacobo Celnik* Bogotá

En noviembre de 1966, George Harrison y John Lennon acudieron puntuales a una cita con el Daily Mirror. La prensa inglesa no dejaba de preguntarse por qué la banda más grande del planeta había desaparecido del espectro público. Mucho se especuló sobre las causas, entre ellas la terrible experiencia vivida en Filipinas durante la promoción de Rubber Soul. Imelda Marcos, esposa del entonces dictador Ferdinand Marcos, les cobró a los cuatro músicos de Liverpool no asistir a una recepción en su honor. Los despojó de toda protección policial, dejándolos expuestos a una multitud histérica. The Beatles regresaron exhaustos a Estados Unidos para cumplir con otros conciertos durante el mes de julio, pero se encontraron un panorama dantesco. Descubrieron que una treintena de emisoras había dejado de emitir su música y una turba rabiosa quemó sus discos. Le cobraron a John Lennon haber dicho: “Somos más famosos que Jesucristo”.

The Beatles se alejaron del ruido en aras de la creatividad y la paz. “El silencio nos ha dado la oportunidad de reconsiderar las cosas. Llevamos cuatro años haciendo lo que los demás quieren. Ahora es el momento de hacer lo que nos plazca. Cualquier cosa que hagamos tiene que ser real y progresiva”, le dijo Harrison al Mirror. Sin saberlo, sus declaraciones fueron proféticas. En 1966, el mundo de la música dio un salto definitivo que permitió la génesis de la psicodelia, una de las etapas más prolíficas, ricas y significativas del desarrollo del rock. Un momento en el que varios factores se alinearon gracias a un laboratorio creativo único e irrepetible, donde convivieron estudiantes de arte, diseño y arquitectura, con disqueras, medios, músicos, poetas, literatos, artistas plásticos, cineastas y diseñadores de moda, todos alineados por el consumo de drogas sintéticas como el LSD.

Uno de los tantos factores que potencializaron esa explosión creativa fueron los Beach Boys. En mayo de 1966, los californianos lanzaron el álbum Pet Sounds, obra maestra concebida por Brian Wilson durante una crisis emocional. Con arreglos innovadores para el rock (vientos, efectos de sonido y orquesta) y avances en producción como consolas de cuatro y ocho canales, ese trabajo incluyó grandes canciones como God Only Knows, Wouldn’t It Be Nice, Here Today y Good Vibrations (excluida del álbum, pero lanzada a finales del 66 como sencillo). El trabajo se presentó primero en Estados Unidos y posteriormente en Europa. La disquera quiso ser cautelosa y envió a un promotor a Inglaterra para tantear el mercado y, de paso, hacer algo de relaciones públicas. El viaje incluyó sesiones de escucha con algunos famosos como Keith Moon y Pete Townshend, de The Who. Otros privilegiados fueron Lennon y McCartney. “Quedaron sin palabras y escucharon el disco tres veces”, recordó el promotor Bruce Johnston.

El álbum Pet Sounds, junto con el tema Like a Rolling Stone, de Bob Dylan –con piano y órgano como estandartes melódicos–, y los cuatro minutos dieciocho segundos de The House of the Rising Sun, de The Animals –primer hit radial con más de tres minutos de duración–, ayudaron a dividir las aguas del rock. Se rompieron las fronteras y bienvenida fue la experimentación, y otras formas de componer, grabar y producir las canciones. The Beatles fueron los primeros en darse cuenta de ello y adaptaron el nuevo esquema propuesto por Wilson en Here, There and Everywhere, incluida en Revolver (agosto de 1966). Luego The Who siguió los pasos de los Beach Boys en el álbum A Quick One. La canción A Quick One, While He’s Away –primera miniópera del rock– es toda una amalgama de texturas, capas y colores, con ecos, música electrónica, coros a capela y reverberaciones, un paso agigantado en el rock. Por último estaba una banda de Cambridge, conocida como The Pink Floyd Sound (más tarde, Pink Floyd). De la mano de la locura creativa de Syd Barrett, completaron las piezas de ese rompecabezas musical fascinante. El rock cambió y The Beatles lo sabían. Ahora el balón estaba en su cancha y debían dar el siguiente paso si querían crear una corriente.

Las puertas de la percepción

La futura psicodelia en la música rock recibió su primer soplo de vida el 24 de noviembre de 1966. The Beatles se reunieron en los estudios Abbey Road, después de tres meses de un merecido descanso. Desde los primeros días del mes, Lennon trabajaba arduamente en algunas ideas. Una de las canciones evocaba algo de nostalgia por los orfanatos y la infancia en Liverpool. Montó en solitario una maqueta con guitarras acústicas y se la presentó al grupo. De entrada hubo una ruptura radical con algunas costumbres del pasado, como llamar a Paul para que trabajaran conjuntamente. Con George Martin en la consola, la banda ensayó los primeros acordes de Strawberry Fields Forever, un viaje surrealista al interior de un ser atormentado con fantasmas del pasado. “Siempre vi las cosas de un modo alucinado, más allá de la máscara. Para mí el surrealismo es la realidad. La visión psicodélica de la realidad”, le dijo Lennon a Rolling Stone en 1980. Esas declaraciones son determinantes para comprender el paso agigantado que estaban a punto de dar The Beatles y el resto de bandas británicas.

