Detalle de la portada de 'Galveias' de José Luís Peixoto

La grandeza de la tierra

'Galveias', la más reciente novela del portugués José Luís Peixoto tiene mucho de realidad y mucho de elegancia teatral.

2017/08/25

Por Jaime Arracó Montoliu

Eduardo Lago escribió después de la reciente muerte de Sam Shepard que “su misterio estribaba en su capacidad para arrancar de la realidad personajes arrastrados por la fuerza de lo legendario y situarlos en la inmediatez desgarrada del escenario”. No es gratuito recordar esas palabras para empezar a hablar de Galveias, la más reciente novela del portugués José Luís Peixoto. Este libro, que recolecta sagas familiares rurales, tiene mucho de realidad y mucho de elegancia teatral. El autor describe cabalmente una atmósfera en cada uno de los lugares donde hay personajes, y donde no los hay también. Su sensatez en la atención que requiere cada historia y la relación imprescindible que hay entre la introspección de todos los personajes hacen que su narrativa se asiente en un todo espontáneo y meditabundo. Esto sin dejar de lado la utilización de bellos e íntimos recursos lingüísticos.

Los escenarios son caminos polvorientos, corrales con perros ladradores, iglesias, casas modestas y terrenos latifundistas con construcciones de habitantes más favorecidos. El campo de hoy supone la idea de mayor libertad que la ciudad, pero al campo le pertenecemos más que a la ciudad, porque el campo habla y se relaciona con nosotros: “La tierra es más vieja que el cielo, pensaba. La tierra sabe más. En un día, el cielo muda de criterio a cada hora, parece un muchacho de culo inquieto. Ahora piensa que debe oscurecer, ahora piensa que debe clarear, no para, no está bien en ninguna parte. La tierra tiene mucha paciencia, ve esa agitación y la resuelve”.

Peixoto nació y creció en Galveias, pueblo del interior de Portugal dedicado al campo, alejado del río Tajo y del Atlántico. Uno de esos pueblos de llanuras tan presentes en la península ibérica que sobreviven al envejecimiento de los habitantes y a los nuevos paradigmas mundiales de evolucionar a la fuerza.

Esta historia empieza en enero de 1984, en un país que ya ha superado la dictadura y que no había iniciado el proceso de volverse cosmopolita, con su ingreso en la Unión Europea. Empieza también en un pueblo donde las cosas graves parecen menos graves debido a la cercanía entre todos los que lo habitan. Allí las lápidas del cementerio van aumentando, y quien enviuda pasa a limpiar la suya semanalmente.

En ese enero de hace 30 años cae un meteorito en Galveias. “Galveias y todos los planetas existían al mismo tiempo, pero mantenían sus diferencias esenciales, no se confundían: Galveias era Galveias, el resto del universo era el resto del universo”. Una vez el meteorito aterriza sobre el pueblo y el olor a azufre pringa todo a su alrededor, empieza una lluvia incesante, y poco a poco, después del desconcierto inicial, surge una especie de pérdida de identidad de los vecinos, que rápidamente olvidan la gigantesca piedra y dejan de hacerse preguntas. Con paradas en distintos puntos del pueblo y sus escondrijos, el portugués va metiéndose en la vida de los habitantes, que resisten entre rutinas, tradiciones y cábalas. La tierra de esta preciosa novela defiende la supervivencia de un pueblo que no pide nada, pero que, como todos, necesita protección. La protección para los habitantes de Galveias es la propia tierra, la que ha visto cada paso que ellos han dado y los que están por dar.

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