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“La fealdad es un error de sintaxis”

A sus 76 años, el escritor y filósofo italiano es casi una leyenda viviente: autor de best sellers como El nombre de la rosa, estudioso de las culturas contemporáneas y al mismo tiempo amante de los clásicos, Eco concedió esta única entrevista sobre la belleza y la fealdad, a Catalina Gómez, en exclusiva para Arcadia, durante el reciente Hay Festival en Granada, España.

2010/03/15

Por Catalina Gómez

Lo encontré mientras caminaba despacio hacia a la puerta del Parador de la Alambra, en Granada, para ver si aún estaba por allí. Llegaba tarde, cinco minutos tarde. La cantidad de buses turísticos que transitan por la Alhambra eran los culpables, le expliqué. “Acá está, pues vamos”, dijo con un tono de maestro condescendiente y cariñoso mientras que con la mano en la que sostenía el puro apagado, que no abandonó en toda la entrevista, hizo un gesto para que lo siguiera hasta el patio central de este antiguo Palacete convertido en hotel de cinco estrellas.

Desde que aceptó la invitación para participar en la primera versión del Hay Festival de Granada, Umberto Eco advirtió que no daría entrevistas, solo una rueda de prensa general. Y lo había cumplido a pesar de que hasta último momento decenas de periodistas llegados de varios países de Europa seguían insistiendo. Es uno de los intelectuales europeos de mayor importancia por lo que nadie desaprovecha la oportunidad para hacerlo opinar de lo divino y lo humano. Así que tener la oportunidad de conversar con él en ese momento era todo un lujo. Casi un milagro que tiene nombre: Daniel Mordzinski. Los escritores mismos lo dicen, Daniel lo consigue todo.

Eco había posado para Mordzinski el día anterior en su habitación del Parador a propósito de un libro sobre escritores en cuartos de hotel que prepara este fotógrafo argentino radicado en París. Daniel, que no deja nada por preguntar, le habló del interés de Arcadia por entrevistarlo y agregó que la periodista vivía en Teherán. Aceptó de inmediato, luego entenderíamos una de las razones: en la inmensa biblioteca de su casa de Milán no tiene ninguno de sus libros traducidos al persa porque las editoriales en Irán no pagan derechos de autor y nunca sostienen relaciones con los escritores. Sus deseos serán ordenes.

“No sabía que en Colombia leían mis columnas, en el periódico en Italia nunca me dicen en qué países me las publican. A Colombia fui hace unos años, a Cartagena, allá estuve con Gabo”, dice mientras indica dónde sentarme y él se dirige al bar: “Póngame un malta doble con tres cubos de hielo, por favor”. Es de los pocos placeres que le permiten en estos tiempos. Nada de comidas con altas dosis de grasa ni de sal, lo que es un gran sacrificio para un gordo gourmet, gocetas, buen conversador y jubilado de 76 años como él, a quien si le pusieran una sotana se convertiría de inmediato en un monje entrañable de El nombre de la rosa. “Acabo de publicar dos libros: Sobre la fealdad y Decir casi lo mismo que tiene 600 páginas, les importaría dejarme tiempo para que me ocupe de cosas como el sexo”, había dicho en la rueda de prensa cuando le preguntaron qué escribía actualmente.

“¿Usted ha oído hablar de los tiempos muertos? Pues en esos dos minutos que tarda en llegar el ascensor yo trabajo”, dijo al hablar sobre cómo lograba ser tan productivo. La verdad no había que preguntarle mucho esa tarde. Estaba radiante y con razón. Su conferencia de la noche anterior había sido un éxito, el público lo había aclamado como a una estrella de rock, Granada estaba preciosa, totalmente florecida y hacía buen tiempo. Más que buenas razones para que él no parara de hablar, de hacer gestos, de reírse... “Al libro Sobre la belleza le hubiéramos podido poner adentro la guía de teléfono y se hubiera vendido. No hay un concepto más seductor que ese. Mentiras, solo hay uno: la fealdad”, dijo antes de empezar en su español italianizado a pesar de que advirtió que lo haría en inglés.

Piensa entonces que fue más excitante hacer la historia de la fealdad...

