Sandra Borda.

Los medios y la estupidez

Sandra Borda discute el papel de los medios en el protagonismo político de Donald Trump

2016/05/24

Por Sandra Borda

Este gráfico de The Washington Post muestra el número de menciones de candidatos a la presidencia en Estados Unidos en las páginas web de los 14 medios de comunicación en línea más importantes de ese país, desde el 14 hasta el 23 de marzo de este año. Otros estudiosmuestran que la tendencia se repite en radio, televisión y medios impresos. No hay ningún candidato en la contienda electoral estadounidense que haya recibido más cubrimiento de los medios de comunicación, incluso en los más liberales y cercanos al Partido Demócrata, que Donald Trump.

Fuente: washingtonpost.com

A nadie le sorprendería que Fox News, a pesar de la resistencia de sectores más tradicionales y moderados del Partido Republicano, se dedique las 24 horas de los siete días de la semana a promover la candidatura de Trump. Sin embargo, The Washington Post, CBS News, el Huffington Post y hasta CNN le han dedicado a Trump más espacio en sus respectivas páginas web que el mismo Fox News. Luego todos los medios, los liberales y los conservadores, han sido sus principales aliados en su campaña a la presidencia.

Fuente: Ev Boyle, medium.com

La pregunta es obvia: ¿por qué los medios que no simpatizan ideológica y políticamente con Trump no pueden evitar semejante nivel de cubrimiento? ¿Por qué parecieran no poder evitar caer en la trampa de darle tanta visibilidad, aun sin quererlo? Creo que la respuesta yace, de alguna forma, en la infatuación que experimentan medios y periodistas con la estupidez de los políticos de turno.

Particularmente, creo que el sentimiento de superioridad moral e intelectual de los medios liberales les genera una compulsión por cubrir incesantemente cada insulto hacia las mujeres, los musulmanes, los mexicanos, etc., que Trump pronuncia a diario. La estrategia es exponer lo que ellos consideran son las enormes “debilidades” del candidato republicano y con ello, minar su imagen y dejar sobre la mesa su muy bajo nivel de presidenciabilidad.

El problema reside en el muy equivocado diagnóstico que hacen estos medios de la forma como la audiencia recibirá este tipo de mensajes. Su expectativa (la de los medios liberales) es que la audiencia se indigne ante las bestiales declaraciones de Trump. Pero resulta que lo que termina sucediendo es que son esas mismas bestialidades las que han generado un nivel de empatía con él casi visceral, empatía que lo tiene (contra cualquier pronóstico) consolidado como el candidato del partido para las elecciones de noviembre.

Lo que Trump dice no produce indignación en muchos sectores del electorado estadounidense. Al contrario, él codifica y articula muchos de los agravios que sienten pero no expresan grupos sociales que se han quedado atrás social y económicamente en el país del Norte. Estos grupos sienten que la mejor forma de satisfacer su inconformidad es culpando de sus dificultades al gobierno de Obama, a las mujeres y a las minorías raciales que ocupan más y mejores espacios laborales, a los republicanos moderados por ineptos y por cobardes. Bueno, pues Trump no tiene ningún reparo en repetir toda esta letanía en público y mientras más medios estén dispuestos a reproducir estos contenidos, en forma crítica o elogiosa, mejor para él.

Además, los titulares que produce Trump son inevitablemente seductores y venden muchísimo. Hay alrededor del mundo personas indiferentes frente a las elecciones estadounidenses que, sin embargo, se sienten atraídas por cada barbaridad que sale de la boca del político. Trump ha hecho la campaña más entretenida y eso asegura buenas ventas para los medios. El candidato ha logrado entonces producir un divorcio profundo entre la racionalidad política y la racionalidad comercial que motiva el comportamiento de los medios de comunicación. Esta estrategia a ratos parece ser la misma que siguen algunos miembros de la derecha colombiana y me da la impresión de que aquí tampoco van a poder los medios evitar caer en la trampa.

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