Hunter S. Thompson saliendo de la corte en Aspen, Colorado, en 1990.

"Soy un esclavo natural a la pasión"

Una reseña de 'La maldición de Lono' de Hunter S. Thompson.

2017/01/24

Por Mariana Toro Náder

“Necesitaba un lugar donde afeitarme, cepillarme los dientes y, tal vez, mirarme en el espejo y preguntarme, como de costumbre, quién me devolvía la mirada”. El libro del periodista estadounidense Hunter S. Thompson, La maldición de Lono, puede englobarse en esa frase. Reconocido por ser el creador del denominado periodismo gonzo, la escritura de Thompson se caracteriza por mezclar dos roles: el de narrador protagonista con el de comentarista bajo el efecto de las drogas y el alcohol.

Meter coca. Romperse los huevos. Dejar a todos ‘flipados’. Querer darle a alguien una patada en las pelotas sin razón aparente. Patear culos. En medio de expresiones coloquiales ochenteras y de una clara distorsión de la supuestamente necesaria objetividad del periodista, Thompson no solo describe orgullosamente el consumo de estupefacientes, sino que además deja de lado el acontecimiento como tal. Precisamente, el subgénero del que fue fundador parte de él mismo como actor principal de la historia y, además, de darles total preponderancia al entorno, al ambiente, más que al hecho que debería estar cubriendo como periodista. En el libro se describe a sí mismo como "un esclavo natural a la pasión".

La maldición de Lono se desarrolla en 1980 en Hawái, luego de que una revista deportiva sin mayor reconocimiento le propusiera cubrir la maratón de Honolulu con todos los gastos pagos y un salario imposible de rechazar. Thompson aceptó de mala gana y decidió invitar a su amigo Ralph Steadman, un conocido dibujante inglés, para que lo acompañara con su familia a unas tranquilas vacaciones en el Pacífico. Entre las magistrales tormentas hawaianas de invierno y la aparente locura de los habitantes de las islas, las vacaciones se convierten en un viaje atropellado que raya en lo irreal. Como era de esperarse, el periodista, como actor protagónico, no se queda atrás. Las olas gigantes se llevan la poca cordura que le queda y se embarca en navíos al borde del naufragio, maneja automóviles deportivos a la máxima velocidad y hasta participa en la pesca de gigantes peces espada en olas de cinco metros. Todo esto entre apartes de la historia del capitán Cook, el explorador inglés que “descubrió” Hawái en 1778. Cuando el británico llegó a las islas, los polinesios lo confundieron con el dios Lono, regente de la lluvia, la música y la fertilidad, que, según la leyenda, huyó de Hawái con la promesa de algún día regresar. En medio de su ‘traba’ y de la insoportable humedad, Thompson tiene la epifanía de que él es la reencarnación de la mitológica deidad y comienza a correr como un demente por las islas gritando sin temer las consecuencias de insultar las creencias de los agresivos nativos. Las drogas y la pesadilla de no tener un día de sol lo convirtieron después de meses de sopor en Lono. Entretenido y a la vez polémico, Hunter S. Thompson deja todo, incluso su salud mental, en este libro. Tal vez cuando en 2005, cansado de su enfermedad, se pegó un tiro en la cabeza aún pensaba que “él era Lono”.

La maldición de Lono | Hunter S. Thompson | Sexto Piso| $72.700 | 208 páginas  

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