Ben Brooks nació en 1992, Gloucestershire, Reino Unido.

“Me aburre la tranquilidad”

Con tan solo 25 años, el escritor británico Ben Brooks ya ha publicado seis novelas, incluidas 'Hurra', su más reciente, y 'Lolito', una historia de amor entre un adolescente y una mujer mayor que el autor presentará en la FILBo y que, como toda su obra, la atraviesan las drogas, la fragilidad y el absurdo. Hablamos con él.

2017/04/22

Por Jaime Arracó Montoliu* Bogotá

Para Ben Brooks, empezar a escribir temprano fue una manera de abandonar los estudios. De ponerse a trabajar y reforzar la idea de que los profesores desconocen qué es lo que necesitan los jóvenes. Esos de hoy que necesitan drogas para interactuar, casi que para sentirse interesados por las personas. Esos de hoy que son hijos de adultos perdidos y blandos. “Cuanto antes empiezas a escribir, mejor, así tienes más tiempo para practicar”, dice Ben.

En Lolito (Rey Naranjo, 2017), su novela más celebrada, Etgar, un adolescente asustadizo, desastroso y soñador, se enreda con una mujer adulta que conoce a través de internet. Son dos islas frágiles y con miedo, que se solidarizan para que su mundo sea más que una habitación a oscuras y una pantalla de ordenador. Para olvidarse del maltrato, las autolesiones y la frustración. En el organismo de Lolito se ajustan el absurdo, la ligereza, la fluidez, la rapidez, la fantasía, la reflexión y la infantilidad de una escritura transparente e intensa. Cambia de registro a menudo y es evidente que escribe de manera natural y que todo sigue una lógica muy particular. No se preocupa por las leyes literarias que determinan un producto válido; con eso, se suena los mocos. El miedo de sus protagonistas se lo sacude el propio Ben para escribir como si cada cosa que somos no importara nada. Todo se puede romper y todo puede morir sin que se acaben las carcajadas.

Me gustaría saber si Ben se sorprende al escribir. Si se descubre a sí mismo. Me dice que sí; le parece aburrido tener un itinerario definido. Tampoco escribe todos los días. Está cansado. Acaba de llegar a su ciudad natal, Gloucester, donde nada pasa y de donde los jóvenes escapan para hacerse mayores en cualquier otro lugar. Su madre murió el año pasado. Y cuando le pregunto por su padre, me dice que no tiene. Es importante saber cómo ha sido su crianza, ya que la autodeterminación de los personajes de Lolito no es común. Pide disculpas por no ser más hablador. Dice que tuvo muchas libertades desde pequeño. Quiere dejar de beber y hacer deporte. Se arrepiente de haber gastado el dinero que ganó cuando se convirtió en una promesa literaria. Ahora pasa la mayor parte del tiempo en Berlín, donde estudia su novia. Hablamos por Skype. Asiente cada vez que hablo y parece que se va a olvidar de contestar. Quizá es que no me hago entender en inglés. A veces se ríe a destiempo.

También dice que mucho de lo que escribe no lo hace a propósito. Aunque todo lo desagradable que aparece en sus libros es real. ¿Qué piensas de tus libros?, le pregunto. Duda un poco. Le deprime que en su país no lo quieran tanto como en España, donde tiene verdadero éxito. Responde que son libros que leería si los hubiera escrito otra persona. Siente la presión de las expectativas que generó y que no cree haber cumplido. Y es que el mundo de Ben no comulga con lo que generan sus libros. “Si no te gustan las respuestas, puedes escribir lo que quieras”. Y se disculpa otra vez.

En Lolito, Etgar bebe y toma medicamentos. Tiene problemas creados por su imaginación. Va por un desierto moderno viendo espejismos establecidos por la cultura popular. De la literatura de Ben se dice que es honesta. Para él la honestidad no significa nada, pero supone que se dice eso porque da vida a “personajes que cagan y vomitan”.

Etgar llora la infidelidad de su novia y le escribe poemas encabronados y delirantes:

Pillé la malaria en tus estúpidos canales.

Tuve fiebre y vomité y me puse del color de los narcisos muertos.

Me dijiste que no era malaria. Tengo mucha malaria. Saco un

sobresaliente en malaria.

Debería haberme vacunado, tal vez, PERO OH: si te despiertas

un día en Uganda ya es demasiado tarde. No sé si soy Cheryl

Cole. En la tele sacaron a Ashley Cole, que salió a jugar contra

el Arsenal y unas sesenta mil

personas lo abuchearon, y eso

es lo que quiero que te pase a ti. Por favor, siéntete como me

siento yo ahora”.

