Libia Estrada y José Martínez, padres de Libio José Martínez Estrada, militar secuestrado hace 20 años en la toma de Patascoy (Nariño). Foto de León Darío Peláez

“No olvidemos lo acordado”

El 13 de agosto de este año se llevará a cabo el segundo Día del Perdón y la Reconciliación en Pasto. A propósito de esta celebración, es pertinente recordar cómo las regiones más sufridas son las que más hacen por la reconciliación.

2017/07/27

Por Francisco Giraldo Jaramillo* Bogotá

La guerra en Nariño ha sido larga y compleja. Según el reciente informe del Centro Nacional de Memoria HistóricaTomas y ataques guerrilleros, 1965-2013, este departamento es el tercero con mayor número de incursiones guerrilleras en los últimos 70 años. Adicionalmente, por su ubicación privilegiada en la geografía colombiana, Nariño es un territorio que ha sido utilizado en el marco del conflicto armado como un disputado corredor estratégico de cultivos de coca y de narcotráfico.

Por lo demás, este departamento ha sido escenario de duros golpes contra la fuerza pública que se han traducido en profundas heridas en el imaginario de sus habitantes. El más emblemático, la toma guerrillera de la base militar de Patascoy, aún está presente en la memoria de todos los nariñenses. En el ataque, que tuvo lugar en la madrugada del 21 de diciembre de 1997, una decena de soldados perdió la vida y dieciocho fueron secuestrados. Uno de ellos, el sargento primero Libio José Martínez Estrada, murió en cautiverio sin conocer a su hijo, y es tristemente recordado como el militar que más tiempo ha estado secuestrado.

De acuerdo con Carlos Eduardo Enríquez, secretario de Gobierno de Pasto, los habitantes de Nariño han vivido la guerra colombiana en toda su profundidad y crudeza, y es precisamente eso lo que explica que el 64,81% de los nariñenses hayan votado “Sí” en el Plebiscito del 2 de octubre del año pasado. En efecto, en Nariño, el Acuerdo de Paz entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las Farc fue entendido no solo como un protocolo de desmovilización de un grupo armado ilegal, sino como la oportunidad única de poder exigirle al Estado que cumpla su deber de reparar integralmente a las víctimas de la guerra. En otras palabras, el Acuerdo de Paz fue acogido y avalado como el necesario punto de partida en la reconstrucción del tejido social desgarrado por el conflicto y no como un punto de llegada.

Por esto, los desafíos que plantea el posacuerdo en Nariño son mayúsculos, aunque valga recordar que tanto la Gobernación como la Alcaldía de la ciudad de Pasto son de las entidades más comprometidas con el resarcimiento a las víctimas a nivel nacional. Pero no han sido pocos los obstáculos que se han tenido que enfrentar a lo largo del último año. Por un lado, el principal factor que alimenta la problemática social del departamento sigue presente: “Las cifras son alarmantes: la siembra de coca en Tumaco supera a lo sembrado en Perú y en Bolivia”, afirma Enríquez. Y por el otro, según él, no faltan dificultades económicas para reparar integralmente a las víctimas que ha dejado el conflicto armado en ese departamento. Además, Nariño ha puesto 307.475 víctimas.

Pero a pesar de las dificultades y muy consciente de ellas, el municipio de Pasto no se ha desviado del norte que se planteó desde el año pasado. En mayo de 2016 fue aprobado el Plan de Desarrollo Municipal “Pasto educado constructor de paz, 2016-2019” que, según Enríquez, está encaminado principalmente a cumplir los compromisos del Estado frente a la reparación económica y simbólica de las víctimas, contemplados en la Ley 1448 de 2011.

Es así como, el 26 de noviembre de 2016, altos funcionarios nacionales, departamentales y municipales, rindieron un homenaje póstumo al sargento primero Libio José Martínez Estrada y ofrecieron una reparación simbólica a sus familiares y a todas las víctimas del conflicto armado en Nariño. La plazoleta del Parque Bolívar lleva hoy el nombre del sargento primero Martínez, y sobre ella se erige un monumento dedicado a él y a todas las víctimas del departamento, en el que fue esculpido el rostro del militar emergiendo del mapa colombiano. En la placa se lee: “En este lugar de la memoria histórica, reconocemos en ellas y ellos su dolor y sufrimiento como también su hidalguía y lucha constante por el restablecimiento de sus derechos”.

El año pasado, también, se dio inicio a uno de los proyectos más ambiciosos de la actual administración municipal: se instauró el Día del Perdón y la Reconciliación que, desde 2016, tiene lugar el segundo domingo de agosto de cada año.

El 14 de agosto de 2016, la celebración del primer Día del Perdón y la Reconciliación se vivió como una festiva y emotiva antesala al Plebiscito que tendría lugar a las pocas semanas. Las mismas calles que en enero acogieron el Carnaval de Blancos y Negros recibieron una multitudinaria marcha de delegaciones y grupos coreográficos de más de 30 municipios del departamento, y la Plaza de Nariño reunió a cerca de 15.000 personas que le ofrecieron su perdón a la violencia de la guerra.

Para la celebración de este segundo Día del Perdón y la Reconciliación, que se dará casi un año después de la refrendación del segundo Acuerdo de Paz de La Habana, los pastusos ya no estarán expectantes y emocionados ante un acuerdo de paz por llegar, sino que se concentrarán en hacer un balance del primer año de posacuerdo en su municipio y en el departamento. La programación de eventos para esta celebración se extenderá por cuatro días, entre el jueves 10 y el domingo 13 de agosto, durante los cuales se presentará una obra de teatro creada por víctimas del conflicto, se llevarán a cabo actos de conmemoración y perdón, y tendrá lugar un foro con la participación de los ministros del Interior y de Justicia y del procurador general, entre otros funcionarios.

Así, sostiene Enríquez, el objetivo del segundo Día del Perdón y la Reconciliación es claro: no olvidar lo alcanzado el año pasado con la firma del Acuerdo de Paz entre las Farc y el gobierno. “Todos los años debemos recordar, como ciudadanos, lo difícil que fue vivir tantos años de guerra y que es mucho mejor vivir en paz y en procesos de reconciliación”, añade, y asegura que más pronto que tarde el resto del país terminará sumándose a esta iniciativa del Día del Perdón y la Reconciliación.

*Filósofo

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