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Hedi: una carta de amor a Túnez

El primer largometraje del tunecino Mohamed Ben Attia, una historia de amor a primera vista, revela la tensión entre la pasión y el deber, al tiempo que hace una meditación sobre el rumbo del país africano. Llega a salas de cine el 26 de enero.

2017/01/24

Por Ana Gutiérrez - Bogotá

Al principio, lo que quería era contar la historia de un joven atrapado entre dos mundos, dos voces distintas, tratando de determinar su vida”, explicó Mohamed Ben Attia, director de la película tunecina Hedi, a la prensa del Festival de Cine de Berlín el año pasado. Recibió el premio a Mejor Ópera Prima y su actor principal, Majd Mastoura, el Oso de Plata. Pronto, sin embargo, Ben Attia vio un paralelo “obvio” entre la historia del joven y el momento político que atravesaba Túnez: “Estábamos en medio de nuestras primeras elecciones democráticas y sobre todo estábamos aprendiendo a descubrirnos a nosotros mismos. Bajo el mandato de Ben Ali [dictador del país desde 1987 hasta el 14 de enero de 2011, cuando los rebeldes lo obligaron a escapar del país] la censura política nos anestesió y eventualmente pudrió todo lo que nos rodeaba. Al igual que Hedi al principio de la película, tratábamos de vivir nuestras vidas sin hacer demasiadas preguntas”.

Esa pasividad ante las circunstancias le dio el nombre al protagonista y al largometraje: Hedi significa calma, serenidad. El personaje es un joven sin mayores pretensiones. No habla y apenas reacciona: piensa seguir el plan de vida que su familia -y la tradición- trazó para él. Su madre le está organizado el matrimonio con una joven igual de sumisa y atada por el deber, cuando, tan solo una semana antes de la boda, su jefe lo manda a un viaje para conocer clientes en la ciudad de Mahdia. Allí conoce a Rim, su opuesto: una joven libre y apasionada. Hedi entabla una relación con ella y pronto se ve obligado a tomar una decisión.

En su ópera prima, Ben Attia logra construir una obra emotiva que conecta con la audiencia: “Construí a propósito una historia de amor, de ‘amor a primera vista’ en la cual el encuentro de los amantes crea una conexión instantánea y desarma la existencia del personaje principal; es de alguna forma mi manera de entender el colapso de la juventud tunecina después de la revolución, la caída de Ben Ali y lo que el mundo llamó la ‘primavera árabe”. El cineasta no quiso tratar el tema desde las barricadas, las protestas, las armas y los héroes: “mi intención era esclarecer las vidas de estos jóvenes cinco años después, cuando todavía están tanteando el camino que van a tomar, a veces moviéndose hacia adelante, a veces hacia atrás. Quería preguntar: ¿dónde estamos? ¿En qué está nuestro país ahora?”.

La lucha con la tradición, el deber, el establecimiento y la autoridad es una cuestión central en Hedi. Cada uno de los jóvenes enfrenta la decisión entre obedecer y aceptar o librar una revolución personal. Ambas opciones traen consigo algo de dolor. Es quizás una historia universal: la lucha entre la pasión y el deber. Pero el lente de Ben Attia eleva la película al enmarcarla en la historia de Túnez. Es una meditación, una exhortación y una pregunta por ahora sin respuesta. ¿Para dónde va Hedi? ¿Para dónde va su país?

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