Foto Robyn Beck / AFP.

Medios y polarización: Escogiendo bandos

"El círculo vicioso parece imposible de superar: los medios se sienten amenazados y se atrincheran cada vez más en sus preferencias políticas y cuanto más se atrincheran, más se partidizan y más se polarizan, la audiencia les cree menos." Sandra Borda ahonda en los efectos de la presidencia de Trump.

2017/03/24

Por Sandra Borda

En varias ocasiones en esta columna he insistido en la necesidad de que periodistas y analistas en medios de comunicación pongan sus cartas sobre la mesa y hagan explícitas sus preferencias políticas, si las tienen. Esto simplemente para que la audiencia tenga al menos una noción del tipo de sesgos que pueden estar “contaminando” la transmisión de la información y la construcción de los análisis. En otras palabras, si hay partidismos o militancias por parte de periodistas y analistas, en vez de ver la cosa como pecado y convertirla en tabú, es mejor hacerla explícita para que el oyente, lector o televidente sepa bien con qué viene acompañado el plato informativo o analítico que le están sirviendo.

He puesto, para reforzar este argumento, el caso de los medios estadounidenses como ejemplo. Con la creciente polarización política en ese país, cada vez más y más medios se han visto en la obligación de hacer apuestas políticas explícitas. En la última elección, la adhesión de varios medios a la campaña de Hillary Clinton, medios que usualmente no apoyan abiertamente candidatos, dejó en claro que muchos entendían el triunfo de Trump como una amenaza y que se sentían en la obligación de evitarlo al costo que fuera.

Pues bien, la apuesta no funcionó, Hillary no ganó y ha llegado el momento de medir los costos que ha tenido el que la polarización partidista se haya trasladado casi invariable y automáticamente a los medios de comunicación. Y tal vez la consecuencia más difícil de afrontar de aquí en adelante va a hacer el costo en materia de credibilidad que está teniendo para los medios el haberse metido a hacer proselitismo político.

La pregunta natural que cualquier espectador puede hacerse después de la elección en Estados Unidos al ver cualquier medio liberal es la siguiente: si el medio que observo le apostó a la candidatura de Hillary Clinton sin pelos en la lengua, ¿qué me asegura que su cubrimiento del gobierno Trump va a ser al menos ecuánime?, ¿en dónde puedo encontrar garantías de que el proselitismo se acabó con la campaña y no continuará durante el gobierno convirtiendo a algunos medios en “el partido de oposición”, como lo sugiere el mismo Trump?

La duda no es una duda republicana, es una duda absolutamente legítima; es la misma duda que existió sobre Fox News cuando Obama llegó a la presidencia. Si a esto se le suma la gran habilidad de Trump de capitalizar políticamente este fenómeno y contribuir diariamente al desgaste de la credibilidad de los medios, el efecto es dramático. El círculo vicioso parece imposible de superar: los medios se sienten amenazados y se atrincheran cada vez más en sus preferencias políticas y cuanto más se atrincheran, más se partidizan y más se polarizan, la audiencia les cree menos. Ver Fox News y MSNBC es casi como asistir a la narrativa de dos universos que no podrían estar más contrapuestos; se dedican a convertirse en cajas de resonancia de plataformas políticas predeterminadas y contribuyen a segmentar audiencias, no a construir una conversación política diversa y equilibrada en donde el consumidor de noticias y análisis pueda realmente comparar puntos de vista.

Que sirva esto de lección a nuestros medios ahora que se nos acerca una campaña electoral que también promete mucho en materia de polarización política. La conversación entre partidos y políticos puede caer bien en los extremos, pero no es función de los medios acompañarlos en ese proceso. Lejos estoy de pedir una difusa imparcialidad que me suena muy a hueco cuando se trata de comunicar y analizar de verdad. Más bien, de lo que se trata es de mantener la distancia suficiente para poder registrar todos los puntos de vista y para que los medios se puedan constituir en un escenario del diálogo político que se nos avecina, y no en un contendor más en una pelea que ya parece tener el potencial de profundizar nuestras ya fuertes divisiones.

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