Junot Díaz nació en República Dominicana, en 1968. Ulf Andersen / AFP.

“Estados Unidos no significa blanco e inglés”

Las élites políticas y económicas pretenden hacer creer que el problema son “estos malditos inmigrantes”, dice Junot Díaz, el premio pulitzer 2007, y que es la hora de afrontar el hecho de que han creado un sistema económico devastador. Una visión crítica en un momento de incertidumbre ante la probable elección de Donald Trump.

2016/10/26

Por Hernán D. Caro* Boston

Espero a Junot Díaz, el escritor latino más importante de Estados Unidos, en Cambridge, cerca de Boston, en un café ubicado a medio camino entre la universidad de Harvard y el Massachusetts Institute of Technology (MIT), donde Díaz dicta Escritura Creativa. Díaz entra al lugar, se dirige directamente hacia mí y me saluda en inglés con un afable y ruidoso “¡Hey, man!”, como si nos conociéramos desde hace tiempo. De pie en la barra —hace varios años Díaz trabajó cargando mesas de billar y hoy no puede estar sentado sin que le duela la espalda—, me doy cuenta de que no sé bien en qué idioma hablar con Junot. Si le pregunto algo en español, me responde en inglés; si hablo en inglés, me responde en el mismo idioma, pero en frases atravesadas por palabras en castellano y que terminan con un “¿sabes?” o, casi a gritos: “¡No me lo vas a creer, tigre!”.

Sin embargo, un par de minutos después he comprendido cómo salta Díaz entre diferentes registros: si habla —o para ser más precisos: monologa— sobre política o literatura, suele usar un inglés docto y sofisticado. Cuando hacemos una broma o hablamos sobre nuestras familias, sale a flote su cálido y jubiloso español del Caribe. El resto del tiempo, Junot habla en un inglés informal, de visos callejeros y un tanto desvergonzado. Se trata de un juego esencial a la identidad de Díaz. Así, cuando le pregunto cómo se define como escritor, responde: “Si tengo que hacerlo, entonces como un escritor inmigrante, latino, caribeño, dominicano, dominicano-estadounidense, estadounidense; como un autor de la generación del hip hop y uno que se siente íntimamente comprometido con las luchas de la diáspora africana”. Y añade con un gesto entre solemne e irónico: “O para decirlo con Walt Whitman: soy inmenso y contengo multitudes”.

El camino que Junot Díaz ha recorrido hasta llegar al café donde charlamos, a pocos minutos de dos de las universidades más eminentes del mundo, es bastante largo: desde Santo Domingo, República Dominicana, donde nació en 1968, pasando por Parlin, un pequeño y empobrecido distrito de Nueva Jersey, al cual Díaz llegó con 6 años como uno de los cinco hijos de una familia de inmigrantes ilegales. Ya durante sus años en la escuela, Díaz descubrió su pasión por la literatura de ciencia ficción. (Su imaginario distópico y apocalíptico se hace evidente en muchas de sus opiniones políticas). Más tarde, en la Universidad de Rutgers, conoció la obra de las autoras Sandra Cisneros y Toni Morrison, que lo inspiraron a escribir, siempre en inglés, sobre su mundo híbrido.

