Zadie Smith nació en Londrés en 1975. Foto: Eamonn Mccabe.

Zadie Smith: doméstica, intelectual, madre

La escritora británica, hija de una madre jamaiquina y de un padre británico, regresa a la literatura en una novela sobre la música, la amistad entre mujeres, y la idea de usar la cultura popular para criticar y burlarse con inteligencia del statu quo. ¿Quién es Zadie Smith?

2017/03/24

Por Carolina Vegas* Bogotá

La “it girl” de la literatura en inglés es Zadie Smith. La revista Vogue le dedica galerías completas a sus atuendos y la llama un ícono del estilo. Su nombre hace parte de la cultura popular y es mencionado con admiración en series como Girls. Es más, su creadora y protagonista, Lena Dunham, compara la admiración que despierta Zadie a Beyoncé o Helen Mirren. Se puede decir que su fama hoy la convierte en una celebridad que va más allá de sus escritos. Aunque es precisamente por su nueva novela, Swing Time, que se publicó a finales del año pasado, que su rostro, con sus pecas perfectamente distribuidas, los labios rojos, el turbante, la piel color café con leche y los ojos penetrantes, regresó a los medios con fuerza. Este libro, una historia atravesada por la pasión a la danza y los viejos musicales en blanco y negro, que habla sobre la raza, el poder, la fama, la amistad entre mujeres y la maternidad, demuestra una vez más por qué Smith logra producir tal sensación. Es capaz, como pocos, de mezclar la cultura popular, la moda y lo aparentemente trivial con un discurso profundo sobre temas filosóficos, éticos y políticos.

Esta londinense de madre jamaiquina y negra, y papá inglés y blanco, criada en el seno de una familia de clase trabajadora, estudió en la Universidad de Cambridge, lanzó su primera novela, Dientes blancos, a los 24 años y se rumora que recibió un anticipo de más de 250.000 dólares después de presentar solo 80 páginas a la editorial. Además, ha entrado en la lista de los 20 mejores escritores jóvenes de Granta en dos oportunidades, ha sido finalista del premio Man Booker, ganadora del Orange Prize for Fiction (por la novela Sobre la belleza), casi todos sus libros se han convertido en best sellers y un par han sido llevados a la pantalla. Una carrera dentro del mundo de las letras que sería comparable a la de sus compatriotas Adele o Amy Winehouse en el de la música. Con una diferencia que no es secundaria: es mestiza. Y es precisamente este tema, el de la multiculturalidad, el de hacerse a un espacio en un universo poscolonial en donde su color de piel y su herencia juegan un papel, el que ha atravesado cada una de sus cinco novelas. “Su éxito es la prueba, entre toda la tristeza y maldad de la sociedad, de que la educación sirve”, escribió sobre ella el mes pasado Jan Dalley, el editor de arte de The Financial Times.

Swing Time, la primera novela en que Smith usa la primera persona para narrar, cuenta la historia de una joven londinense multirracial, de quien nunca conocemos el nombre, que crece en la zona de clase trabajadora del norte de la ciudad. Su vida se ve marcada por su amistad con Tracey, otra niña mestiza, su relación con su madre, una mujer jamaiquina que aspira a la intelectualidad, y la famosísima artista Aimee, una especie de Madonna para quien la narradora trabaja como asistente cuando ya es adulta. El título, además de hacer un guiño claro a aquel famoso musical protagonizado por Fred Astaire y Ginger Rogers, también señala el juego detrás de la construcción misma del texto. A manera de péndulo que va hacia adelante y hacia atrás, del pasado al presente, la historia se teje en un ir y venir entre la memoria de la infancia, la juventud y la adultez.

La pasión por la música y el baile que atraviesa el relato es solo uno de los aspectos autobiográficos del texto. En la vida real, Zadie Smith soñaba con convertirse en cantante, tanto así que para procurarse algunos ingresos extras durante su época universitaria se dedicó a cantar en un bar varias noches a la semana. Los clásicos del jazz y las bandas sonoras de los musicales eran su repertorio favorito. Su sueño era ser actriz de musicales, una “triple threat” (triple amenaza), una artista que canta, baila y actúa.

Este deseo está latente en la narradora de su más reciente novela, la cual se ve opacada por el talento que posee su mejor amiga, Tracey, quien en efecto más allá de soñar logra estudiar y aspirar a una carrera en las artes. La narradora, por el contrario, a pesar de tener una hermosa voz, decide seguir una carrera tradicional y estudiar algo similar a Comunicación Social. Es durante su práctica en el canal de música para jóvenes ytv que conoce a la famosísima Aimee, quien fue ídolo de infancia de Tracey y ella, y comienza a trabajar como su primera asistente. Una labor en que debe estar siempre atenta y lista a satisfacer cualquier capricho de la superestrella. La famosa artista, en un arranque filantrópico, decide construir una escuela para niñas en África Occidental y es allí donde la narradora se enfrenta a la realidad de sus raíces, del imperialismo, de la inequidad y del poder de la fama, así como a una crisis de identidad y la soledad que le significa haber estado toda su vida a la sombra de otras mujeres.

