La canciller María Ángela Holguín. Crédito: Juan Barreto.

La justicia internacional no es negocio de mujeres

Al menos, en el espacio de la justicia internacional, estamos muy lejos de jugar bajo unas reglas del juego equitativas.

2016/08/23

Por Sandra Borda

¿Sabía usted que desde su establecimiento, solo el 3,7% de los magistrados de la Corte Internacional de Justicia, solo el 10,4% de los magistrados de la Corte Europea de Justicia y solo el 2,5% de los magistrados del Tribunal Internacional del Derecho del Mar han sido mujeres?

En total, solo el 17% de los miembros de las cortes internacionales son mujeres. A todas luces, las mujeres se encuentran sub-representadas en estos organismos y los responsables son tres: las mismas cortes internacionales que callan y aprueban la discriminación en su composición, los gobiernos que postulan a los funcionarios a estos cargos y las sociedades civiles a quienes no podrían importarles menos estas postulaciones.

Pero hay más: 19 de los 52 Procedimientos Especiales de la ONU no han sido jamás liderados por una mujer; en el Comité de Derechos Humanos de la ONU solo 5 de sus 18 miembros son mujeres y en el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales solo 3 de los 18 miembros son mujeres.

Hoy en día solo hay una mujer (de siete jueces) en la Corte Interamericana de Derechos Humanos. De los 15 presidentes que ha tenido esta Corte, solo una vez se le ha otorgado esta responsabilidad a una mujer. Finalmente, pero creo que para sorpresa de pocos, el gobierno colombiano jamás ha postulado a una mujer para ser jueza de la CIDH.

Por eso, cuando algunas mujeres sugieren que ya estamos en condiciones de llegar a estos cargos sin que entre a operar la paridad o un régimen de cuotas, están juzgando a partir de su propia condición y no a partir de la estadística. Al menos, en el espacio de la justicia internacional, estamos muy lejos de jugar bajo unas reglas del juego equitativas. Así como dije hace un mes que en los programas de opinión es ingenuo pensar que la presencia de una sola mujer basta para “representar al género”, hoy vuelvo a construir el argumento: una corte no es mejor porque tenga una mujer que “nos represente a todas”. Empezar a andar el camino hacia la paridad es una tarea que no se puede postergar más.

Las facultades de Derecho están llenas de estudiantes, profesoras e investigadoras con el más alto nivel de formación para ocupar y para desempeñar estos cargos. Ya nadie puede argüir que no hay mujeres preparadas para asumir estas responsabilidades. Eso es cosa del pasado y es un cuento que ya nadie se come. Cualquiera que haya estado aunque sea un rato en una universidad colombiana se da cuenta inmediatamente de que eso es un mito.

Una justicia sin mujeres es una justicia coja. No se puede usar la justicia para evitar y castigar la discriminación y para promover la igualdad cuando los Estados miembros de estos organismos que juzgan a nivel internacional discriminan a la hora de nominar a sus miembros y previenen que haya igualdad en materia de oportunidades. La autoridad moral y la legitimidad se construyen en casa y hasta ahora los tribunales internacionales se están rajando en lo que a la promoción de estos principios concierne.

El problema es que los Estados no cuentan con mecanismos transparentes para nominar a estos candidatos y ello hace que no se sientan obligados a no discriminar. Adicionalmente, los tribunales internacionales tampoco cuentan con criterios y reglas del juego que permitan garantizar la igualdad. Por eso, urge ponerle cuidado a una iniciativa que se está haciendo más y más sólida alrededor del mundo: GQUAL o la Campaña por la Paridad de Género en la Representación Internacional está intentando cambiar la foto de la composición de estos organismos internacionales. Si Colombia, a través de nuestra canciller, se sumara a este esfuerzo que ya han suscrito otros gobiernos del mundo, podríamos estar ahora sí, empezando a hablar en serio sobre nuestro compromiso como nación con la igualdad de género.

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