En 1996 apareció Los boys, que reúne cuentos que examinan, a veces trágica, a veces cómicamente, la vida inmigrante estadounidense, y que usualmente son narrados por Yúnior, el alter ego de Díaz: un joven que crece en la República Dominicana en ausencia de su padre y más tarde, en Nueva Jersey, intenta desafiar la pobreza y la marginalidad. El libro le ganó a Díaz un puesto —junto a David Foster Wallace— en la lista “The Future of American Fiction”, de la revista The New Yorker. Pasarían, no obstante, once años hasta la aparición de La breve y maravillosa vida de Óscar Wao, que se convirtió en un éxito literario internacional. Es tanto una conmovedora épica de migrantes como crónica de la sanguinaria dictadura dominicana de Trujillo (1930-1961), dolorosa novela de formación, un cuadro familiar extravagante lleno de humor negro, paradigma de la literatura “spanglish” (por lo que, por paradójico que suene, habría que leerla en inglés) y el experimento de un fanático del género de fantasy y los cómics. La novela recibió, entre otros, el prestigioso premio Pulitzer y fue declarada por la BBC mejor novela del siglo XXI publicada hasta 2015. Tres años antes había aparecido un segundo volumen de cuentos, Así es como la pierdes, en el centro del cual se encuentra de nuevo Yúnior y su intento (solo parcialmente exitoso), según Díaz, de “superar su entrenamiento de macho para lograr tener relaciones amorosas duraderas”. También este libro fue recibido muy positivamente por la crítica y los lectores, y confirmó que Díaz es uno de los escritores más originales y potentes de una literatura escrita en inglés —en autores de procedencias muy diversas como la jamaiquina Edwidge Danticat, la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie o el estadounidense Teju Cole— que hace tiempo dejó de ser marginal.

En la actual campaña presidencial estadounidense, los inmigrantes latinos se encuentran como nunca antes en el ojo del huracán. ¿Qué papel tienen los latinos —también los ilegales— en Estados Unidos hoy?

La pregunta debería ser: ¿qué papel no tenemos? Creo que el señalamiento de los latinos como violadores o criminales por políticos racistas es un intento por reescribir la realidad estadounidense. Aún somos vulnerables a ese tipo de calumnias y distorsiones, pues no tenemos el poder político que nos permita contradecirlas. Pero la verdad es que desempeñamos todos los papeles. El ejército estadounidense se desmoronaría sin la latinidad; el suministro de alimentos se derrumbaría; todas las ciudades que están siendo revitalizadas por latinos harían implosión. Estados Unidos siempre ha sido una nación con elementos latinos importantes, que incorporó a su territorio colonias españolas; por algo nuestros estados se llaman Nevada, Colorado, Florida, Texas o Nuevo México. Así, tanto por la historia como la realidad actual, es falso que “Estados Unidos” signifique exclusivamente “blanco” e “inglés”. Una cosa debe ser clara: no hay un futuro en este hemisferio que sea independiente del bienestar de la comunidad latina, caribeña y de la diáspora africana.

Parecería, sin embargo, que justo eso es causa de gran preocupación y angustia para muchos estadounidenses, como lo muestra el ascenso del candidato republicano Donald Trump. ¿Cómo se puede explicar el fenómeno Trump?

Esto lo puede constatar cualquier persona, no es una teoría de conspiración: Trump no era nadie antes de empezar con sus ataques odiosos, racistas, xenófobos contra los mexicanos y la comunidad inmigrante. En un momento en que mucha gente cree que el mayor problema del planeta son los inmigrantes, y no el sistema económico, un discurso así tiene mucha fuerza…

De acuerdo, pero también muchas personas que jamás se considerarían a sí mismas racistas, que se ven como liberales, e incluso muchos latinos, se sienten atraídos por Trump. ¿Por qué?

Porque se han tragado una historia, una fantasía, que se encuentra entre las más antiguas de la historia occidental, y que ahora es también la historia de Trump. Trata acerca de una minoría blanca asediada por salvajes que les quieren robar todo lo que tienen. No importa si se trata de Rolando combatiendo a los sarracenos que brotan de la España musulmana, o de los turcos a las puertas de Viena, ¡o, maldita sea, de Gandalf el Blanco, luchando contra los orcos en la última, grandiosa ciudad libre de Gondor! Se trata de un tropo central en Occidente: somos un bastión de la civilización y afuera solo hay salvajes. La gente blanca, y no solo ella, es adicta a esta historia. Y como bien se sabe, cuesta mucho trabajo liberar a una persona de una adicción.

¿Cree que Hillary Clinton es una buena alternativa para la presidencia estadounidense?