El interés de Smith en este libro pasa por las relaciones de poder y las personas que se sienten marginalizadas, así como el descubrimiento que llegan a hacer algunos de que no son los protagonistas de sus propias vidas. El tema de la identidad y de cómo esta se define por las acciones más que por las declaraciones furiosas, en una sociedad en la que la gente tiende cada vez más a etiquetarse por categorías, da pie al juego constante de qué tantas alusiones hace la autora a su propia vida y a su propia personalidad dentro de la narración.

“Estaba en la mitad de lo que pensaba una experiencia espiritual en África Occidental, la búsqueda de mi identidad”, le contó Smith al escritor Jeffrey Eugenides, autor de Las vírgenes suicidas, durante una entrevista que fue la portada de The New York Times Style Magazine. “Se me hizo claro, después de un viaje bastante largo, que todas las personas con las que estuve pensaban que yo era blanca”. Esta experiencia se ve trasladada a la página, pues la narradora, que por efectos de su trabajo se ve obligada a viajar a Gambia varias veces, decide visitar el lugar histórico de donde partían los barcos llenos de esclavos al Caribe, Gran Bretaña y Estados Unidos. En lugar de hacer una reflexión arraigada en el cliché y el discurso victimista, Smith lo convierte en uno de los momentos más graciosos del libro, lleno de sátira e ironía. Así es como ella aleja su discurso del sentimentalismo vacío.

El humor ha sido una parte importante de toda su obra. Tanto así que al salir su primera novela, el crítico literario James Wood declaró su estilo como “realismo histérico”. Aunque Swing Time sigue manteniendo esa característica esencial a la escritura de esta autora británica, también es su libro más lúgubre. “De cierta manera es el fracaso del pensamiento liberal, de esta idea del progreso constante, de la perfectibilidad. La historia nos cuenta que ese no es el caso, y aun así en Gran Bretaña y sobre todo en Estados Unidos, la gente aún se inclina a pensar así. Que las cosas van a ser mejores…”, dijo la escritora The Financial Times.

En la novela la vida sucede, irremediable, imperfecta e infeliz en muchos casos, y al final el privilegio y el poder se anteponen a las preguntas de qué está bien y qué está mal. Solo queda el baile y el poder de los casetes de VHS, que son el medio por el que la narradora y su amiga Tracey ven los musicales que tanto aman, de parar, adelantar y retroceder una realidad que se puede repetir en una pantalla hasta que la cinta no dé más de sí. Al final, es una historia sobre cierto tipo de amistad entre mujeres. Tema que ahora se ha vuelto recurrente en la literatura, solo hace falta recordar la tetralogía napolitana de Elena Ferrante. “Mujeres con familias están escribiendo más en este momento que en cualquier otro de la historia de la humanidad”, le contestó Smith al editor de The New Yorker, David Remnick, cuando él resaltó este hecho. “Una cosa muy importante en la vida de las mujeres es esta relación… este tipo de amistad de infancia hacia la que se sienten cosas fuertes y ambivalentes”.

A pesar del aura de sofisticación y celebridad que rodea a esta miembro de la Real Sociedad de Literatura, ella declara abiertamente que vive una vida principalmente doméstica. Comparte su hogar con su esposo, el poeta norirlandés Nick Laird, y sus dos hijos. La maternidad, que ella defiende a capa y espada –incluso ante aquellos que han osado criticar a las escritoras que tienen más de un hijo, como la periodista Lauren Sandler, quien escribió en The Atlantic que las autoras relevantes se limitaron a tener solo un retoño y, en cambio, las que tuvieron más perdieron su impulso creativo–, es un tema que adquiere importancia en su nueva novela también. Incluso bromea al respecto. “Hasta mis frases tienen el tufillo de la maternidad en ellas. ¡No tengo tiempo para metáforas elaboradas! Quiero llegar al punto y ser entendida”, le dijo a Lena Dunham en una entrevista para su blog Lenny Letter.

No tiene un teléfono inteligente, su celular es del tipo plegable que solo recibe llamadas. Esto no quiere decir que reniegue de internet, simplemente no desea vivir una vida atada al correo electrónico o a las redes sociales. Prefiere dedicar el tiempo a su familia, a dictar clases en la Facultad de Escritura Creativa de la Universidad de Nueva York, y a la literatura. En conversación con Eugenides aseguró que ahora, cuando está escribiendo, dedica solo tres horas al día al ejercicio, pues no quiere dejar de lado sus otras actividades. Principalmente la lectura, que dice abiertamente disfrutar mucho más que el proceso de creación, y el tiempo que pasa con su familia en las actividades cotidianas. Aun así, un video de ella frente al micrófono interpretando Easy Living, de Billie Holliday, en el bar Bemelmans del Hotel Carlyle en Nueva York, logró miles de visitas y atención mediática, pues parece que todo lo que ella haga genera inmensa admiración. Porque al final es Zadie Smith, la misma que canta y baila. Que pone a sus alumnos a leer 14 grandes obras del siglo XX, de Franz Kafka a Hilary Mantel, pues asegura que antes que escribir es más importante saber leer. La que siempre tiene algo de Proust en su mesa de noche y también recomienda a todos ver videos de bailes hechos al ritmo de canciones de Justin Bieber.

*Periodista y escritora.

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