Sí. Todas las novelas de este mundo, todos los dramas de este mundo que se han escrito, después de la tragedia clásica, no tratan sobre personas que viven felices, sin problemas. Pero sí de homicidios, parricidios, tragedias, adulterios, masacres, etcétera. Eso significa que el bien no permite muchas variaciones. El bien en su circunstancia más desarrollada tiene la contemplación de Dios, pero no se puede hablar mucho de la contemplación de Dios, es siempre la misma. Dante, que ha sido uno de los pocos que ha tenido la valentía de escribir la visión de Dios, no fue capaz de hacerlo en más de 15 versos. No era posible decir nada más. Hay ciertas novelas que hablan de una vida tranquila, pacífica, feliz en la naturaleza, pero son muy pocas. Esto confirma que lo hermoso tiene límites. Un ser humano hermoso no puede ser más bajo que un metro veinte y mas alto que dos metros, de lo contrario no es hermoso, es un enano o un gigante. Al contrario, el feo es infinito.

Usted dice también que la belleza es politeísta, que hay muchos estándares reconocidos de belleza…

Cierto. Yo suelo dar tres ejemplos de lo que puede ser la belleza de una mujer, muy diferentes uno del otro. Pero entre ellas hay una analogía fundamental, no pueden ser de un tamaño exagerado, no pueden ser demasiado pequeñas. Así que hay límites que están probablemente fundados sobre la estructura de nuestro cerebro.

¿Es decir que los cánones de belleza están calcados en nuestra memoria?

Creo que están fundados sobre límites biológicos, probablemente. Un gato no puede ser muy grande porque sería un tigre, o muy pequeño porque ya no sería un gato. Hay una categoría estética de la antigüedad, de la Edad Media, en la que la belleza requiere proporciones, claridad y también integridad. ¿Qué significa integridad? Que un ser tiene que tener todo lo que su especie requiere para poder pertenecer a ella. Los filósofos de la Edad Media decían que un hombre sin un brazo o sin un ojo es feo. Porque no tiene todo lo que se necesita para ser un hombre, según la ley de la especie. Un hombre con tres piernas es feo, si tiene una pierna, también es feo. Esa noción de integridad que parece tan banal, filosóficamente es muy interesante. Esta es la fundación biológica del juicio de hermosura, de belleza. Eso significa que tenemos una visión instintiva de las especies. Hay una regla biológica.

¿Y todo lo que no cumpla esa regla es feo? ¿Es lo que usted ha llamado la fealdad formal?

El feo es la violación de esta regla biológica y una regla puede ser violada de diez mil maneras diferentes. ¿Podía usted pensar antes de la existencia de Hitler en algo tan extremadamente malo como Auschwitz? No, la humanidad vivió muchas masacres terribles en el pasado, pero ninguna como esta. Pero mañana se puede dar una masacre más terrible que esta. Así que los límites siempre se pueden violar. La fealdad es un error de sintaxis, por eso es infinita.

Pero los modelos de belleza cambian y lo que se creía antes feo puede ser hermoso para otros. Incluso lo que es feo para una cultura es hermoso para otra…

La belleza es relativa a todas las épocas. El hecho de que haya reglas biológicas no niega que se pueda hacer algo interesante a través de la violación de estas reglas. Cosas que son desagradables para unos, no lo son para otros, pero la manera de demostrarlo es siempre la misma. He dicho que tenemos una visión más o menos biológica de la mujer, pero las mujeres de las pinturas de Picasso son lo contrario de lo que nosotros pensamos. Esta es una dialéctica entre lo que tenemos como regla general en la cabeza y lo que el pintor hace, que provoca la tensión estética de la novedad.

Actualmente alguien puede considerar que un hombre sin un ojo, o lleno de aretes en el cuerpo es hermoso. La fealdad artística a la que usted se refiere como otra categoría de fealdad.

No, es considerado un objeto interesante mas no hermoso. Nadie dice que lo interesante es necesariamente hermoso. Hay culturas en lo que lo feo llega a hacer interesante.

En mi Historia de la fealdad, a propósito del romanticismo, hay una parte en el que Victor Hugo dice que en aquella época la verdadera hermosura era “lo interesante”, y a partir de lo interesante lo feo. En “El hombre que ríe” hay un personaje llamado Gwynplaine. Es un hombre a quien torturan hasta transformarlo en una especie de monstruo, y que luego es utilizado para hacer espectáculo. Por otro lado, está Lady Josiana, una gran aristócrata, hermosísima, bellísima, viciosísima, que se enamora de él porque es feo. Su corrupción es tal que solo puede enamorarse de lo más feo del mundo. Entonces se puede ver que desde el Romanticismo, a través de la vanguardia, hay una nueva apreciación del feo en tanto interesante. No es que el feo se vuelva hermoso. Lo que pasa es que nosotros estamos tan acostumbrados a identificar el gozo estético con la hermosura que decimos que el feo es hermoso. No. El feo es interesante y llega a ser el sujeto fundamental del arte. Eso quiere decir que el hermoso artístico es otra cosa. Hay una bella representación del feo.