¿Qué puedo decir? Creo que Hillary Clinton es una mejor opción que ese lunático Donald Trump. Así que en las elecciones del 8 de noviembre voy a votar por ella. Pero la pregunta por Hillary Clinton es como si uno dijera: “El diluvio se acerca. ¿Quiero un abrigo o no?”. ¡Claro que prefiero tener un abrigo! Uno quiere estar al menos un poco seco mientras trata de salvarse a sí mismo. ¡Pero lo que realmente necesitamos es un arca! Y no hay un arca... El problema con Clinton o Trump, el problema con la actual política internacional, es que los temas realmente importantes no se encuentran sobre la mesa.

¿Cuáles son esos temas?

Primero que todo hay que entender una cosa: esta sensibilidad reaccionaria, este discurso político contra los inmigrantes, es un fenómeno global. Donald Trump no es una anomalía local estadounidense, sino parte de un desarrollo que va desde el surgimiento de movimientos de derecha en Alemania, como Pegida o AfD, o el Brexit en Inglaterra, hasta la persecución y expulsión brutal de haitianos en República Dominicana. Un orden económico neoliberal, combinado con la depredación sistemática del medioambiente, ha creado un escenario casi de ciencia ficción, donde millones de personas no tienen ya lo que necesitan para sobrevivir. Ellos van a hacer cualquier cosa por encontrar un lugar seguro... O, para decirlo con otras palabras: el nivel del agua está aumentando, y solo hay unos pocos lugares que, gracias a sus privilegios económicos —los mismos que causan la subida del agua—, se encuentran en una posición elevada y están aún relativamente secos. Ahora bien, para nuestras élites políticas y económicas es mucho más fácil decir que el problema son “estos malditos inmigrantes” y elevar los puentes, en vez de enfrentarse al hecho de que hemos creado un sistema económico devastador. Es mucho más fácil acusar a las comunidades más débiles y vulnerables en vez de empezar con el trabajo absolutamente duro que el futuro exigirá de nosotros. Ok: es un modo simple de verlo. Pero digamos que los inmigrantes desaparecieran; si las cosas siguen en la dirección en la que van, ¡el planeta igual se va a morir! Como están las cosas, dado el orden económico que tenemos y nuestras ecologías, ya jamás nos encontraremos en un tiempo que no sea de crisis, a menos que derribemos aquel orden.

Ese es un panorama profundamente pesimista del futuro...

¡No lo es! Hay que alejarse de la idea de que el criticismo es algo negativo. Vivimos en una cultura determinada en exceso por la respetabilidad y la amabilidad; una cultura que tiende a ser antiintelectual y en la que cualquier crítica se considera algo pesimista. Pero no veo ninguna contradicción en tener una perspectiva crítica y, al mismo tiempo, una enorme cantidad de esperanza. Solo si uno ve, por así decirlo, que el vaso tiene una grieta, es posible repararlo, cambiar las cosas.

Eso suena muy bien, pero, francamente: ¿en verdad hay razones para el optimismo?

¿Pero cómo no? ¡Yo soy el producto de la esclavitud! ¿Qué mejor materialización de la esperanza, de lo que es posible, existe, que gente como nosotros? No deberíamos estar vivos, no deberíamos tener ningún tipo de excelencia. Tendríamos que haber sido exterminados. Y, sin embargo, la gente negra, los latinos, los migrantes, formamos parte de algunos de los colectivos más vitales y más creativos que existen. Lo interesante es que Estados Unidos ya está mucho más integrado, más mezclado, que lo que nuestra política da a entender. Y confío en que en el futuro la política refleje esa realidad que ya existe en los cuerpos. De acuerdo: aún nos encontramos en un momento en el que la gente se tiene que liberar de sus adicciones a fórmulas simplistas, nacionalistas, y hay muchísimo por hacer. Pero quizás es el inmigrante que llevo dentro: no le temo al trabajo. Nos va a costar un esfuerzo gigante, va a tomar mucho tiempo. Pero, ¿qué otra cosa tenemos aparte de eso?

*Periodista.

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