Ben no tiene filtro. Si lo tuviera, dejaría de ser un coctel procaz de realismo y fantasía servido en vaso de plástico. Tiene su propio mundo real y le da nuevas dimensiones a las metáforas. “¿Trabajas mucho la reescritura?”. Ben me cuenta que le dice a su editor que tendrá en cuenta las propuestas de edición, pero que al final no toca nada. Le pregunto sobre las drogas. El escritor inglés contesta que no están para sentirse en paz o encontrar la tranquilidad, sino que sirven para todo lo contrario, para pararle los pies a la calma. Piensa que demasiada tranquilidad es aburrida. Si bien parece que no soporta el aburrimiento, sus personajes pasan horas viendo Titanic o buscando videos crueles en internet. Pasan el tiempo resguardados en casa, amordazados por sus miedos.

Ben Brooks es la cuenta de Instagram censurada por incumplir todas las normas.

Cuesta hablar de enfermos, pero los enfermos pueblan el mundo. En Lolito hay enfermos sanos, como en la vida real. Supervivientes. Cuando le pregunto por su vida, dice que no hace nada, que lo que mejor hace es beber, apostar y dormir.

Portada de Lolito, su novela más celebrada.

La literatura no siempre nace en otros libros, no empieza con otros libros aunque muchas veces queramos escribir exactamente lo mismo que leemos. Porque hemos creído dar con la tecla. La literatura empieza con otros artes, como el de hablar, como el de fantasear, como el de callar. Pero nunca con el de fingir. Al menos no la literatura de Brooks. Las palabras no siempre nacen de otras palabras, nacen con acciones o viendo la televisión. O en el caso de Ben, nacen mientras está tumbado en la cama, pasando un resaca. Me dice que escribe porque no hay otro trabajo que se pueda hacer tirado en la cama. Prefiere escribir por las noches porque hay menos distracciones. Y cree que escribe rápido. Es considerado la voz de una generación y uno de los referentes de la Alt-Lit, pero no sabe muy bien de qué se trata ese género, ya que le parece incongruente que esta nueva categoría literaria sea ofrecida por editores tradicionales. Los personajes de Ben se echan una mano no para mejorar sino para seguir haciendo lo que quieren. Uno de ellos dice: “No hay nada que decir a menos que lo digamos todo. Así que guardamos silencio”.

Pero Ben roza a muchos autores. Pasa muy cerca de ellos inconscientemente. Henry Miller escribió en Trópico de Cáncer la definición perfecta de los personajes de Ben: “Las personas son como los piojos, se introducen en vuestra piel y se entierran allí. Te rascas y rascas hasta sangrar, pero no puedes despojarlos permanentemente. A donde quiera que voy las personas hacen un revoltijo de su vida. Cada cual tiene su tragedia privada. Lo tienen en la sangre… desgracia, tedio, pena, suicidio. La atmósfera está saturada de desastre, frustración, ineficiencia. Rascar y rascar y rascar hasta que ya no quede piel. Sin embargo, el efecto que esto me produce es hilarante. En lugar de estar descorazonado o deprimido, me regocijo. Clamo por más y más desastres, por mayores calamidades, por mayores fracasos. Quiero que el mundo entero sea azotado, quiero que todo el mundo se rasque hasta morir”.

Lolito es un Jackass estético y emotivo.

Etgar dice en Lolito que siente que hay que ser duro para que otros sean los débiles, aunque no haya nada en juego. Nos hace pensar que todos estamos solos y que unos nos soportan, mientras que otros no. Ben representa la solidez de la escritura como arte. Su escritura demuestra que no tener las cosas tan claras no es un problema y que saber demasiado pervierte la naturalidad.

¿Los libros son importantes? Ben contesta: “Cualquier cosa que haga que alguien se sienta menos solo o perdido en el planeta es importante. Cualquier cosa que ayude a estar menos solo. Cualquier cosa divertida. No sé si los propios libros son importantes. Solo los prefiero a cualquier otra cosa. Pero se puede decir lo que se quiere decir en programas de televisión u obras de teatro o cuadros o cualquier otra cosa”.

Espera seguir firmando contratos editoriales y ya tiene otra novela lista.

Hablando sobre autores y lecturas, no piensa que haya nada realmente emocionante en la literatura inglesa. No lee prensa especializada, pero sí lee con demasiada frecuencia sobre él. Se siente conectado con su propio mundo, pero no con el mundo adulto. No cree que tenga nada interesante que decir sobre los acontecimientos diarios que tienen el mundo patas arriba. No todavía, recalca. Etgar habla por él: “Se enciende la televisión. Están dando las noticias. Sale el hombre calvo. Revuelve una pila de papeles y tose y me mira. Lleva el nudo de la corbata suelto y el cuello manchado de sudor rancio. La pantalla que tiene detrás muestra una imagen de la Tierra girando más rápido que la rueda de una bicicleta, y los colores se deslizan y forman un borrón largo.

—Buenos días —dice—. Alguien ha muerto hoy y ha habido un huracán. Pasó otra cosa y también algo más. Los bancos han hecho no sé qué. Un futbolista le dio una patada a un árbitro. Alguien se acostó con otra persona”.

¿Quién es Ben Brooks?, le pregunto.

“Un bebé idiota”, sentencia.

*Escritor.

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