Las fachadas del Teatro San Jorge, la basílica del Voto Nacional y del edificio Camacho Matiz. Fotos: Wikicommoons

Flores para Los Mártires

La localidad más céntrica de Bogotá ha enfrentado las complejidades propias de una zona patrimonial como pocas a la par de un crecimiento urbano desmedido a partir de los años sesenta. En el Mes del Patrimonio se lanzará una estrategia para atender la crisis social y darle lustre a un lugar testigo de la vida y el pasado de la capital.

2016/08/23

Por Felipe Cammaert*

Periférica y céntrica a la vez, la localidad de Los Mártires es una zona emblemática de Bogotá cuya historia permite entender en gran medida el presente de contrastes en el que vive actualmente. Los Mártires, en la parte occidental del Centro Histórico de la capital, podría considerarse como un termómetro de las transformaciones políticas, sociales, económicas y culturales del país a lo largo de toda su existencia. De acuerdo con la división administrativa, Los Mártires, localidad 14 del Distrito Capital, ocupa un área de más de 600 hectáreas, casi todas ellas urbanizadas. Aunque en términos administrativos sus límites actuales son la avenida Caracas, al oriente; la avenida NQS, al occidente; la calle 26, al norte, y al sur la calle 1 Sur, históricamente la zona de San Victorino ha sido el corazón de este territorio.

Para el director del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, Mauricio Uribe González, Los Mártires entrañan “la memoria de quienes dieron la vida por la independencia para que seamos quienes somos. Este lugar tiene un valor simbólico y artístico indudable y justamente hace dos siglos fueron fusilados por Pablo Morillo, mentes maravillosas como las del Sabio Caldas. Para conmemorar ese hecho es que adelantaremos una intervención en todos los órdenes –seguridad, social, patrimonio, renovación– para devolverle al lugar el brillo que se merece”.

Alberto Escovar, actual director de Patrimonio del Ministerio de Cultura recuerda que desde el siglo xvi la zona fue la puerta de entrada a Bogotá. En una ciudad desprovista de un río navegable que la conectara con el resto del país, desde muy temprano se hizo necesario establecer una vía de comunicación natural con el río Magdalena. Así, lo que ahora conocemos como la calle 13 fue el principal eje de acceso a la capital desde el exterior, primero por trochas y caminos reales, y luego por el ferrocarril que venía de Honda. La plaza de San Victorino y la iglesia de La Capuchina eran, de esta forma, una especie de “puerto seco” de la ciudad, en palabras de Escovar.

El cordón umbilical de Bogotá

San Victorino ha sido el umbral tanto simbólico como real de la ciudad, una zona de tránsito en la que el comercio y los flujos migratorios van de la mano. Y es que, aún hoy en día, esta zona mantiene su esencia mercantil y dinámica, así desde hace mucho tiempo ya no se encuentre en la periferia de la ciudad. Los Mártires debe su nombre a la plaza y al obelisco situados unas calles más abajo, en la avenida Caracas entre calles 10 y 11, en lo que fue durante mucho tiempo una plaza colonial sin iglesia. En 1850 se decidió que lo que en ese entonces se conocía como La Huerta de Jaime pasaría a llamarse Plaza de Los Mártires, en honor a los próceres de la Independencia asesinados por Pablo Morillo, El Pacificador. En 1880 se terminó el monumento en el que quedaron grabados los nombres de los inmolados célebres, el cual aún subsiste a pesar de que su aspecto y localización en la plazoleta hayan sufrido cambios.

La localidad de Los Mártires abunda en verdaderos “lugares de memoria” de la historia bogotana y colombiana. En sus calles aún subsisten vestigios de la arquitectura colonial y, sobre todo, de la época republicana. En la misma plazoleta de Los Mártires, iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, más conocida como la Basílica del Voto Nacional, recuerda la consagración del país a este símbolo católico como una súplica de la sociedad de inicios del siglo xx por que terminara la Guerra de los Mil Días, según Mauricio Uribe. Cuenta la historia que el conflicto cesó cuando se inició la construcción del templo, en 1902. Desde ese momento, y hasta la conocida Sentencia de la Corte Constitucional de 1994 en que se protegió la libertad de cultos, Colombia fue legalmente el país del Sagrado Corazón de Jesús. Unos años más tarde se inauguró en el mismo espacio la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, una inmensa edificación que hoy en día alberga la Dirección de Reclutamiento del Ejercito. Unas cuadras más abajo, sobre la Plaza España, el Hospital San José aún sobrevive entre locales de comercio y ropavejeros. Sobre la calle 13, la imponente Estación de la Sabana, cuyo edificio actual fue inaugurado en 1917 reemplazando la estación que funcionaba allí desde los años 1880, es un vestigio más de la importancia estratégica de la zona de Los Mártires como entrada principal a la capital colombiana. De esta forma, durante mucho tiempo este espacio fue el verdadero cordón umbilical de Bogotá.

