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Éxtasis prolongado: baile, disco y gais

La música de baile y el movimiento de liberación LGBTI crecieron de la mano en la década de los setenta. De unos intensos primeros años cargados de entusiasmo, cayeron en el abismo del sida en los años ochenta para, una década después, repuntar con la masificación de la electrónica. Historia de una revolución doble.

2016/10/26

Por Daniel Manjarrés* Bogotá

Para empezar, habría que decir que la música de baile, las discotecas y el movimiento gay moderno iniciaron casi 20 años antes de que Madonna lanzara Cherish. El punto de quiebre ocurrió en el bar gay Stonewall, en Greenwich Village, Nueva York, donde la policía de la ciudad hizo una redada que terminó en violentos disturbios. A partir de ese momento, la comunidad se movilizó reclamando abiertamente la despenalización de la homosexualidad, el derecho al matrimonio y a adoptar hijos. La nueva lucha del Movimiento de Liberación Gay era muy diferente a la discreta militancia que había existido hasta ese momento. Como acto afirmativo, justo un año después de la redada en Stone Wall, el 28 de junio de 1970, gais, lesbianas y travestis de Nueva York celebraron por primera vez la semana del orgullo gay con marchas y música disco en el club The Loft, del dj David Mancuso, que, por cierto, funcionaba en su apartamento y al que solo se podía entrar con invitación. 

En los setenta, la relación entre el movimiento gay y la música disco vivió un intenso éxtasis que lamentablemente terminó en una dura resaca. Se alcanzaron importantes avances en la agenda política, como que en 1973 la homosexualidad fuera eliminada de los manuales para el diagnóstico de enfermedades mentales en Estados Unidos. Para la música disco fue decisivo que la revista Rolling Stone publicara el primer artículo dedicado al nuevo género, escrito por Vince Aletti; con ese espaldarazo, canciones como Superstition, de Stevie Wonder, se tomaron las pistas de baile del mundo entero. Después de que Rolling Stone sacó del clóset la música disco, varias canciones llegaron al primer lugar de la lista Billboard Hot 100, lo que afirmó su éxito internacional. La primera fue Love Train, del grupo Mother Father Sister Brother, MFSB, obra cumbre del llamado sonido de Filadelfia.

Ese mismo año, la energética y feliz canción de Carl Douglas Kung Fu Fighting alcanzó el primer lugar en Estados Unidos y Reino Unido —de esta canción, Fatboy Slim tiene un remix dance que vale la pena escuchar y bailar—. En 1975, fue publicada la altamente sexualizada canción de Donna Summer Love to Love You Baby. La pieza maestra fue producida por Giorgio Moroder, que recibió de manos de la banda francesa Daft Punk un merecido homenaje en la canción Giorgio by Moroder, de 2013. El año 1973 también fue decisivo para la cultura clubbing underground, porque abrió en Chelsea, Nueva York, el legendario The Garage, del dj Nicky Siano. El lugar fue un éxito y gracias a esto Siano se consolidó como el mejor dj de Nueva York. En su club nació la escuela DJing, y en sus filas de seguidores y alumnos se destacaron los jóvenes Larry Levan y Frankie Knuckles, quienes también aportaron mucho. En su mejor momento, Levan fue protector, maestro y fuente de inspiración de estrellas de la constelación dj como Danny Tenaglia, Junior Vasquez y David Morales. Knuckles también fue protector de dj superstars, pero además ¡creó en 1979 la música house! Por esa época, brillaban también los nombres de dj como John ‘Jellybean’ Benítez y Shep Pettibone, que en los años ochenta fueron productores de Madonna. Existían otros clubes legendarios como Studio 54, en Manhattan, y Continental Baths (que técnicamente era un sauna gay con buena música).

El efecto del éxtasis se vino abajo al finalizar los setenta y dio inicio a la resaca. Para el movimiento social gay, el asesinato de Harvey Milk en 1978 fue un golpe fatal. Milk, que había sido elegido por elección popular para hacer parte de la Junta de Supervisores de San Francisco, fue asesinado en un crimen de odio homofóbico por Dan White, exsupervisor de la misma junta. A la música disco no le fue mejor con la celebración en Chicago de la Disco Demolition Night, donde los fanáticos del rock liderados por el disc-jockey de radio Steve Dahl y sus amigos Gary Meir y Michael Veeck acuñaron el eslogan “disco sucks”, que en castiza traducción al español significa “el disco apesta”. Esto causó la caída en picada de la popularidad del género, que fue considerado entonces superficial y promiscuo. A partir de 1980 empezaron a desaparecer rápidamente las canciones disco de los listados de hits internacionales, por lo que sellos discográficos como ABC, TK, MC o Salsoul se vieron en la necesidad de “evolucionar”. También Studio 54 cerró envuelto en un escándalo de evasión de impuestos, como lo cuenta detalladamente Peter Shapiro en su libro La historia secreta del disco.

La resaca se hizo mortal en los ochenta y creció en los noventa, mientras la comunidad gay protagonizaba una crisis mundial de salud pública. El estigma impuesto a la comunidad se entiende perfectamente cuando a esta se le relaciona con el significado de la sigla que identificó la desconocida enfermedad: GRID o Deficiencia Inmune Relacionada a los Gais. Y, sin embargo, en los malos momentos el verdadero amor se fortalece y eso fue lo que pasó con la relación entre los gais, la música de baile y las discotecas. Porque si antes en lo clubes de disco confluía la diversidad, a partir de 1981 la comunidad estigmatizada se sobrepuso a la tragedia disfrutando la nueva música de Chicago en los clubes underground: el house toma su nombre del club Warehouse, creado por Frankie Knuckles.