Entonces, Lady Josiana estaba enamorada del ‘hombre que ríe’ porque en su corrupción a ella le gustaba el feo, pero en la representación artística de Hugo se hace una hermosa representación del feo. Eso quiere decir que nosotros no estamos como Lady Josiana, nosotros estamos en otra situación. Nosotros admiramos la hermosa representación de la fealdad del personaje, que es diferente a la corrupción de Lady Josiana que solo amaba lo feo. Esto es muy complicado.

Pero hoy en día se considera hermosa de alguna manera la flacura extrema, por ejemplo, que podría tomarse como una forma de corrupción de las personas que la disfrutan.

La historia de la anorexia no tiene nada que ver con lo estético sino que tiene que ver con el hecho de que en cierto momento el modelo de hermosura estaba relacionado con las modelos muy flacas, pero que lo eran en una medida razonable. Y para volverse tan flacas como estas modelos hubo un montón de niñas que empezaron a ser anoréxicas. Pero la anorexia es una enfermedad de la mente. El problema es que la mujer anoréxica nunca llega a ser tan linda como la modelo de la pasarela, sino peor. Es como si el modelo de hermosura fuera la Venus de Rembrandt y para ser como ella las mujeres empezaran a comer y a comer. Esto no tiene nada que ver con el modelo de hermosura, eso es bulimia.

Usted hablaba de las proporciones en la belleza. Pero esas proporciones ya no existen, están desvirtuadas...

¿Quién dice que lo que es presentado hoy por las artes o la publicidad es un modelo de hermosura? Es un modelo de lo interesante, no de hermosura. Cuando ciertos artistas que hacen performance se cortan el dedo o el pene, para mí, eso no tiene nada que ver con la hermosura. Tiene que ver con una excitación particular, la provocación, lo interesante. Simplemente se puede decir que el arte contemporáneo ha abandonado el ideal de la hermosura.

¿El ideal de la hermosura ha perdido importancia?

En el arte contemporáneo sí, pero no en el diseño industrial. Si una persona quiere comprar un auto, un factor determinante a la hora de escogerlo es que sea hermoso. Lo mismo pasa si quiere comprar una corbata, una lámpara o un vaso. Simplemente la hermosura no tiene nada que ver con el arte. ¿Estamos de acuerdo?

¿Eso quiere decir que el arte perdió esa necesidad de ser hermoso?

Yo sugiero dos respuestas. No digo que esté convencido de ellas, pero son las respuestas que creo posibles. La primera es que el verdadero arte de nuestro tiempo esta en la fabricación de un vaso, de una cámara, de un teléfono. Pero es un acto que no tiene que ver con el arte como actividad artística, es un hecho comercial, de curiosidad. La segunda es que la identidad entre arte y hermosura no es una idea tan antigua. Es una idea moderna. En la antigüedad había un problema de la hermosura: estaba la hermosura espiritual, la hermosura de la naturaleza, la hermosura del cuerpo humano.

El arte estaba en otra cosa. Los griegos, los romanos, los de la Edad Media incluían bajo el término de arte a la peluquería, a la fabricación de barcos… Todas las técnicas. Lo que nosotros llamamos técnica, hacía parte del arte para ellos. En este sentido no había identificación total entre arte y hermosura. Esta identificación es muy moderna, llegó después del Renacimiento, y puede ser que la historia haya dado la vuelta de nuevo y estemos en un nuevo divorcio entre el arte y la hermosura. ¿Por qué no? O entre cierto arte y cierta hermosura. Yo escribo novelas pero tengo la idea de que tiene que ser algo hermoso. Pero el tipo que se corta el pene no creo que quiera hacer algo hermoso, quiere hacer algo provocativo, violento. Tiene que ver algo más con la ética que la estética.

Pero puede haber personas que encuentren hermosura en ese performance en que el hombre se corta el pene...

El hecho está en que el tipo de arte que no tiene hermosura, los performances, por ejemplo, le interesa a una porción muy pequeña de la humanidad. Los otros se interesan en el vaso, la cámara, la corbata. Así que esta puede ser una actitud muy esnob y aristocrática de los intelectuales. Puede ser que en dos siglos el máximo ejemplo de arte contemporáneo sea un computador personal o un Mercedes. ¿Quién nos dice que en dos siglos el modelo de arte será el performance y no el Mercedes?

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