Un render de lo que verán los habitantes de Bogotá, en la Plaza de Bolívar.

El maestro de las luces

La Fiesta de las Luces de Lyon, uno de los espectáculos más famosos de 'mapping' a nivel mundial se tomará la Plaza de Bolívar de Bogotá, del 16 al 23 de diciembre. La Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá y el gobierno francés le dan inicio al año Colombia-Francia 2017.

2016/12/09

Por Dominique Lemoine*

15 diseñadores gráficos, 30 productores, 5 diseñadores de sonido, 10 técnicos de imagen, 20 proyectores con potencia de hasta 45.000 lumens, 4.000 metros cuadrados y un poco más de un año de preparación. Estos son apenas algunos de los números detrás de La Fiesta de las Luces de Lyon, uno de los espectáculos más famosos de mapping a nivel mundial que se tomará la Plaza de Bolívar de Bogotá, del 16 al 23 de diciembre. Se trata no solo de un evento para alumbrar la Navidad, sino de una verdadera intervención artística multimedia a gran escala que inaugura el año Colombia-Francia 2017, el proyecto de cooperación más relevante que se ha suscrito en la historia de los dos países.

La Fiesta de las Luces se remonta al 8 de septiembre de 1852, cuando el río Saona, que normalmente baña a Lyon, se desbordó, inundó las calles de la ciudad e hizo que se postergara el festejo de la instalación de una nueva estatua de la Virgen María en la Basílica de Nuestra Señora de Fourvières. Aunque la nueva fecha, 8 de diciembre del mismo año, tampoco tuvo mucho éxito (esta vez una tormenta violenta atacó a la ciudad), sí dio origen a la fiesta que nos visita este año en Bogotá: apenas el clima mejoró, los habitantes de Lyon salieron con antorchas y luces de Bengala a iluminar las calles de su ciudad. Desde entonces, tapizar la ciudad con luces se convirtió en un ritual de todos los años; una suerte de noche de las velitas a la francesa, que desde 2010 se ha transformado en una celebración de cuatro noches con espectáculos multimedia de alta definición diseñados por artistas de todo el mundo. Damien Fontaine, el creador detrás del evento que se tomará la Plaza de Bolívar, es uno de ellos.

Fontaine, de 39 años, es el precursor de los proyectos multimedia a gran escala en Francia. Ha sido laureado cuatro veces por la ciudad de Lyon por sus intervenciones en el marco de la Fiesta de las Luces y fue el director artístico del mapping más grande de Europa hasta la fecha (en Bucarest, Rumania, en 2014). Durante la última década ha diseñado varios espectáculos de gran reconocimiento a nivel nacional (como su proyección monumental sobre la Catedral de Orleans en 2012 para celebrar los 600 años del nacimiento de Juana de Arco) como por fuera de Francia: sus espectáculos han llegado a Dubái, Dakar, São Paulo, Estambul y, ahora, Colombia. Arcadia habló con él sobre su proyecto multimedia en los edificios de la Plaza de Bolívar en Bogotá.

Su espectáculo es una de las aperturas del año Francia-Colombia. ¿Cómo se va a ver reflejada la relación entre estos dos países en su juego de luces?

Lo que tratamos de hacer fue jugar precisamente sobre la idea del intercambio. Creímos que sería interesante cruzar las culturas, los patrimonios de dos países diferentes y mostrar que, a veces, hay diferencias y que, otras veces, hay semejanzas y cosas que resuenan de un país al otro. Por ejemplo, desde lo visual, el show se abre en Francia, en las calles de una ciudad que bien podría ser París o Lyon o Marsella, con un encuadre un poco romántico de la Belle Époque. Pero a medida que se transita por esos lugares, uno se va acercando a un museo (el Louvre o el Quai Branly, un museo cualquiera) al cual uno entra y descubre una estatuilla de arte precolombino que de inmediato nos transporta a Colombia, al mito de El Dorado. Tenemos así varios viajes de un país al otro; empezamos en Francia para aterrizar en Colombia así como también podemos estar en Colombia y vernos de un momento a otro en la Plaza de Bolívar, porque la plaza se proyecta a sí misma con las palomas que se alimentan de maíz, solo que esta vez los granos los lanza desde otro lugar un personaje que remite a Francia. Tenemos ese juego perpetuo entre los dos países.

¿Cómo fue el proceso creativo detrás de este espectáculo?

En primera instancia, la parte más larga, como en toda creación artística, fue encontrar el tono adecuado para construir el escenario que esbocé anteriormente y luego traducirlo todo a un storyboard que, como en el cine, sería la biblia para los equipos de producción gráfica. Todo esto con el acuerdo común entre los creadores, pero también en sincronía con los equipos franceses del año Francia-Colombia y la Alcaldía de Bogotá. Se trató entonces de preservar la esencia del espectáculo que imaginamos en un principio y de tomar, caso por caso, las posibles exigencias de los grupos involucrados.

¿Cuánto tiempo le tomó llevar a cabo el proyecto?

¡Uff! Las conversaciones al respecto se remontan a 2015, pero no fue sino hasta agosto de este año, con una visita de terreno, que ya se puso todo en marcha en términos prácticos. Porque es muy lindo imaginarse algo sobre papel pero tiene que ser viable técnicamente y que físicamente y financieramente sea posible. Así que no fue sino hasta hace relativamente poco que se finalizó el storyboard y que se compartió a todo el equipo, tanto en Francia como en Colombia.