Era de esperarse que ante esta crisis internacional la agenda política de la comunidad gay cambiara. Se enfocó en apoyar las investigaciones para descubrir la cura del VIH, encontrar tratamientos eficaces contra el sida y luchar contra la estigmatización. En ese oscuro momento en el que nadie quería tener noticias de la problemática vida sexual de los gais, aparece Madonna haciéndolo todo evidente. De la mano del productor John ‘Jellybean’ Benítez, lanzó en 1983 su primer álbum lleno de mensajes de liberación sexual. Su segundo álbum, Like a Virgin (1984), producido con el fundador del grupo Chic, Nile Rodgers, no fue menos contestatario. En 1986 fueron reportados casos de contagio en todos los continentes del planeta, por lo que el pánico se extendió a través de todos los programas radiales, igual que la canción Papa Don’t Preach, del álbum True Blue, que imploraba por comprensión y solidaridad.

Hacia el final de los ochenta, cuando se aprobó el uso del tratamiento retroviral AZT, que casi acaba con la vida de las víctimas de la enfermedad, Madonna lanzó Express Yourself, del álbum Like a Prayer, que llama activamente al empoderamiento y la visibilización. En 1990, con el lanzamiento de Vogue, convirtió en tendencia mundial el voguing, un estilo de baile ultragay, al mismo tiempo que el gobierno de Estados Unidos prohibió la entrada al país a personas infectadas con VIH. Con Erotica (1991) hizo visible como nunca antes que el sexo es diverso; y con Secret, de Bedtimes Stories (1994), denunció la discriminación. En esta época, Madonna también aportó a la música electrónica haciendo mundialmente conocidos los nombres de dj como Louie Vega, Junior Vasquez, David Morales, Erick Morillo y Danny Tenaglia, quienes remezclaban sus canciones en los clubes underground de Nueva York y alrededor del mundo en los equipos de sonido de los fanáticos de la “chica material”.

Al final del milenio, empezaron mejores épocas para los gais y para la música electrónica que perduran hasta hoy. Gracias al cada vez más efectivo y accesible tratamiento antirretroviral, el VIH se convirtió en una enfermedad crónica. Así mismo, el sonido electrónico se masificó llegando a todos los públicos y a todos los lugares. A causa de este buen momento individual, la fiel relación de casi 40 años que llevan la música electrónica, el clubbing y los gais está caminado un trayecto accidentado. ¿Debería terminar el amor porque los amantes han logrado alcanzar su objetivo común? ¿No vale el tiempo y la historia en conjunto para decidirse a encontrar nuevos retos que conquistar?

Un hecho es que la agenda política LGBTIQ cambió otra vez. Las muertes por sida preocupan, pero han disminuido un 30 % desde 2013. Sin la epidemia, los intereses de la agenda regresaron a los años del disco. El matrimonio y la adopción son los derechos que la comunidad reclama de nuevo y no son temas para hablar en una discoteca. Otro hecho es que el gusto por los sonidos electrónicos se masificó y esto paradójicamente también lo ocasionó Madonna, que con su álbum Ray of Light (1998) creó una nueva relación entre los sonidos electrónicos y el pop. Los frutos de este encuentro se recogen hoy en día y son de variadas calidades. Ella hizo mucho para otorgarle un nuevo significado al trabajo del productor-dj y con esto creó una galaxia en donde brillan estrellas como William Orbit, Mirwais Ahmadzaï, Stuart Price, Paul Oakenfold, The Neptunes, Benny Benassi, The Demolition Crew, Martin Solveig, Diplo y Avicii. La masificación se agudizó gracias a la posibilidad de acceder a una gran parte de la biblioteca de la música electrónica a través del uso de la red mundial de información, de sus sitios web para compartir contenidos y de las redes sociales donde se visibilizan. En este escenario, electrónica-para-todos-on-line, vale la pena mencionar que las mejores sesiones de house se oyen hoy en día en los pod-casts “release yourself” que toca y publica Roger Sánchez semanalmente.

En 2016, la música electrónica y los espacios donde se disfruta conservan intactos su carácter libertario, irreverente, visionario y su capacidad para congregar. Evidentemente, el clubbing y la música han cambiado. La variedad de espacios incluye clubes, circuits, raves, festivales y drag-balls que se dedican a atender públicos amplios y diversos. Los géneros musicales pasaron de ser house y techno a especializarse en estilos personalizados que aparecen cada día. Otras estrellas, planetas y meteoritos que son antiguos, nuevos y a punto de explotar en la galaxia del DJing son Marco Carola, Carl Cox, Paul van Dyk, Carl Craig, Felix da Housecat, Sasha, Tiesto, Bob Sinclair, Offer Nissim, Deep Dish, Above & Beyond, Axwell y Steve Aoki. Pero la mejor noticia es que la escena underground persiste en todas partes, desde Melbourne hasta Nueva Orleans, incluso en Bogotá.

En San Francisco, el día del orgullo gay aterriza en la fiesta Booty Call Wednesday, ofrecida por la drag queen Juanita MORE. Sus fiestas son un fuerte indicio de que el clubbing sigue haciendo que una ciudad sea interesante. El próximo noviembre, California decidirá si aprueba la legalización del uso recreativo de la marihuana, porque ya aprobó su uso medicinal. No por nada suena la remezcla hecha por D’Lux, dj de la canción I’m Addicted, de Madonna, que dando resonancia a las noticias que vienen de California dice: “It’s like MDMA and that’s ok”.

*Periodista y coordinador del Museo de Bogotá.

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