Transformaciones locales

Los claroscuros que hoy en día presenta esta localidad bogotana vienen, pues, de tiempo atrás. Los Mártires fue, para la historia de la capital, una especie de zona franca en el centro de la ciudad, en la cual el uso que se les dio a los inmuebles urbanos marcó indeleblemente la naturaleza del barrio. En la Plaza España, donde a principios de siglo se encontraba un busto de Cervantes, funcionó el mercado de abastos de Bogotá. Allí mismo, en los años setenta, se concentraron las actividades de transporte terrestre, tanto de pasajeros como de carga. Así, los barrios antiguamente residenciales dejaron de serlo paulatinamente, por causa de los flujos de personas y mercancías que allí se presentaban. Las casas familiares pasaron a ser inquilinatos, hogares de paso y locales de almacenamiento de mercancías. Este sentimiento de desarraigo en los bogotanos frente a esta particular zona es, probablemente, la causa de muchos de los males que aquejan a este lugar en la actualidad. Los Mártires se debate, desde siempre, entre la monumentalidad de su patrimonio y la informalidad de sus actividades comerciales. No es, pues, de extrañar, que precisamente en estas calles hayan surgido las zonas del Cartucho, Cinco Huecos o, más recientemente, el Bronx.

Otro elemento que modificó sustancialmente la estructura de Los Mártires fue la evolución de la malla vial. En los años treinta del siglo XX, la avenida Caracas se levantó sobre la vía del Ferrocarril del Norte, rompiendo en dos la historia de la zona. Años más tarde, cuando se amplió la carrera décima, el trazado de esta moderna avenida se topó con la plaza de mercado de la calle 10 con carrera 10, recuerda Alberto Escovar al mencionar los principales fenómenos urbanísticos que han moldeado esta localidad. También, durante las revueltas del 9 de abril de 1948, la zona de San Victorino funcionó como una especie de despensa de los agitadores, quienes encontraron sus armas en las muchas ferreterías y locales de mecánica de los alrededores. Hoy en día, casi 500 años después de su nacimiento, Los Mártires lleva tatuada en sus calles la historia de su agitada existencia.

Los Mártires florecen

Desde la Alcaldía de Bogotá se adelanta actualmente un plan de recuperación del espacio público, cuyo epicentro será la Plaza de los Mártires, que le da el nombre a la localidad. Por un lado, con motivo de la celebración, en 2016, del centenario de la consagración de la iglesia del Voto Nacional al Sagrado Corazón de Jesús y del bicentenario de la conmemoración de los mártires de la Independencia, se adelantarán acciones de atención a la comunidad a cargo de las entidades distritales (Secretaría de Integración Social del Distrito, Instituto Distrital de la Participación y Acción Comunal, Empresa de Renovación Urbana), así como acciones de restauración y consolidación del cuerpo de la fachada de la iglesia del Voto Nacional y la restauración del Obelisco, en cabeza del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC). Como lo dice su director, la primera fase, que consiste a nivel patrimonial en la recuperación de la fachada, será de 2.800 millones para una obra que costará 27.000 millones. “En noviembre comenzamos la restauración. Lo importante es que esto será un proyecto integral. No se trata de que solo una entidad intervenga. De la renovación urbana se encarga ERU; vamos a mejorar las condiciones de lo que hay y vamos a abrir el sector a nuevos habitantes. La movilidad además estará relacionada, pues por allí va a pasar el metro, por la Caracas. Estamos haciendo desarrollo partiendo de patrimonio, pues la historia ya está inventada”, concluye.

Durante el Mes del Patrimonio se llevará a cabo la campaña “Los Mártires florecen. Vamos a echarle flores a Los Mártires”, la cual iniciará con una jornada de recuperación, mantenimiento y mejoramiento de esta localidad. Como apuntan desde el IDPC, el propósito de esta jornada es afianzar los lazos de corresponsabilidad entre los ciudadanos y las instituciones del Distrito en la preservación y fortalecimiento de la imagen urbana del patrimonio histórico de Los Mártires.

Hace más de 150 años, con el obelisco de la Plaza de los Mártires, Bogotá se propuso recordar a sus héroes con la siguiente frase: “Dulce et decorum est pro patria mori”, en otras palabras, “morir por su patria es dulce y decoroso”. Resulta ahora imperioso que la misma ciudad que, en tiempos pasados, hizo de la localidad de Los Mártires un espacio de reafirmación de la memoria nacional, mire hacia el futuro y se comprometa definitivamente con “la resurrección de Los Mártires”, como prefiere llamar Alberto Escovar a esta iniciativa clave para el presente de la localidad.

*Literato.

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