Londres era el centro del universo del rock. Clubes como el Marquee y el UFO fueron definitivos para la consolidación de una movida underground que aún no tenía nombre, pero que inquietaba por su propuesta estética, visual y sonora. En esa fase previa de la psicodelia apareció la figura del cineasta Peter Whitehead, reconocido por su trabajo junto a The Rolling Stones en 1965, para el documental Charlie Is My Darling. En los estudios Techniques de Londres, Whitehead captó a Pink Floyd tocando dos piezas instrumentales: Interstellar Overdrive y Nick’s Boogie. La filmación, de 30 minutos, es un collage que incluyó además imágenes de las noches psicodélicas del UFO y un happening de Yoko Ono. Basta con escuchar los 16 minutos del primer corte del microfilm para comprender hacia dónde se dirigía la música rock. El 11 de enero de 1967, la psicodelia fue preconcebida en forma y fondo. Su bautizo oficial tardó seis meses.

Pink Floyd, con Syd Barret (al frente) aún en la banda, en 1967. Foto: Keystone -France.

Un día en la vida

El 17 de febrero de 1967, The Beatles lanzaron el doble sencillo Strawberry Fields Forever/Penny Lane. La idea original de Lennon y McCartney era incluirlas en el siguiente álbum, aunque la presión de emi pudo más, pues llevaban ocho meses sin novedades en el mercado y grupos como The Rolling Stones (Let’s Spend the Night Together, éxito en enero del 67), The Kinks (Dead End Street, éxito en enero del 67), Cream (I Feel Free, éxito en enero del 67) y The Who (Happy Jack, éxito en enero del 67) sonaban todo el tiempo. Así que ambas canciones lanzadas por The Beatles dieron un golpe certero al establecimiento del rock y abrieron la mente de las bandas que buscaban con afán cómo encajar en una escena que había dado un salto cualitativo sin precedentes.

El impacto de Strawberry Fields cruzó el Atlántico y llegó hasta Nueva York con los trabajos debut de los Velvet Underground y Vanilla Fudge. También hasta San Francisco gracias a Jefferson Airplane y el sencillo Somebody to Love. En mayo de ese año, a los ingleses Procol Harum se les ocurrió mezclar, en Whiter Shade of Pale, poesía con el pop, el soul, el R&B y la música de Bach. La banda The Nice –de donde salió el teclista Keith Emerson–, y The Moody Blues con Days of Future Passed (Nights in White Satin) siguieron los pasos de los Harum y crearon el rock sinfónico, antesala del rock progresivo. Fue el momento en el que el rock comprendió que el jazz, la electrónica, la música clásica y los avances en grabación estaban a su total servicio.

The Beatles habían trazado un nuevo mapa de ruta en el estudio número dos de Abbey Road. El ritmo de trabajo era lento y les permitió conocer las bondades de las consolas de cuatro canales. Era el momento para perfeccionar a Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, el álbum que en junio de ese año (también conocido como el verano del amor) dio la bienvenida formal a la psicodelia gracias a una propuesta vanguardista en todo el sentido de la palabra. Cabe anotar que al mismo tiempo que The Beatles trabajaban en ese disco, en el estudio número uno estaba Pink Floyd perfeccionado las maquetas de Piper at the Gates of Dawn, su álbum debut. Cuenta la leyenda que ese trabajo de Pink Floyd debió salir primero al mercado, pero algunos compromisos con la prensa, además de la grabación del 24-Hour Technicolor Dream (un encuentro en el Alexandra Palace que reunió a 30 bandas underground y algunos poetas) y la inestabilidad emocional de Syd Barrett postergaron el proceso más de lo normal. La historia se pudo haber escrito de otra forma.

Parte de la grandeza de Sgt. Pepper’s tiene que ver con lo planteado por Pink Floyd, especialmente por Barrett. “Paul todo el tiempo iba a ver a Pink Floyd, a diferencia de Lennon, que siempre los evitó. Daba la impresión de que McCartney estaba preocupado que ellos pegaran primero”, escribió el periodista John Cavanaugh en Melody Maker. A McCartney le llamó la atención cómo el blues y el pop podían convertirse en largos experimentos sonoros de 15 minutos. Eso le dio algunas claves para terminar de moldear el disco más importante del 67, su disco.

En el verano del amor Sgt. Pepper’s fue el sol que iluminó al rock, creó una nueva corriente a la que se llamó psicodelia y llevó a la música a terrenos nunca antes vistos en ese momento. La gran mayoría de bandas que hacían sus primeros pasos ese año se subieron a ese tren con destino incierto, tan incierto como los 58 segundos del acorde final del piano de A Day in the Life y su grito surrealista: “El futuro es ahora”. Todos hicieron el amor en Londres y el rock tocó las puertas del cielo.

*Periodista musical.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.