Inna Schevchenko, frente a la catedral de Nôtre Dame de París. Marco Bertorello / AFP.

“Fui torturada 24 horas por la KGB”

Inna Shevchenko, una de las creadores de Femen, el movimiento feminista nacido en Ucrania, vive escondida en París tras las constantes amenazas de muerte de extremistas que buscan ahogar el movimiento. La corresponsal española de Arcadia logró hablar con esta mujer, de 26 años, que seguirá usando su cuerpo como un instrumento político.

2016/10/26

Por Gabriela Bustelo* Madrid

Femen es un movimiento feminista fundado en 2008 por un grupo de jóvenes ucranianas que no querían vivir como sus madres. Su líder actual es Inna Shevchenko, que en esta entrevista despeja dudas sobre el supuesto hombre fundador del grupo, la táctica de enseñar el torso desnudo, los motivos por los que fue expulsada de su país y la religión como gran enemigo de los derechos de la mujer. Nadie conoce su actual dirección en París, ni sus propias compañeras de Femen, pues Shevchenko escapó de milagro a un atentado en 2015 y vive amenazada de muerte.

Usted ha dicho recientemente: “Aún tengo que demostrar a mi madre que lo que hace su hija desnuda tiene sentido”.

Desde el primer día he descrito mi actividad política como un intento de convertir mi vida en algo distinto de lo que la sociedad me tenía reservado. Femen pretende redefinir lo que significa ser mujer sin atenerse al concepto masculino que imponen todas las instituciones políticas, religiosas y sociales. Se trata de buscar una alternativa más justa, más equitativa, más femenina.

Cuando dice que su madre quiere que usted viva una vida diferente, ¿a qué cree usted que se refiere?

Mi madre no es una entusiasta de mi activismo y estaría encantada de que lo abandonara. Ha llegado a avergonzarse de mí, aunque hoy reconoce que mi labor política tiene una justificación. Mis métodos y el peligro que corro al defender mis ideas le horrorizan, cosa comprensible.

Es probable que su madre tuviera una idea muy distinta de cómo iba a ser su vida. ¿Se plantea usted la posibilidad de una vida tradicional, con marido e hijos?

Si me casara, no sería un matrimonio como el que define la sociedad actual. No me opongo a vivir una relación de pareja estable y probablemente tenga hijos. Pero jamás sería un esquema clásico con la mujer haciendo labores domésticas y el hombre trayendo el dinero a casa, con el hombre como el ser pensante y la mujer callada fregando suelos.

¿De dónde procede su inquietud política?

Me crié en una exrepública soviética y en los años noventa. Tras el colapso de la URSS, en Ucrania se hacía la compra con cupones, porque no había una moneda propia. Estas cosas se comentaban en casa, donde nunca se nos ocultó nada.

¿Qué puntos de comparación tenía al valorar la situación ucraniana como algo fuera de lo común?

Antes de entrar en el ejército, mi padre fue marino. Al volver a casa nos contaba historias de lo que veía en sus viajes por el mundo. Un día le pregunté si los niños españoles también hacían sus deberes a la luz de las velas. Cuando me dijo que no, caí en la cuenta de que la realidad política de cada país marca la vida de sus gentes.

La paradoja es que Femen fue ideado por un hombre, Victor Svyatski, que al parecer eligió a las mujeres más guapas para el grupo inicial. ¿Hasta qué punto es útil la imagen en su labor política?

Se ha dicho que Femen lo creó Victor, pero no es cierto. El movimiento lo creó Anna Hutsol, y yo me afilié año y medio después. Victor era un amigo de Anna que pretendió apropiarse de un proyecto prometedor.

Como el aspecto físico de las primeras líderes de Femen era preponderante, puede parecer un concepto masculino.

Efectivamente, siempre se nos juzga por el hecho de ser jóvenes y, según dicen, todas rubias. Incluso en Francia todavía se nos juzga como si fuéramos a presentarnos a un casting para una película.

Es probable que eso suceda también en España, en Estados Unidos o en Colombia.

De hecho, cuando Femen se internacionalizó, evolucionamos hacia la diversidad. Pero la prensa no saca en portada a nuestras activistas tatuadas y con aspecto andrógino, sino a las rubias de pelo largo.

El eslogan con que se definen es “pecho y palabras”. Si solo pudiera elegir uno de los dos, ¿con cuál se quedaría?

Ese concepto de Femen es inseparable. Escribimos las palabras sobre nuestro pecho, que se convierte en la pancarta. El mensaje es esencial. No hay activistas de Femen sin textos en el pecho. Usamos el cuerpo como instrumento político. Nuestro género se convierte en nuestra arma política.

Femen es un movimiento que se proclama contrario a la religión. ¿Cuál es su opinión sobre lo que se ha dado en llamar la religión organizada o institucional, como el catolicismo, el islam, el judaísmo o el hinduismo?

Las religiones monoteístas tienen un dios masculino, un guardián masculino que mantiene el orden en el universo. Con ello pretenden sustituir el rol de la mujer como ser capaz de dar vida por un dios masculino creador de todas las vidas del mundo.

Las religiones paganas tenían diosas muy destacadas, como Atenea o Isis.

Cierto, pero las religiones abrahámicas monoteístas, el judaísmo, el cristianismo y el islam trazan las tres una línea muy clara entre ambos sexos. El hombre judío reza todos los días dando gracias a Dios por no haber sido creado mujer. El Corán dice que una mujer vale la mitad que un hombre. La Biblia también considera a la mujer inferior.

El velo islámico, en todas sus modalidades, es un instrumento de control masculino evidente.

