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Un escritor impredecible

João Paulo Cuenca no ha cumplido los 40 años y ya ha sido catalogado como una de las voces de la literatura brasileña que más promete.

2017/08/25

Por Adriana Cooper* Medellín

¿Cómo nació la idea de escribir El único final feliz para una historia de amor es un accidente?

Desde niño soy muy aficionado por la cultura japonesa y quería escribir una novela japonesa con personajes japoneses y que ocurriera en Tokio. Esa atracción infantil empezó con programas de televisión como Godzilla, Power Rangers y se desarrolla para el cine, la literatura, la poesía y es algo que sigue. Es una novela bastante rara porque los personajes no son brasileños, son un joven ejecutivo japonés y una muñeca inflable. No hay nada de Brasil, solo el punto de vista de un escritor brasileño que escribe una novela como si fuera traducida del japonés al portugués o quizás antes, del inglés y del inglés al portugués.

¿Prefiere escribir sobre los sentimientos y las relaciones humanas o sobre los problemas sociales?

No creo que se pueda separar la sociedad de las relaciones humanas. Creo que no es posible dejar de dar un sentido social a cualquier historia. Mi formación es en Economía y soy de las pocas personas que leyeron El capital de Marx con todos sus tomos. Cuando estudiaba en la facultad, leí y escribí sobre ese tema por años. Creo que en mis novelas está esa mirada, no la del narrador de Marx, sino una mirada bastante sociológica detrás de todo.

Usted ha hablado del poder de las traducciones. ¿Cuándo está bien hecha una traducción?

Cuando uno quizás olvida que es una traducción, cuando está tan bien hecha que el traductor acaba por traicionar al autor y produce un texto que suena puro; eso no es fácil y cuando pasa es genial. Me encantan las traducciones de libros al español hechas por Martín Caamaño, quien además de ser un gran traductor es un gran novelista.

¿Entre todos sus personajes hay uno que prefiera?

En mi segunda novela, que se llama O dia Mastroianni, hay un personaje que tal vez prefiero y se llama Pedro Cassavas. Es una especie de autor sin obra, cineasta sin película, un músico sin disco, un vagabundo pretencioso que deambula por las calles. Lo prefiero porque quizás es el único que realmente me divirtió mientras lo escribía.

¿Tuvo miedo de escribir sobre su propia muerte como hizo en su novela Descubrí que estaba muerto?

No tuve miedo y esa novela fue quizás un intento de no tener miedo sobre el hecho. Descubrí que estaba muerto se basa en un hecho real. El 14 de julio de 2008 fui declarado muerto por la policía de Río. Mi partida de nacimiento fue encontrada en el bolsillo de un cadáver que hallaron en un edificio ocupado en el centro de Río de Janeiro. Esto lo descubrí cuando resulté metido en un lío con unos vecinos y el libro empieza con la investigación policial sobre el hecho y después esa investigación se convierte en un estudio sociológico, existencial, literario y sobre los conflictos en la ciudad donde el narrador es un escritor.

¿Le gustaría encontrar algo específico en Medellín y por qué aceptó venir a la Fiesta del Libro y la Cultura?

En Medellín me gustaría encontrar quizás un buen tema sobre el cual pueda escribir. Acepté la invitación con mucha alegría. Me encanta Colombia y he estado muchas veces. Conozco bien Bogotá y Cartagena, pero no Medellín. Dicen que es imperdible. Tengo muchas ganas de estar allí y bastante interés en saber cómo superó su pasado violento. La impresión que tenemos de esta ciudad en Brasil es de un ejemplo. Es una experiencia para copiar. Y yo, que soy de una ciudad compleja como Río, tengo bastante curiosidad para aprender un poco sobre Medellín.

*Periodista. Jefe de prensa de la Fiesta del Libro.

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