La madre Laura (sentada) con las hermanas Santos Ángeles, Santo Rosario y Asunción en1920. Esta foto hace parte del archivo fotográfico de las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Sena.

La autobiografía de la madre Laura

Esta es la historia de cómo una editora y un grupo de investigación se encontraron con aquello que fue omitido y modificado en seis ediciones de la carta incómoda que la santa colombiana le escribió a su confesor.

2017/12/12

Por Nancy López Peña* Bogotá

Desde tiempos remotos las palabras de las mujeres han sido objeto de un sistemático silenciamiento. Las razones son diversas, pero creo que el miedo está entre las principales. ¿Por qué? La mujer sabe bien cómo develar el corazón propio y el ajeno, cómo correr los velos, cómo echar sal en las heridas y mostrar lo que se pretende ocultar o ignorar. Me dirán que los hombres también. Es cierto. La diferencia radica en que históricamente son los hombres los que han estado en el poder, en el lugar de la palabra y en el de la ley.

Esta es la historia de cómo me encontré con lo que fue acallado durante seis ediciones del texto que se conoce como Autobiografía de la madre Laura, de lo que significó encontrar esa pieza remota y del trabajo editorial para que viera la luz y así los lectores pudieran leer esa hermosa carta de la santa a su confesor.

La madre Laura escribió su texto autobiográfico entre 1925 y 1933. Lo hizo durante sus estancias en diferentes ciudades de Colombia y Europa, mientras luchaba por ese sueño que ella llamó “su llaga”, es decir, los indígenas, a quienes reconoció marginados, vulnerados, explotados, algo que lamentablemente no ha cambiado mucho.

Ella fue una mujer intrépida, valiente, decidida; una mujer del tipo de fe que se traduce en acciones concretas. Salió de Medellín en 1914 junto con otras “locas”, como ella las llamaba, a emprender una labor misionera en Dabeiba, Antioquia. Luego, su presencia misionera se extendió por otras zonas del país. En 1925 comenzó a escribir su relato más extenso: una carta de 1000 folios a su confesor, el sacerdote eudista Esteban LeDoussal.

Este tipo de texto se inscribe en el género de la autobiografía, pero tiene la particularidad de que es escrito por mandato. Dicha práctica data desde el siglo XVI: las mujeres letradas que estaban en los conventos eran supervisadas por sus confesores mediante este tipo de escritura. Sus memorias eran revisadas por sus confesores, a fin de determinar si las experiencias espirituales que relataban provenían de Dios o no.

La obra más representativa de este género fue el Libro de la Vida de Santa Teresa de Jesús, escrito entre 1562 y 1565. De modo que, más de 300 años después, nos encontramos a una mujer-monja-escritora ante el mismo reto de escribir sus memorias para el confesor.

Por lo anterior, los lectores encontrarán que en su carta, y en repetidas ocasiones, la madre Laura autoriza –pide, casi– la intervención del confesor para que corrija, omita o agregue lo que él considerara conveniente. Sin embargo, LeDoussal no lo hizo. Es más: en la correspondencia que mantuvo con la santa se evidencia un tono de reconocimiento y afecto relacionados con los motivos que expresa la madre sobre la petición de su confesor: que quedara la memoria de la obra de Dios en su vida y en la congregación.

Ahora bien, aunque el primer destinatario de esta carta no realizó modificaciones, sí las hizo el primer editor, el padre Carlos Mesa. En la presentación de la primera edición de Autobiografía, en 1971, el padre Mesa explica que realizó una serie de intervenciones para facilitar la lectura de la obra y también por prudencia, debido a que aún vivían “eminentes personajes” que fueron en su momento enemigos de la obra misionera y de la fundadora. Lo que en términos del primer editor fueron “algunas modificaciones” realmente es otra cosa: son intervenciones arbitrarias y, en algunos casos, mutilaciones del texto original de la madre.

El equipo de investigadores del Grupo de Estudios Literarios (GEL), de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia, se encontró con una realidad bien distinta. Con el aval de las directivas de las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Sena, trabajamos directamente con el texto original escrito por la fundadora. Hallamos una larga carta sin subtítulos ni divisiones capitulares, escrita durante nueve años por la madre Laura, a mano y a máquina, en distintos tipos de papel. Escribía entre las prisas de su vida misionera y en condiciones precarias, de modo que su texto refleja esos vaivenes en la calidad del papel y en los medios a los que tenía acceso.

La carta fue enviada en varios legajos a su confesor, en los que le cuenta con detalle las experiencias de su infancia, la difícil situación familiar que derivó de la muerte de su padre en la guerra civil de 1876, su vida como estudiante normalista, sus años como maestra, sus intentos fallidos por ayudar a los indígenas, sus viajes misioneros, la oposición que enfrentó durante su vida, la murmuración y persecución de las que fue víctima por “su llaga”, la erección canónica de la congregación, su viaje a Roma para entrevistarse con el Papa, entre otras tantas experiencias.