La religión organizada es un gran enemigo de los derechos de la mujer y también de la libertad de expresión. En 39 países del mundo todavía existen leyes contra la blasfemia, que impiden a sus habitantes expresarse con plena libertad, porque pueden ser multados y condenados por criticar o reírse de la religión.

Según Margaret Atwood, los hombres temen la ironía femenina, mientras que las mujeres temen la violencia masculina. ¿Por qué es tan peligrosa la ironía política en pleno siglo XXI?

La ausencia de humor es una de las grandes debilidades de quienes usan la violencia para defender sus ideas. El humor les desconcierta por completo. La ironía, el humor y la creatividad les enfurecen porque no los comprenden.

Burlarse del islamismo es muy arriesgado como saben sus amigos los periodistas franceses de la revista satírica Charlie Hebdo. Pero en Occidente existe hoy lo que el exislamista Majid Nawaz ha bautizado la izquierda regresiva. ¿Qué opina de este fenómeno?

Parece haber una enfermedad extendida en Occidente que consiste en el pánico de la izquierda a que se la asocie con las ideas de la derecha. Con tal de evitarlo, estos “izquierdistas regresivos” se creen obligados a defender el islam y el terrorismo de Isis, más fascista y racista de lo que pueda ser el Front National de Marine Le Pen, por ejemplo.

En esta izquierda regresiva hay políticos y periodistas con un enorme poder.

Lo llamativo es que intenten apelar a los derechos humanos para proteger a un grupo de ideología fascista, como hacen con su defensa del hijab, por ejemplo. Es desesperante. Son aliados que de pronto se convierten en enemigos muy poderosos.

Hablando de contradicciones, en agosto de 2012 usted derribó una cruz católica con una sierra eléctrica en un monte de Kiev. Dado que Ucrania es una exrepública soviética, ¿no es contradictorio destruir un monumento que honraba a las víctimas de Stalin?

Me alegra que me preguntes esto, porque así puedo aclararlo. Una hora después de la protesta, la cadena principal de la televisión rusa, el Canal 1, que es pro-Kremlin, contó que yo había derribado un monumento en honor a las víctimas del estalinismo. El monumento en cuestión, que es de piedra, no de madera, sigue en pie en aquel monte.

¿Así que es mentira?

Sí. De hecho, los cargos contra mí no son por haber destruido un monumento, sino por ofensa pública y vandalismo.

Pero es el motivo por el que la expulsaron de su país, donde tiene prohibida la entrada, ¿no es cierto?

Así es. El presidente Viktor Yanukovich ordenó que me detuvieran y me aplicaran un severo castigo por haber ofendido los sentimientos religiosos de los creyentes ucranianos.

Ahora, a sus 26 años de edad, vive en la clandestinidad en París, donde recibe constantes amenazas de muerte. De hecho, estuvo a punto de morir acribillada a tiros en Copenhaguen el 14 de febrero de 2015, mientras daba una conferencia.

Sí, un hombre estaba grabando el evento con una cámara y lo asesinaron a tiros. Tres policías daneses resultaron heridos. A mis 26 años tengo una lista de experiencias que incluye haber sido torturada durante 24 horas por la KGB. Sucedió en Bielorrusia en 2011. Por cierto, la KGB todavía existe, cosa que muchos no saben.

Ha dicho usted que el peligro formará siempre parte de su vida. ¿Hay algún país del mundo donde pudiera sentirse a salvo? ¿Ha considerado irse a vivir a Estados Unidos?

No estaré a salvo en ningún país mientras siga con mi labor activista. Como decíamos, existe en Occidente una enorme confusión política, porque muchos de los progresistas de antaño están hoy envenenando sus propias ideas. En Francia recibo serias amenazas de muerte. La rutina diaria es muy latosa.

¿Ha tenido que mudarse de casa con frecuencia?

Continuamente. Ni siquiera las afiliadas de Femen saben dónde vivo. Tengo que filtrar a los periodistas que piden entrevistas. Desde el punto de vista psicológico es complicado. El inesperado suceso de Copenhaguen me hizo comprender que puedo sufrir un atentado en cualquier momento.

Es dramático que en el momento en que hablaba sobre la libertad de expresión amenazada en Europa entrasen hombres armados a interrumpir la conferencia.

Entre los grandes obstáculos que han penetrado en el debate público destaca la idea de que no se puede ofender a los demás. No existe la libertad de expresión sin la ofensa.

Precisamente acaban de ser absueltas las activistas de Femen España que irrumpieron en una manifestación antiaborto en Madrid hace tres años. ¿Cómo es el organigrama internacional de Femen?

El cuartel general está en Francia, con delegaciones en nueve países. Hace un mes hemos abierto la última en Washington D.C. La primera fue París, la segunda Berlín y la tercera Madrid. En 2013 entramos clandestinamente en el Congreso español durante el discurso antiabortista del señor Gallardón, ministro de Justicia, nos quitamos la camiseta y colgamos en las gradas una pancarta que decía “El aborto es sagrado”.

¿Ha considerado la posibilidad de abrir alguna delegación latinoamericana?

Abriremos un Femen en cualquier lugar donde haya mujeres dispuestas a emprender la resistencia, con nuestras tácticas y nuestra visión del mundo. Los derechos de la mujer se consideran un asunto menor en muchos países latinoamericanos.

Casi una década después de iniciarse en la política, ¿cuál diría usted que es su mayor logro?

El mayor logro es el propio Femen, como movimiento que logra unir a mujeres de diferentes nacionalidades, culturas y orígenes, de diferentes niveles económicos, sociales, intelectuales. Si algo he aprendido es que todas las mujeres del mundo, vengamos de donde vengamos, tenemos un nexo fundamental que nos une.

*Periodista y escritora.

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