Usted es ingeniero de geofísica y músico, ¿cómo llegó entonces al mapping?

Siempre me interesó mucho la creación de espectáculos en general, sobre todo aquellos, como el teatro, en los que eventualmente la tecnología permite proyectar la escenografía sin tener que cambiar físicamente la decoración. Eso fue un gran avance que se dio gracias al mapping y que siempre me dio mucho gusto. Ya luego lo que me interesó, más allá de las funciones con escenografías cambiantes, fue la posibilidad de crear shows en los cuales esa parte multimedia, esa proyección, fuera el corazón mismo del espectáculo. Lo único es que me tocó esperar un poco para que fuera posible, porque hasta 2005 los equipos de proyección todavía no contaban con la potencia necesaria para poder hacer estos proyectos realidad, sobre todo al aire libre.

Sus espectáculos son inherentemente efímeros. ¿Cómo es su relación con esa temporalidad?

Hay una gran dicotomía entre el tiempo de preparación y el del show en sí. Muchas veces se encuentra uno con varios meses de organización para un espectáculo que va a ocurrir tan solo unas cuantas noches durante unos pocos minutos. Por ese lado es un poco frustrante y se me parece a la actuación de un atleta en los Juegos Olímpicos. Estos deportistas tienen una sola cita cada cuatro años para la cual entrenan durante meses y años y décadas. Luego llegan y los 100 metros planos (y su posibilidad de obtener una medalla, ojalá de oro) se juegan en menos de 10 segundos.

¿Cuál es su relación con los edificios sobre los cuales proyecta su intervención artística?

En el caso de Bogotá, por ejemplo, me interesó muchísimo la historia del Palacio de Justicia. Es un edificio que está en el corazón de la ciudad y de la historia de los colombianos, con su toma de rehenes, la represión severa que vino después, y el hecho de que incluso hoy alguna gente manifieste enfrente del palacio para reclamar por los desaparecidos. Creo que ese lugar es un espejo de cosas dramáticas y sangrientas, pero se verá transformado en una especie de lugar de paz con el espectáculo.

Por otro lado, siempre hago mucha investigación arquitectónica sobre los edificios porque no es fácil proyectar pulcramente sobre ellos. Los visito con mi equipo, tomamos imágenes en 3D para luego manipular las imágenes que se van a proyectar. Pero más allá de los aspectos técnicos, para mí es cuestión de comprender qué es ese lugar, qué se jugó allí, qué representa.

¿Qué tendrá de particular el espectáculo de mapping de Bogotá?

Creo que una de las fortalezas del show va a ser la amplitud, la grandeza de las imágenes. Entre el Palacio de Justicia y la catedral son aproximadamente 4.000 metros cuadrados de proyección, de imágenes, de inmersión de luz, y eso crea un impacto visual fuerte. Pero más allá del impacto visual, la gracia estará en la historia, en la narración detrás de esta puesta en escena. Eso es lo verdaderamente importantes porque sin eso no hay nada.

Es como cuando empezaron a salir los efectos especiales en las películas en 1980: la gente iba a ver la película, incluso si la historia era mala, solo por ver los efectos. Hoy la gente se maravilla menos con los efectos especiales porque conoce más, porque ya está acostumbrada, porque espera y da por sentando que esa parte de los efectos funcione sin ningún problema. Lo que hace la diferencia es el pulmón de esa puesta en escena; si la historia es fuerte, si el contenido es denso, hay una buena probabilidad de tocar el corazón de los espectadores.

¿Qué tipo de acogida espera que tenga el espectáculo?

Lo que espero es que el público colombiano se maraville con las facetas francesas que les vamos a mostrar, pero que al mismo tiempo se fascine por lo que va a redescubrir de su propio país. Lo ideal es que cada quien se haga su propia impresión del show cada vez que vaya a verlo. Digo cada vez, porque como es un espectáculo a gran escala, uno no logra ver todo la primera vez por lo que hay proyecciones en varios edificios al mismo tiempo, así que la idea es que la gente vuelva o se quede al menos a dos proyecciones para ver la historia desde todos los puntos de vista.

Habló del Palacio de Justicia como un lugar de paz en su espectáculo. ¿Llegó usted a imaginarse esta intervención artística dentro del contexto de los acuerdos de paz en Colombia?

Sí, claro. No podía no pensar al respecto. Por un lado hay generaciones que conocen todo lo que pasó antes y que dicen hoy que para construir el mañana hay que perdonar ciertas cosas del pasado, si no, no avanzaremos. Por otro lado, al mismo tiempo comprendo a la gente que dice cuidado, ustedes no se dan cuenta de todo lo que vivimos... 

Creo que globalmente todo el mundo quiere la paz, la cuestión es cómo obtenerla, y por eso el show no se queda por fuera.

El espectáculo finalizará sobre una nota de paz, con una serie de rostros anónimos, un mosaico de gente que se convierte en flores emblemáticas tanto de Francia como de Colombia. Flores porque, como la naturaleza con sus infinitas adaptaciones, se trata de servirse de los errores del pasado para construir el futuro.

*Periodista.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.