RevistaArcadia.com

Lo que nos dice Cataluña

Mario Jursich sobre el alarmante lenguaje en torno a la crisis catalana.

2017/12/12

Por Mario Jursich Durán

Por casualidad estuve en España durante los días de la crisis catalana y, como a todo el mundo, me tocó presenciar el malestar o el júbilo que despertaban las acciones de Puigdemont y los suyos. En taxis, tabernas, restaurantes, tiendas de discos, librerías, salas de concierto, museos, casas de amigos, estadios de fútbol, tascas y quién sabe cuántos lugares más, asistí a improvisados y a menudo coléricos debates sobre la legalidad, pertinencia o rectitud del llamado “procés”.

Mientras escuchaba los argumentos de partidarios y detractores, no dejaba de preguntarme insistentemente qué hubiera pensado George Orwell de tanto estruendo y ruido. La pregunta, claro está, es incontestable: no solo porque resulta imposible saber lo que piensan los muertos, sino porque la España republicana que conoció el ensayista inglés en 1936 difiere en casi todo de la España monárquica y parlamentaria de 2017.

Aun así, tal vez no sea una extralimitación conjeturar, apoyados en su Homenaje a Cataluña y en ensayos menos publicitados como “Destapando el pastel español” (1937), cuáles hubieran sido sus reacciones ante lo ocurrido en el pasado mes de octubre.

De entrada, se me ocurre que, fiel a su método de examinar la propia causa antes que a los bandos rivales, Orwell habría dirigido su atención a lo dicho y hecho por la coalición independentista, relegando a un segundo plano lo dicho y hecho por el PP, Ciudadanos o el Partido Socialista. En otras palabras: se habría fijado más en los actos y declaraciones de la “izquierda” que en los actos y declaraciones de la “derecha” (los “protofascistas”, si queremos seguir con el vocabulario de la guerra civil española.)

Ese movimiento, por sí solo, le habría significado una infinidad de amarguras. Orwell habría descubierto enseguida que el uso corrupto del lenguaje y la manipulación de la realidad, tan comunes en los simpatizantes estalinistas de su época, se han convertido en el signo distintivo de los portavoces de la izquierda catalana.

De los muchos ejemplos que podrían aducirse, el que más viene a cuento es la insistente comparación del diferendo entre Barcelona y Madrid con la ocupación israelí de Palestina. Nadie honesto negará que la Guardia Civil cometió un número importante de desaguisados durante el plebiscito ilegal del 1 de octubre. Sin embargo, de ahí no se sigue que la Ciudad Condal vive ahora mismo un estado permanente de brutalidad policial, hostigamiento a la población y arrestos arbitrarios, como si de golpe hubiéramos regresado a los peores momentos del franquismo. Esa descripción es tan manifiestamente falsa que Carles Vallejo, el presidente de la Asociación Catalana de Ex Presos Políticos del Franquismo, se sintió moralmente obligado a decir que no había “ninguna similitud” entre lo que pasaba en los años setenta, cuando él fue detenido por el régimen, y lo que sucede en la actualidad en Cataluña.

(Con su habitual chulería, un connotado miembro de Podemos declaró en broma que el sistema penitenciario español le recordaba a las cárceles turcas de Expreso de medianoche, la película de Alan Parker. Lo irrisorio de la comparación salta a la vista cuando uno lee que a Jordi Sánchez, uno de los consellers arrestados, le permitieron cambiarse de celda porque… ¡su compañero fumaba!)

A mí en particular estas mentiras, lo mismo que la insistencia en optar por un Estado nacional justo cuando se imponen los Estados transnacionales, no me han llamado tanto la atención como el argumento, repetido en todas las conversaciones a las que pude asistir, de que “España nos explota” (con su habitual melodramatismo, Oriol Junqueras describe esa querella como “el expolio español sufrido por Cataluña durante 26 años”).

Aquí no interesa entrar en el debate de si los catalanes aportan mucho o poco al conjunto de la nación española —a los interesados en el tema les recomiendo consultar un libro cuidado y preciso, Las cuentas y los cuentos de la independencia, de Joseph Borrel y Joan Llorach—; bastante más significativo me parece señalar, como sin duda también habría hecho Orwell, que al oponerse a la redistribución de la riqueza la izquierda catalana se opone simultáneamente a uno de los conceptos bandera del socialismo y a uno de los pilares filosóficos de la Unión Europea.

Desde que fuera formulado en 1946, eso que llamamos “Estado de bienestar” tiene como principal sustento doctrinario el que los más ricos ayuden a los más pobres. Por eso, no es extraño que en Bruselas sean tan tajantes con los intentos separatistas: la idea de que una región próspera reclame una mejor distribución de la riqueza para no financiar a otras más desfavorecidas resulta impresentable a los ojos de un contribuyente alemán, sueco, francés e incluso italiano (conviene anotar que, para desgracia de todos nosotros, los independentistas catalanes no son los únicos en fomentar estos delirios: intelectuales como Boaventura de Sousa Santos y políticos como Gustavo Petro también los apoyan.)

Ignoro cuál será el resultado de las elecciones autonómicas del próximo 21 de diciembre. Pero sea cual sea, lo que nos dice Cataluña es que la izquierda, no solo la catalana, tiene (urgentemente) que cambiar de vocabulario y repensar sus objetivos.

Este contenido hace parte de la edición impresa. Para leerlo, debe iniciar sesión:

Les informamos a todos nuestros lectores que el contenido de nuestra revista impresa en nuestro sitio web será exclusivo para suscriptores.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción por favor ingrese la siguiente información:

No tiene suscripción. ¡Adquierala ya!

Si usted tiene algún inconveniente por favor comuniquese con nosotros en Bogotá al 7421340 o a la línea nacional gratuita 018000-911100 (Lunes a Viernes de 7:00 am a 8:00 pm, Sábados de 09:00 am a 12:00 m).

Su código de suscripción no se encuentra activo para esta publicación