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El poeta: una figura trágica

El libro 'El odio a la poesía' de Ben Lerner trata una paradoja: ser poeta y a la vez odiar la poesía.

2017/08/25

Por Jesse Tangen-Mills

"A mí también me desagrada: hay cosas más importantes que esta fruslería”, así comienza “Poesía” de Marianne Moore. Frase con la cual está de acuerdo Ben Lerner, novelista y poeta. Su libro El odio a la poesía trata esa paradoja poética: ser poeta y a la vez odiar la poesía. Se puede considerar una tradición estadounidense, el simultáneo desdén y la pasión por el verso, como lo ejemplifican, entre otros, Frank O’Hara, quien comparó la poesía con alimentar a la fuerza.

¿Pero cómo renovar una forma tan antigua sin que pierda su esencia? La respuesta a esa pregunta ha tomado varias formas en Estados Unidos. Una de las más recientes y polémicas contribuciones se titula “Poetry Slam: Or, The Decline of American Verse”.

En este ensayo, el crítico Mark Edmundson sostiene que la poesía estadounidense ya ha perdido su ambición y, por ende, su rol en el discurso nacional. Según él, la poesía estadounidense de hoy ha caído lejos del ápice del magnum opus Hojas de hierba de Walt Whitman. La poesía contemporánea ya no habla por todos.

Lerner critica astutamente a estos “nostálgicos” por ignorar que Whitman aceptó la imposibilidad de “[Ser] el poeta de los esclavos, y de los amos de los esclavos”, por no mencionar que no alcanzó un gran número de lectores hasta el fin de su vida después de redactar varias versiones para que su libro fuese más accesible.

Pero aquí es donde Lerner encuentra más profundidad sobre la imposibilidad de la poesía en sí. Quizás es más conocido como escritor por sus novelas Saliendo de la estación de Atocha y 10:04, pero se ha dedicado a la poesía desde joven. De hecho, sus primeros libros fueron de versos. Lerner narra su experiencia absurda de proclamarse un poeta hoy en día: “¿Un poeta publicado? Y cuando les dices que sí, que eres un poeta publicado, parecen al menos vagamente impresionados. ¿Por qué? No es precisamente porque ellos, o alguien que ellos conozcan, lean revistas de poesía. Y aun así, hay algo profundamente justo, creo yo, acerca de este interés instintivo hacia la publicidad. Todo el mundo puede escribir un poema. Pero ¿ha sido tu poesía la destilación de tu yo más interior, considerada auténtica e inteligible por los demás?”.

Para Lerner la duda sobre la existencia del poeta refleja nuestra ambigüedad sobre la poesía. Por un lado, la poesía debe identificarse con todos. Por el otro, la poesía tiene que ser auténtica y personal. Es imposible. El poeta fracasa antes de escribir un verso. Y concluye: “El poeta siempre es una figura trágica. El poema es siempre un récord de fallar”.

Este ensayo es una conversación sobre el rol de la poesía global de hoy, lo cual podría serle incluso útil a esta. La decisión de la editorial española Alpha Decay de publicar este libro, originalmente dirigido al público estadounidense, da pie a nuevas interpretaciones. Aunque a veces parecería que Lerner tiene que esforzarse para hablar solo de la poesía estadounidense, sin mencionar poetas influyentes como Arthur Rimbaud o Pablo Neruda.

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