Durante el proceso de cotejo de las diferentes ediciones publicadas de la Autobiografía, constatamos que el texto original de la madre Laura había sufrido modificaciones considerables: le añadieron división de capítulos y subtítulos, movieron de lugar oraciones, párrafos y páginas enteras para hacerlas coincidir temáticamente y omitieron palabras, frases, párrafos y páginas consecutivas que, al sumarlos, dan como resultado más de 150 páginas; además añadieron información tomada de otros textos de la santa. Esto, a todas luces, altera sustancialmente la estructura, el tono y el contenido de la carta que la madre dirigió al padre LeDoussal.

Ahora bien, la inclusión de capítulos y subtítulos varía en las diferentes ediciones, al igual que la ubicación de diversos pasajes. En cuanto a las adiciones, corresponden a textos que se toman de la Historia de la congregación o de la Circular 11, escritos por la madre Laura, sin que se especifique de dónde se toman: se incluyen y se modifican para que parezcan parte integral del relato original.

¿Y las omisiones? Exceden cualquier cosa que hubiéramos visto en la historia de Ediciones Críticas realizadas por distintos miembros del grupo de investigación. En ocasiones son sutiles y pequeñas, se elimina “enemigos”, cuando la madre se refiere a los carmelitas de su momento, o “idiota” en un par de ocasiones, en que se refiere a ella misma; a veces las omisiones son de frases en las que la autora expresa opiniones fuertes sobre algunos miembros del clero; pero las supresiones que se hacen de forma sistemática y que corresponden a párrafos y páginas completas de su texto original son aquellas en las que se refiere a conflictos familiares, a experiencias personales en que se muestra su fragilidad, su humanidad y a los detalles de las persecuciones que sufrió a manos de monseñor Builes, de los carmelitas y de otras personas de renombre en su época. Así las cosas, nos encontramos con un texto que fue objeto de intervención editorial con fines ideológicos, religiosos y hasta políticos.

Ante semejante panorama, el proceso de investigación y edición fue arduo. Revisamos y transcribimos el texto original de la autora, cotejamos el material pretextual y textual, identificamos los pasajes que fueron añadidos, realizamos actualización ortográfica, todo esto para que los lectores pudieran conocer de primera mano el texto original escrito por la madre Laura, restituido de todas las modificaciones que ha sufrido a lo largo de su historia editorial. Por lo tanto, no hablamos de la séptima edición de la Autobiografía, sino de la primera edición completa de Historia de las misericordias de Dios en un alma, único nombre que le dio la autora a esta particular carta.

La lectura y edición de esta Historia significó todo un reto, sin embargo, el mayor significado fue el encuentro íntimo con el relato de una mujer maravillosa, adelantada a su tiempo, visionaria, dispuesta a entregarlo todo y a enfrentar lo que fuera necesario para sacar avante su sueño, que ella reconocía como el de Dios. Leer su historia significó el descubrimiento de una mujer profunda, mística, autoexigente, quien, con un lenguaje sencillo, rico en imágenes y con ciertas expresiones de un fino humor negro, narra su vida y sus pensamientos. Como apunta la presentación de la edición: “Esta obra trasciende el ámbito de la fe y es mucho más que el relato autobiográfico de la primera santa colombiana: es un texto literario en el que su autora conjuga de manera magistral sus experiencias vitales, espirituales, familiares y vocacionales con reflexiones profundas sobre el sentido de la vida, la presencia de Dios entre los hombres, el servicio a los demás, el lugar de la mujer en la sociedad, entre otros asuntos”.

La Historia de las misericordias de Dios en un alma es una ventana abierta al alma de la primera santa colombiana, a través de la cual se puede ver a la mujer que se hizo santa en el transcurso de su vida. Es una obra que conmueve, inspira, pero también cuestiona: una obra que no deja indiferente a quien la lea.

El equipo de investigación estuvo conformado por la hermana Carmen Sofía Camacho, encargada del archivo de la congregación, con la asesoría de las hermanas Ayda Orobio y Lía Zuluaga, de la congregación de Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Sena; por la Universidad de Antioquia; el hermeneuta Juan Julián Alzate y los filólogos hispanistas Juan Esteban Hincapié y David Mejía Solanilla, con la asesoría de los doctores Edwin Carvajal Córdoba y María Eugenia Osorio. La edición fue realizada por Nancy López Peña con el apoyo del equipo del sello editorial de la Pontificia Universidad Javeriana.

*Candidata a doctora en Literatura e investigadora de la Universidad de Antioquia. Editora de la obra Historia de las misericordias de Dios en un alma, de la Madre Laura.

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